
Los inversores españoles en renta variable disfrutaron en 2025 de uno de sus mejores años, sobre todo los que tenían en sus carteras acciones de empresas cotizadas en el Ibex 35. El selectivo español cerró el año con una revalorización del 49%, la más alta en 32 años, situándose en máximos históricos al remontar hasta los 17.307 puntos, posicionándose como uno de los índices bursátiles más rentables a nivel mundial.
Tras la escalada de la renta variable experimentada el año pasado, este arranca con tensiones geopolíticas que dificultarán la toma de decisiones de los inversores españoles. En este contexto, “la diversificación se reafirma como la mejor estrategia: evitar certezas absolutas y construir carteras variadas permite minimizar riesgos y aprovechar oportunidades”, recomienda Marta Rodríguez, socia directora comercial de Abante.
Una selección adecuada de valores vuelve a ser determinante para generar rentabilidad en las carteras. “Para 2026 mantenemos una visión positiva sobre la renta variable, pero con un enfoque claramente más selectivo”, apuntan los analistas de Renta 4 Banco. Inciden en que, en un mercado más exigente, la clave estará en elegir bien los valores y en adaptar las carteras a un entorno donde la calidad, la visibilidad de beneficios y la disciplina financiera marcarán la diferencia.
Prudencia en Bolsa
Los analistas prevén que las bolsas seguirán avanzando este año, pero con más resistencia, por lo que optan por una exposición prudente en renta variable, apostando por compañías de calidad vinculadas a sectores como el tecnológico, la salud, infraestructuras y energía, principalmente de Europa y Estados Unidos.
José Miguel Maté, consejero delegado de Tressis, vaticina que 2026 no será como 2025, cuando los mercados registraron fuertes ganancias, pero opina que tampoco el mercado “se romperá”, por lo que no se producirán “grandes decepciones”. Considera fundamental actuar con prudencia y planificación, teniendo como marco el crecimiento empresarial y económico para lograr unos rendimientos sostenibles.
Maté, al igual que Rodríguez, incide en la importancia de diversificar las carteras con inversiones en sectores como tecnología y comunicaciones, salud, infraestructuras, energía selectiva y algunas áreas relacionadas con el consumo.
Por su parte, Colin Graham, head de Robeco Multi-Asset Strategies y Equity Solutions, estima que “el éxito en 2026 requerirá comprar en las caídas de las posiciones abarrotadas y de consenso, y gestionar la merma de rentabilidad por las asignaciones menos favorecidas a coberturas defensivas e ideas basadas en las valoraciones”.
Renta fija: rentabilidades “razonables”
En cuanto a la renta fija, los analistas valoran que es esencial hacer una selección cuidadosa, evitando descender demasiado en calidad crediticia y manteniendo duraciones moderadas. “La deuda corporativa de calidad ofrece rentabilidades razonables, aunque ya no representa oportunidades excepcionales”, señala Maté.
Los expertos de Tressis argumentan que las recientes bajadas de tipos de interés afectan a los fondos monetarios, los diferenciales de la renta fija se han estrechado y las valoraciones de renta variable dejan menos margen de error. Por ello, “no se esperan grandes revalorizaciones en renta fija en 2026, pero sí rentabilidades razonables si se gestiona bien la duración y el riesgo de crédito”.
En este escenario, la diversificación en renta fija a escala internacional cobra una “vital relevancia”, subrayan desde MFS Investment Management. Argumentan que la volatilidad macroeconómica y la divergencia de políticas confieren una importancia fundamental al enfoque de inversión mundial. “EEUU se enfrenta a diversos retos, como la devaluación del dólar y la incertidumbre política, mientras que los mercados emergentes y el crédito mundial nos ofrecen oportunidades atractivas”, aseguran. También consideran probable que mejoren los fundamentales del crédito corporativo: “Creemos que los inversores deben mantener su exposición al crédito, considerar la diversificación en el crédito mundial y vigilar de cerca las tensiones en el crédito privado”.

Oro, una cobertura “de primera”
El año pasado, no solo los mercados bursátiles alcanzaron nuevos máximos, el precio del oro también batió récords tras superar la onza los 4.000 dólares, impulsado por la agitación geopolítica y la gran demanda de los bancos centrales. También la plata se disparó debido a que su oferta no satisface la futura demanda industrial.
Bajo estas circunstancias, Colin Graham señala que “los metales preciosos han proporcionado diversificación y rentabilidad, pero la subida de la plata, un 30% en 2025, encarna la inestabilidad actual del mercado”. Incide en que aunque la demanda industrial por parte de los sectores de la energía solar y el 5G es real, “el precio de la plata se ha desvinculado de los fundamentales”.
En cuanto al oro, cree que sigue siendo “una cobertura de primera”. En consecuencia, “el interés financiero será el motor predominante del oro y la plata, por lo que podemos esperar volatilidad y negociación en los indicadores técnicos”, prevé el experto de Robeco.
Inteligencia artificial, al alza
El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA) y otras innovaciones disruptivas continuará impulsando en 2026 un ciclo inversor histórico, que irá acompañado de una creciente demanda energética, de infraestructuras, hardware y talento especializado. De este modo, “este fenómeno abre nuevas oportunidades en sectores como software, consultoría, salud, biotecnología o electrificación”, advierten los analistas de Singular Bank.
También desde MFS Investment Management creen que las valoraciones de la inteligencia artificial siguen siendo, en general, “razonables”. Argumentan que, a pesar del repunte de las valoraciones de las principales empresas tecnológicas, los ratios precio-beneficio actuales se sitúan por debajo de los máximos que se observaron durante la burbuja de las ‘puntocom’ y están respaldados por unos sólidos fundamentales.
“La IA está transformando todos los sectores, pero sigue siendo necesario realizar un seguimiento prudente”, apuntan. Recomiendan a los inversores considerar la posibilidad de centrarse en empresas con un sólido I+D en IA y alianzas estratégicas.

Invertir en Europa, una oportunidad “única”
Europa puede ser este año una buena oportunidad de inversión debido a que las decisiones alemanas en materia de reactivación presupuestaria y el fin del saneamiento de los sistemas bancarios del sur de Europa eliminan simultáneamente las dos principales fuerzas que frenaban el crecimiento en el continente.
Según Thomas Friedberger, director general adjunto y Co-CIO, de Tikehau Capital, dos factores que apoyan que Europa suponga una oportunidad de inversión única este año son que las valoraciones de los activos europeos son inferiores a las estadounidenses, tanto en el mercado cotizado como en el no cotizado, y que las empresas europeas operan históricamente con niveles de endeudamiento inferiores a los de las empresas de EEUU.
Friedberger reconoce que, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa reúne cuatro elementos que generan valor económico: una política presupuestaria de reactivación económica, una política monetaria acomodaticia, valoraciones atractivas, con un descuento histórico de su valoración en comparación con los mercados estadounidenses, y un nivel medio de apalancamiento en las empresas inferior al de las compañías estadounidenses.
En este contexto, “mantenemos la firme convicción que nos ha llevado a favorecer durante varios años las inversiones en construcción de resiliencia, soberanía en Europa, ya sea en private equity, deuda privada, acciones cotizadas, bonos corporativos, o activos de real estate”, asegura Friedberger.
A ello se suma el interés que muestran los inversores no europeos por activos del Viejo Continente. “Seguimos convencidos de que invertir en Europa de forma selectiva y respetando el arraigo local para acompañar las enormes necesidades de gasto en inversión, el renacimiento de las políticas industriales y el desarrollo de los líderes europeos en su construcción de resiliencia será un vector considerable de creación de valor financiero y extrafinanciero en las próximas décadas”, concluye Thomas Friedberger.
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