Groenlandia, Irán, Venezuela: cómo se trasladan las tensiones geopolíticas al precio de la gasolina en España

Los conflictos internacionales y las decisiones de Estados Unidos siguen influyendo en el mercado del petróleo y en el comercio exterior español en un escenario de flujos globales complejos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha garantizado este viernes que su Administración hará "algo" con Groenlandia", en medio de las presiones para anexionarse el territorio autónomo de Dinamarca alegando motivos de seguridad nacional para su país. (Fuente: White House / EBS)

En un contexto internacional marcado por tensiones crecientes y decisiones políticas imprevisibles, los mercados reaccionan cada vez más ante las expectativas que ante los hechos consumados. Los conflictos abiertos o latentes en regiones estratégicas como Oriente Próximo, América Latina o el Ártico son capaces de alterar precios, flujos y estrategias empresariales sin que medie un cambio real en la oferta o la demanda física.

Cualquier mensaje, sanción o amenaza emitida por Washington se traduce en movimientos instantáneos de los precios en los parqués de todo el mundo, incluso sin que varíe la producción física de las materias o se den modificaciones reales en el volumen de comercio. Esto es especialmente frecuente en el mercado del petróleo, muy sensible a los temores sobre escaladas en conflictos geopolíticos. “Lo hemos visto muchas veces últimamente, con titulares sobre Irán, en cuestión de horas o incluso minutos”, explica Esmeralda Gómez, profesora del Máster de Economía Internacional en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

En 2025, los precios del petróleo siguieron una tendencia de descenso general: los futuros del Brent finalizaron el año con una caída cercana al 19%, la mayor desde 2020, y el crudo West Texas Intermediate (WTI) registró un descenso de casi el 20%, en gran parte por un exceso de oferta global y la moderación de la demanda. Sin embargo, las tensiones en Irán han impulsado al Brent hasta niveles cercanos a 63‑66 dólares por barril tras preocupaciones sobre la exportación iraní, mientras que el barril llegó a caer por debajo de 60 dólares tras la intervención estadounidense en Venezuela.

Volatilidad en el mercado del crudo

Según Gómez, “el Brent puede moverse con fuerza cuando cambia la probabilidad asignada a un evento. Aunque el precio en sí del barril no cambie mucho, si el entorno es hostil, el mercado paga más por protegerse de un mal resultado”. De acuerdo con la especialista, la influencia de Estados Unidos en el comercio mundial se articula en tres planos: el dominio financiero, por ser el dólar la referencia clave en contratos energéticos, el poder regulatorio para habilitar o bloquear flujos comerciales, y el control logístico-militar sobre zonas estratégicas. “Una simple decisión administrativa puede convertir barriles ‘existentes’ en barriles ‘inaccesibles’, o justo lo contrario”, sostiene Gómez. “El mercado no se pregunta solo cuánto petróleo puede sacar del subsuelo, sino algo mucho más práctico: ¿puede venderlo?, ¿a quién?, ¿con qué barcos?, ¿con qué seguros?”, añade.

Un surtidor de gasolina. (FOMENT
Un surtidor de gasolina. (FOMENT DEL TREBALL)

Para España, las consecuencias de esta volatilidad se manifiestan principalmente en la sensibilidad al precio internacional. España importó en 2023 petróleo por valor de 35.500 millones de dólares, con Estados Unidos como principal socio comercial y sin Irán ni Groenlandia como actores relevantes. De la cifra total, solo 586 millones se corresponden con importaciones desde Venezuela, según datos del Observatorio de Complejidad Económica (OCE).

El país no depende de un proveedor único, por lo que su suministro de petróleo no está en juego por un conflicto en un país concreto, pero está expuesto a la variación global de precios, especialmente en rutas críticas como el estrecho de Ormuz. En lo que respecta a Venezuela, el impacto deriva de la posibilidad de que ciertas licencias internacionales alivien tensiones de oferta. Sobre Groenlandia, la profesora apunta que su influencia es a medio y largo plazo, por la influencia en las expectativas, sobre todo, de rutas de comercio árticas en desarrollo.

Los carburantes se mantienen sin cambios

El traslado del precio del crudo a la gasolina y el diésel en España depende de una estructura de precio compuesta aproximadamente por un 40% de impuestos, un 10% de costes logísticos y un 50% restante que se corresponde con el coste de la materia prima, vinculado a la cotización internacional y al tipo de cambio euro-dólar. Por lo tanto, los movimientos del mercado y el encarecimiento de factores como el transporte afectan al coste del carburante para el consumidor, pero el componente fiscal actúa como un amortiguador que hace que las subidas o bajadas sean más suaves.

De hecho, en la segunda semana de enero de 2026, los precios de la gasolina y el diésel en España siguen una tendencia a la baja, aunque la caída se ha desacelerado. La gasolina se sitúa en 1,436 euros por litro, un 0,07% menos que la semana anterior, acumulando un descenso del 3,5% desde diciembre, mientras que llenar un depósito medio de 55 litros cuesta unos 78,98 euros, casi 6,4 euros menos que hace un año. El diésel también baja hasta 1,383 euros por litro, con un descenso acumulado de más del 5%, suponiendo 4,9 euros menos que al inicio de 2025 llenar el depósito. La mayoría de analistas no contemplan una subida pronunciada en el corto plazo, pero avisan de la importancia de mantenerse atentos al tablero mundial.

Los expertos vaticinan un escenario estable

Más allá del petróleo, la situación geopolítica afecta a diversos sectores clave del comercio exterior español, como la alimentación, la automoción, los bienes de equipo, los productos químicos y el turismo. Las decisiones que reconfiguran rutas y reglas del juego pueden modificar la competitividad y los márgenes de las empresas españolas integradas en cadenas globales, lo que potencialmente podría aumentar el precio de la cesta de la compra de los españoles.

En cuanto a los escenarios futuros, Gómez prevé como más probable la contención: “Hay ruido geopolítico elevado, pero sin interrupciones reales de producción ni cierres de rutas clave”. Sin embargo, todavía está abierta la posibilidad de una escalada bélica, que amplificaría los efectos sobre precios y logística, con consecuencias directas para empresas y consumidores.