
Pocas parejas separadas mantienen un equilibrio tan estable entre la vida privada y los intereses empresariales como José Bono y Ana Rodríguez Mosquera. A pesar de haber puesto fin a su matrimonio hace quince años, el exministro y su exesposa continúan proyectando una imagen de cohesión familiar que trasciende cualquier desencuentro del pasado.
Su ruptura, anunciada en 2010 como “amistosa y consensuada”, ha derivado con los años en una relación fluida, donde el entendimiento parece haberse impuesto. Una dinámica que se refleja con naturalidad en las redes sociales, donde sus cuatro hijos —Amelia, Ana, José y Sofía— muestran la complicidad habitual de un clan que sigue muy unido.
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Pero esa armonía no se limita solo al cariño. También se extiende a los negocios familiares, que en los últimos meses han dejado cifras especialmente positivas. La sociedad Ahorros Familiares Saja, en la que participan José Bono, su exmujer y sus hijos, acaba de cerrar el ejercicio 2024 con números muy favorables, que han permitido distribuir 800.000 euros en dividendos entre sus accionistas.
La compañía fue creada en 2004, cuando Bono ocupaba la cartera de Defensa en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, el liderazgo de la sociedad ha recaído con el tiempo en su entorno más directo: hoy son Ana Rodríguez Mosquera y una de sus hijas, Ana Bono Rodríguez, quienes figuran como administradoras. El accionariado, según el balance más reciente, está en manos de la exesposa del político y de sus cuatro hijos.
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El núcleo del negocio se centra en la gestión de inmuebles y en la intermediación comercial. Sin embargo, el año 2024 ha sido especialmente singular: la empresa ha registrado un beneficio neto de 725.154 euros, lo que supone un salto de más del 70% respecto a 2023.
Esta mejora no ha llegado por azar, sino gracias a una maniobra decisiva: la sociedad ha deshecho todo su patrimonio inmobiliario, lo que ha generado una plusvalía de 431.212 euros y ha transformado radicalmente su balance. De disponer de activos inmobiliarios valorados en torno a 400.000 euros, ha pasado a contar con casi 850.000 euros íntegramente en efectivo.
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Según informa Vanitatis, en su trayectoria, Ahorros Familiares Saja ha gestionado diversas propiedades en Madrid y en Estepona. La última operación importante fue la venta de un ático situado en el barrio de Salamanca, adquirido en 2009 y hasta hace poco destinado al alquiler. El inmueble —con terraza, garaje y trastero— fue el cierre definitivo de la etapa inmobiliaria de la empresa. Pese a su actividad intensa, la sociedad funciona con una estructura mínima: mantiene un capital social de 70.000 euros y carece de personal contratado.
Aunque esta sociedad ha sido la más rentable en los últimos años, los negocios del clan no han estado circunscritos únicamente al ladrillo. Durante su etapa profesional activa, Ana Rodríguez Mosquera gestionó varias boutiques de una marca de joyería de renombre, en ocasiones junto a su hija Amelia. Además, la familia ha mantenido vínculos continuados con el sector ecuestre, otra de las áreas donde José Bono ha invertido esfuerzos y recursos.
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Un vínculo que resistió el desgaste
Cuando se anunció la separación de las pareja, las declaraciones públicas daban a entender que su final no fue sencillo. Ana Rodríguez llegó a admitir que no podía considerar a su exmarido un amigo. Sin embargo, el paso del tiempo reequilibró la situación. Años después, fue el propio excargo político quien describió la nueva dinámica familiar en televisión, destacando que habían pasado juntos unas navidades porque así lo querían sus hijos. “Ahora nos llevamos bien, muy bien”, aseguraba entonces.
Además, la relación de su hija Amelia con Manuel Martos, hijo de Raphael y Natalia Figueroa, alimentó la prensa del corazón durante años. No obstante, con el paso del tiempo, y tras la sonada ruptura del matrimonio, la situación se ha estabilizado.
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