Iván Martín, psicólogo: “Hay un tipo de cansancio que no se quita durmiendo porque no es físico, es mental y emocional”

Este desgaste se prolonga debido a la incapacidad para desconectar realmente, en un contexto marcado por la rapidez, la exigencia desmedida y los estímulos constantes

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La incapacidad para la desconectar
La incapacidad para la desconectar realmente provoca un desgaste prolongado que repercute en el estado de ánimo, la motivación, el rendimiento y las relaciones interpersonales. (Freepik)

Vivimos en una época marcada por la rapidez y la hiperproductividad. Todo sucede a la vez, a una gran velocidad: producimos, respondemos, opinamos y consumimos información sin apenas pausas, inmersos en un bucle que convierte el descanso en un lujo y no en una necesidad básica. La sensación de llegar tarde a todo se ha normalizado, igual que la idea de que siempre podríamos estar haciendo algo más.

A este ritmo se suma una sobreexposición permanente a estímulos. Pantallas, notificaciones, ruido, exigencias laborales y emocionales conviven en un mismo espacio mental que rara vez se apaga. Incluso cuando el cuerpo se detiene, la mente sigue funcionando. En este sentido, el silencio ha llegado a ser sinónimo de incomodidad y la inactividad genera culpa: descansar, en muchos casos, se entiende como una pérdida de tiempo.

En este contexto, cada vez son más las personas que aseguran sentirse exhaustas sin una causa aparente. Duermen las horas recomendadas, cumplen con sus rutinas y, aun así, se levantan cansadas. No se trata de una noche puntual ni de una semana especialmente dura, sino que es un agotamiento persistente que no desaparece con el sueño y que va minando la motivación, la concentración y el ánimo.

En un contexto de hiperproductividad,
En un contexto de hiperproductividad, es frecuente aplazar, acortar o eliminar el cansancio de las rutinas diarias. (Freepik)

“Hay un tipo de cansancio que no se quita durmiendo porque no es físico, sino que es mental y emocional”, señala el psicólogo Iván Martín en uno de sus vídeos de TikTok (@ivanmartinpsicolo). Así, dormir más no es siempre la solución al agotamiento, sino que es necesario poner el foco en un interior más profundo.

La mente en un constante modo alerta

El cansancio que describe Martín se manifiesta en el día a día. “Aunque duermas bien, te sientes sin fuerzas, sin motivación y con la mente saturada”, señala el psicólogo. Así, el problema no reside en los horarios, en el tipo de colchón o en cualquier otra cuestión circunstancial que rodee al sueño, sino en la manera en la que nuestro cuerpo continúa trabajando mientras, supuestamente, descansamos.

Según explica Martín, la ansiedad juega un papel clave en este desgaste prolongado. “Cuando llevas tiempo viviendo con ansiedad, tu cuerpo está en modo alerta, incluso cuando estás quieto o quieta durmiendo”. Este estado impide la desconexión real y mantiene al organismo preparado para una amenaza que nunca termina de llegar, lo que provoca que la mente no descanse: “Está repasando lo que hiciste mal, lo que podrías haber hecho distinto o lo que puede pasar mañana”.

Esa actividad constante tiene consecuencias, ya que “ese modo alerta es como tener el motor encendido todo el día”: pérdida de concentración y dificultad en la toma de decisiones, aumento de la irritabilidad, reducción de la tolerancia al estrés, somatizaciones como dolores musculares o cefaleas persistentes, afectación en el rendimiento laboral y las relaciones personales...

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En todo esto, sin embargo, la clave no se encuentra ni en la falta de voluntad por mejorar ni en una supuesta fragilidad personal: “Estar cansado o cansada no significa que seas débil. Significa que llevas demasiado tiempo en tensión”. Entender esto se convierte en el primer paso para dejar a un lado de autoexigencia desmedida y comenzar a trabajar desde el autocuidado.

La recuperación, además, no pasa por grandes cambios inmediatos. “Ese cansancio emocional no se soluciona durmiendo más, se soluciona aprendiendo a salir del modo alerta constante”. Así, “para empezar a recuperar energía, no hace falta que hagas muchas cosas”.

Martín recomienda, por ejemplo, “darle pequeños descansos reales a tu mente con algo tan simple como parar cinco minutos al día y notar tu respiración sin exigirte nada”. No se trata de hacerlo perfecto ni de convertirlo en una obligación más, sino de introducir espacios de pausa auténtica que favorezcan la desconexión y que permitan una pausa en una rutina cada vez más acelerada y demandante. “No es la cantidad de horas que duermes, sino la calidad del descanso mental que tienes”.