
Los pies son los grandes olvidados de nuestro cuerpo. Sostienen nuestro peso, nos mantienen en movimiento y soportan largas horas de actividad diaria, pero rara vez reciben la atención que merecen. El sistema musculoesquelético, y en especial las piernas y los pies, trabajan sin descanso, y cuando algo falla, lo notamos de inmediato: molestias, rozaduras, sobrecargas o incluso lesiones. Sin embargo, muchos de estos problemas pueden evitarse con gestos tan simples como usar bien nuestras zapatillas.
Uno de los errores más comunes tiene que ver con algo que todos hemos visto, pero casi nadie utiliza: el último agujero de los cordones. Ese pequeño orificio, situado cerca del tobillo, suele pasar desapercibido o se ignora porque parece innecesario. En realidad, tiene una función específica y muy útil: mejorar el ajuste del calzado y evitar lesiones.
Este orificio “extra”, también conocido como “agujero de bloqueo”, sirve para asegurar el talón y estabilizar el tobillo. El truco consiste en crear un pequeño bucle con el cordón en cada lado, pasar los extremos cruzados por esos bucles y, finalmente, hacer el lazo. Con este método, la zapatilla se ajusta mejor, el pie no se desliza hacia delante y la lengüeta queda fija, evitando incomodidades durante la actividad física o el uso prolongado.
Beneficios de usar el agujero de bloqueo
Aprovechar el agujero de bloqueo aporta un ajuste más firme y marca la diferencia entre un paso cómodo y una torcedura. Este sistema proporciona una mayor sujeción del tobillo, lo que resulta especialmente beneficioso en deportes de impacto o en superficies irregulares, como el trail runncing o las caminatas de montaña. Además, ayuda a mantener la lengüeta en su sitio, evitando los desplazamientos laterales que provocan rozaduras o puntos de presión. Este sencillo truco mejora la estabilidad del pie dentro del calzado, optimiza la distribución del peso y reduce la fatiga muscular durante entrenamientos prolongados o competiciones exigentes.
¿Cómo usarlo? Paso a paso
- Crea los bucles, pasa el cordón de afuera hacia dentro por cada uno de los últimos agujeros, dejando un pequeño bucle en cada lado.
- Cruza los cordones, toma el extremo derecho del cordón y pásalo por el bucle izquierdo. Haz lo mismo con el extremo izquierdo, pasándolo por el bucle derecho.
- Ajusta, tura de ambos extremos del cordón hacia los lados y luego hacia arriba para apretar la zapatilla según tu nivel de comodidad.
- Haz el nudo, termina atando los cordones como lo harías normalmente.
En resumen, utilizar correctamente ese pequeño detalle de diseño mejora la estabilidad, previene lesiones como esguinces y ofrece una sensación de comodidad que muchos desconocen. Un gesto tan simple como atarse bien los cordones puede convertirse en una herramienta eficaz para cuidar tus pies y, con ellos, todo tu bienestar general. Y si se busca un mayor cuidado podológico, los expertos recomiendan escoger un zapato con suela flexible y delgada, que respete al pie de manera natural, favorezca una pisada equilibrada y se adapte a su forma y biomecánica de manera progresiva y saludable.
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