
La llegada del otoño supone también el inicio de la temporada del caqui, una fruta dulce y de color anaranjado que en estas semanas alcanza su punto álgido de sabor y textura. También conocido como persimón o palosanto, el caqui recibe este último nombre porque suele madurar en torno a la festividad de Todos los Santos, cuando tradicionalmente llenaba los mercados.
Pese a ser originaria de Asia, esta fruta exótica ha conquistado los paladares de todo el mundo y ha logrado exportarse a las fruterías de todos los países. Los motivos tienen que ver con su sabor, pero también por su rica composición de nutrientes esenciales, como recogen los informes de la Fundación Española de Nutrición (FEN).
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El caqui destaca por su alto contenido en hidratos de carbono, lo que lo convierte en una excelente fuente de energía natural, ideal para deportistas y personas que necesitan un aporte rápido de energía. Otra de sus características principales es su elevado contenido en fibra, tanto soluble, que contribuye a la salud digestiva y a mantener niveles saludables de colesterol en sangre, como insoluble, la cual promueve la motilidad intestinal, previniendo problemas como el estreñimiento.

Desde un punto de vista vitamínico, el caqui es una fuente excepcional de provitamina A (betacarotenos) y vitamina C, la cual refuerza las defensas del organismo, mejorando la absorción del hierro y actuando como antioxidante contra el daño celular causado por los radicales libres. En cuanto a los minerales, el caqui es rico en potasio, magnesio y fósforo.
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Cómo saber cuándo un caqui está en mal estado
Una de las observaciones que encienden nuestras señales de alarma son esas manchas marrones que suelen aparecer en la piel del fruto. Lo primero que hemos de saber es que no todas ellas son señal de deterioro. Según el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), algunas variedades presentan pardeamiento natural ligado a la maduración o a la presencia de semillas. En estos casos, pequeñas pecas o puntos marrones se deben a la oxidación de los taninos del fruto y no alteran ni su sabor ni su seguridad.
También puede aparecer pardeamiento por daños mecánicos, es decir, manchas provocadas por un golpe o una manipulación brusca durante la recolección o el transporte. El caqui es una fruta delicada y sensible a los impactos: cuando sufre un golpe, se produce una leve oxidación interna que puede verse como un tono rosado o pardo bajo la piel, pero el resto del fruto sigue siendo comestible.
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Por último, hay casos en los que las manchas se deben a procesos poscosecha: exceso de frío, baja oxigenación o un tiempo prolongado en atmósferas controladas pueden causar oscurecimiento interno, sobre todo en las variedades más sensibles. Estos cambios son fisiológicos y no implican necesariamente la presencia de moho o contaminación.
No obstante, es cierto que el aspecto de la mancha puede darnos muchas pistas sobre el estado del caqui. Si es plana, seca y de color uniforme, lo más probable es que se deba a un roce o un pequeño golpe, algo habitual en una fruta tan delicada. En esos casos, basta con pelar la zona o simplemente comerla sin preocuparse: el interior seguirá perfecto. Distinto es cuando la mancha se hunde, está húmeda o presenta un borde más oscuro. Entonces puede deberse a la aparición de hongos. Estas infecciones suelen empezar bajo el cáliz, en la parte superior del fruto, y se extienden con rapidez.
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Si el caqui huele mal, está blando o tiene un aspecto húmedo o algodonoso, es mejor no arriesgarse. En esos casos, lo más recomendable es tirarlo, ya que el hongo puede haber llegado al interior, aunque solo se vea por fuera.
Cómo conservarlos correctamente
Los expertos recomiendan no guardar los caquis en la nevera, sino en un lugar fresco, seco y bien ventilado. Si se conservan a temperaturas muy bajas durante mucho tiempo, pueden aparecer síntomas de daño por frío, como oscurecimiento interno o textura blanda.
Para conservar los caquis en buen estado durante más tiempo, lo ideal es manipularlos con cuidado y evitar los golpes, ya que su piel es delicada y cualquier impacto puede dejar marcas. No conviene amontonarlos ni apilarlos, y es mejor mantenerlos separados de los tallos o cálices de otras frutas, que pueden rozarlos y estropear la superficie. Tampoco es recomendable guardarlos en bolsas cerradas, porque la falta de oxígeno favorece la aparición de pardeamiento y acelera su maduración.
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Si se trata de un caqui blando y quieres que alcance antes su punto justo, puedes colocarlo junto a una manzana o un plátano: ambas frutas liberan etileno, un gas natural que ayuda a completar el proceso de maduración.
(Con información de Europa Press)
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