
Dinamarca y Groenlandia han abierto un nuevo canal formal de diálogo con Estados Unidos para tratar las profundas diferencias que mantienen sobre la seguridad y el futuro de Groenlandia. Tras una reunión con la Administración Trump en la Casa Blanca, los ministros de Asuntos Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, y de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, anunciaron la creación de un “grupo de trabajo de alto nivel” que se reunirá en las próximas semanas con el objetivo de intentar acercar posiciones en un asunto que ha ido ganando tensión política y estratégica en los últimos meses.
Ambos responsables comparecieron posteriormente en la embajada de Dinamarca en Washington, donde dejaron claro que, aunque están dispuestos a seguir negociando con Estados Unidos, existen límites que no están dispuestos a traspasar. “Las ideas que no respetan la integridad territorial de Groenlandia son totalmente inaceptables”, afirmó Rasmussen, una fórmula que repitió en varios momentos de la rueda de prensa para subrayar las líneas rojas de Copenhague y de Nuuk.
La reunión con representantes de la Administración estadounidense fue descrita por el ministro danés como “franca, honesta, sincera y constructiva”, pero también como un intercambio en el que quedaron patentes divergencias de fondo. Según explicó, tanto Washington como Copenhague coinciden en que la situación de seguridad en el Ártico requiere una mayor atención, aunque discrepan sobre cómo articular ese refuerzo y bajo qué parámetros políticos y jurídicos.
El pulso por la seguridad
Dinamarca sostiene que cualquier incremento de la presencia o de las actividades militares de Estados Unidos en Groenlandia debe ajustarse al acuerdo bilateral de 1951, que ya otorga a Washington amplios derechos para construir y mantener bases, desplegar personal y llevar a cabo operaciones aéreas y marítimas en la isla. Rasmussen insistió en que ese marco ofrece margen suficiente para atender las preocupaciones de seguridad estadounidenses sin alterar el estatus político de Groenlandia.
A ese marco se suma la pertenencia de Groenlandia a la OTAN desde 1949, lo que implica que la isla está cubierta por el artículo 5 de defensa colectiva. El ministro danés recordó que desde hace tiempo Copenhague reclama una implicación más activa de la Alianza en el Ártico y que su Gobierno está dispuesto a dar “un paso más” en la cooperación con Estados Unidos, siempre que se respeten la soberanía y el derecho de autodeterminación de la población groenlandesa.

En ese contexto, Rasmussen reconoció que comparte parcialmente algunas de las inquietudes expresadas por Donald Trump sobre la región. “Yo no habría hecho las cosas como las hace él, pero hay cierta verdad en lo que dice; compartimos hasta cierto punto sus preocupaciones, hay cuestiones de seguridad en la zona”, afirmó. Al mismo tiempo, rechazó de plano cualquier planteamiento que implique una pérdida de control de Dinamarca o Groenlandia sobre el territorio.
El ministro también quiso desactivar uno de los argumentos recurrentes en el debate, al negar la presencia o influencia militar china en la isla. “No es cierto que tengamos barcos de guerra chinos por todas partes”, dijo, citando a los servicios de inteligencia daneses, que no han detectado ningún buque de ese tipo en aguas groenlandesas en la última década. También desmintió la existencia de inversiones chinas en Groenlandia, aunque reconoció que entiende que Estados Unidos pueda tener preocupaciones al respecto.
“No hace falta que nos compren”
Vivian Motzfeldt adoptó un tono igualmente firme. “No hace falta que Estados Unidos nos compre”, declaró, en alusión directa al interés expresado por Donald Trump en hacerse con el control de la isla. La ministra groenlandesa recordó que la cooperación con Washington ya existe tanto en el marco bilateral como en el de la OTAN y defendió que el camino para reforzar la seguridad pasa por una mayor implicación de la Alianza Atlántica, no por cambios en la soberanía.
Motzfeldt subrayó que Groenlandia quiere seguir siendo un aliado y un socio de Estados Unidos, pero no parte de ese país. “Es importante repetir que no queremos ser parte de Estados Unidos”, dijo, al tiempo que abogó por “normalizar las relaciones” y trabajar “en favor de la seguridad del hemisferio norte”. Según explicó, la delegación estadounidense reiteró el interés personal de Trump por Groenlandia, lo que obliga a Nuuk a marcar con claridad sus límites políticos.
El grupo de trabajo anunciado por Rasmussen y Motzfeldt se concibe como un espacio para canalizar estas diferencias. Según explicó el ministro danés, su misión será explorar cómo pueden satisfacerse las preocupaciones de seguridad de Estados Unidos al tiempo que se respetan las líneas rojas del Reino de Dinamarca y el derecho de autodeterminación de Groenlandia. “Tenemos diferencias profundas, pero seguiremos hablando”, aseguró.
Desde el Gobierno danés se ha querido rebajar, además, la posibilidad de un escenario de confrontación directa. El ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, calificó de “muy hipotético” que Estados Unidos pueda intentar hacerse con Groenlandia por la fuerza y recordó que “es improbable que un país de la OTAN ataque a otro país de la OTAN”.
Rasmussen, por su parte, expresó su deseo de que el clima político se enfríe. “Llevamos trece meses con estas discusiones en redes sociales y esta es la primera vez que nos sentamos en una reunión de alto nivel político”, señaló, dando a entender que el nuevo grupo de trabajo puede servir para reconducir un debate que hasta ahora se había desarrollado de forma fragmentada y a menudo pública.
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