
Alemania y Francia han anunciado este miércoles el envío de efectivos militares a Groenlandia para incorporarse a una misión europea de apoyo a Dinamarca, en una nueva fase de la respuesta aliada a la escalada de tensión en torno a este territorio estratégico del Ártico. La decisión, confirmada por los ministerios de Defensa de Berlín y París, se produce horas después de que Suecia comunicara el despliegue de oficiales de sus Fuerzas Armadas en la isla a petición del Gobierno danés, y en un contexto marcado por las reiteradas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre su interés en tomar el control de Groenlandia.
El Ministerio de Defensa alemán explicó que su participación tiene como objetivo “examinar las condiciones marco para posibles contribuciones militares destinadas a apoyar a Dinamarca en la garantía de la seguridad en la región”. En concreto, Berlín señaló que uno de los ámbitos prioritarios de este análisis será “el de las capacidades de vigilancia marítima”, una referencia directa a la necesidad de controlar un espacio marítimo enorme y difícil de cubrir, en una zona donde confluyen intereses estratégicos, rutas de navegación y un entorno de seguridad cada vez más volátil.
Francia, por su parte, confirmó que también enviará militares a esta misión europea en Groenlandia, aunque sin detallar por el momento el número de efectivos ni el tipo de capacidades que pondrá a disposición del despliegue. La falta de precisiones refleja el carácter todavía preliminar de una iniciativa que, según han indicado fuentes oficiales, se centra en una primera fase en la evaluación sobre el terreno de las necesidades de seguridad y de las posibles aportaciones que pueden realizar los distintos países europeos en apoyo a Dinamarca.
La entrada en escena de Berlín y París supone un salto cualitativo en la respuesta continental a la crisis de Groenlandia. Hasta ahora, la reacción europea se había canalizado sobre todo a través de los países nórdicos y de los mecanismos habituales de la OTAN, pero la implicación directa de las dos principales potencias militares de la Unión Europea eleva el perfil político y estratégico de una situación que ha dejado de ser una mera disputa retórica.
La coordinación europea en el Ártico
El anuncio de Alemania y Francia se suma al movimiento realizado horas antes por Suecia. El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, confirmó en un mensaje publicado en la red social X que varios oficiales de las Fuerzas Armadas de su país habían llegado ya a Groenlandia como parte de un contingente integrado por militares de varios países aliados. Según explicó, estos efectivos trabajan en la preparación de los próximos pasos del ejercicio danés Operation Arctic Endurance, un despliegue de entrenamiento diseñado para mejorar la capacidad de las fuerzas aliadas de operar en las duras condiciones del Ártico.
De acuerdo con informaciones de medios suecos, el personal enviado por Estocolmo es de apoyo y no porta armas, lo que sitúa su presencia en una fase inicial de planificación y coordinación. El propio Kristersson subrayó que el envío se había producido “a petición de Dinamarca”, un detalle que encaja con la estrategia de Copenhague de recabar el respaldo de sus socios europeos ante el deterioro del entorno de seguridad en Groenlandia.
El Ministerio de Defensa danés confirmó este miércoles el inicio de un refuerzo del despliegue de soldados, aeronaves y buques en Groenlandia y sus alrededores. Dos aviones de transporte de las Fuerzas Armadas danesas volaron hacia Nuuk y Kangerlussuaq con efectivos del Comando Ártico y personal de países aliados a bordo. Por ahora, Suecia es el único país que ha reconocido públicamente la presencia de sus militares en esos vuelos, aunque el anuncio posterior de Alemania y Francia apunta a una ampliación progresiva del contingente europeo.
Copenhague y el Gobierno groenlandés justifican este aumento de la presencia militar como una respuesta directa a la extensión de las tensiones geopolíticas al Ártico. En un comunicado conjunto, ambas administraciones señalaron que el objetivo es “entrenar la capacidad de operar en las condiciones únicas del Ártico y fortalecer la huella de la Alianza” en la región, en beneficio tanto de la seguridad europea como de la transatlántica. La ministra groenlandesa de Exteriores, Vivian Motzfeldt, ha remarcado que reforzar la defensa y la seguridad en cooperación estrecha con los aliados de la OTAN es una prioridad central para su Ejecutivo.
Trump y el pulso por Groenlandia
La aceleración de los movimientos militares europeos se produce en paralelo a una nueva ofensiva verbal del presidente de Estados Unidos. Donald Trump volvió a insistir este miércoles en que Washington “necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional” y que la isla es “vital para el Golden Dome” que su Administración impulsa como pilar de su arquitectura defensiva. En sus mensajes en la red Truth Social, el mandatario estadounidense criticó abiertamente a Dinamarca por la forma en que patrulla el noreste de Groenlandia y llegó a reclamar a la OTAN que presione a Copenhague para que ceda el control del territorio.
Estas declaraciones han sido rechazadas tanto por el Gobierno danés como por las autoridades de Groenlandia, que han reiterado que la isla no está en venta y que forma parte del Reino de Dinamarca como territorio autónomo. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, llegó a advertir que una eventual invasión estadounidense de Groenlandia supondría el fin de la Alianza Atlántica, una afirmación que provocó una oleada de apoyos a Dinamarca por parte de la mayoría de los socios europeos de la OTAN.
En este contexto de máxima tensión diplomática, este miércoles se celebró en Washington una reunión entre el vicepresidente estadounidense, JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, el ministro danés de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, y la ministra groenlandesa Vivian Motzfeldt. Fue el primer encuentro de alto nivel entre las tres partes desde que Donald Trump expresara por primera vez en 2019 su interés en adquirir Groenlandia, y se produjo en paralelo al anuncio del refuerzo militar europeo en la isla.
Estados Unidos mantiene la única base militar permanente en la isla, aunque su presencia se ha reducido de forma drástica desde los más de 10.000 soldados desplegados durante la Guerra Fría hasta unos 150 efectivos en la actualidad. Esta reducción contrasta con el creciente valor estratégico que Washington atribuye ahora a Groenlandia, tanto por su posición entre América del Norte y Europa como por el progresivo deshielo que abre nuevas rutas marítimas y facilita el acceso a recursos minerales.
Dinamarca, por su parte, ha puesto en marcha un ambicioso plan de refuerzo de su seguridad en el Ártico. El Gobierno danés anunció en octubre una inversión de 4.200 millones de dólares para crear nuevas unidades militares, establecer un cuartel general conjunto en Nuuk, adquirir dos buques, aviones de patrulla marítima, drones y sistemas de radar. A este esfuerzo se suma la ampliación de su flota de cazas F-35 hasta alcanzar los 43 aparatos, con un coste adicional de 4.500 millones de dólares. En este marco, la llegada de efectivos suecos y el anuncio de la misión europea con participación alemana y francesa refuerzan el mensaje de que la defensa de Groenlandia se articula ya como un asunto colectivo dentro de la arquitectura de seguridad euroatlántica.
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