
Han pasado casi diez años desde que First Dates abrió por primera vez las puertas de su restaurante televisivo, y el formato de Cuatro sigue mostrando una vitalidad sorprendente. Su anfitrión, Carlos Sobera, ha sido testigo de miles de citas y del crecimiento de uno de los programas más longevos y rentables de la televisión española.
Pese a su veteranía, el espacio continúa reinventándose. Su última novedad es la incorporación de Lidia Santos como nueva camarera, quien acompañará a los comensales en sus primeras impresiones. El programa la presentó oficialmente en un acto para prensa en Madrid, donde Infobae España habló con Sobera sobre el pasado, el presente y el futuro del formato.
“Después de una década, el programa está en plena forma”, afirma con satisfacción. “No hay signos de desgaste. La audiencia sigue fiel, a pesar de la competencia”.
Una competencia que, según él, se ha endurecido. “Nuestro mayor rival sigue siendo Telecinco”, reconoce entre risas. “La isla de las tentaciones, Gran Hermano o Supervivientes nos lo ponen difícil. Pero First Dates mantiene el tipo gracias a un ingrediente clave: la autenticidad”.
“El gran secreto está en el casting”, subraya. “Seleccionan gente tan fresca y real que aún me preguntan si son actores. Gracias a ese trabajo, diez años después seguimos siendo igual de naturales”.
Con su habitual humor, Sobera asegura que el programa ha sabido encontrar su lugar en la televisión. “First Dates es una fórmula fresca, diferente y con un retrato sociológico de primera magnitud”, explica. “No solo muestra citas: enseña cómo piensa y se relaciona la gente. Es un reflejo del país”.

El presentador destaca además su conexión emocional con el público: “La gente lo ve porque es libre. Puedes quedarte toda la hora o solo diez minutos. Es flexible y cercano, y eso hoy en día en televisión es oro puro”.
Los diez años de Carlos Sobera colgando chaquetas (y reinventando el amor)
El verano pasado, First Dates dio el salto a Telecinco, una experiencia que Sobera recuerda con cariño, aunque no exenta de desafíos. “El cambio buscaba reforzar las audiencias del canal. Podría no haber funcionado, pero funcionó”, comenta. “Demostramos que el público sigue el formato donde vaya. Aun así, desvestir a un santo para vestir a otro nunca es fácil: dejas un hueco en Cuatro”.
El traslado obligó a reformatear el espacio. “El access en Telecinco era distinto: pasamos de cinco a cuatro parejas, y la publicidad se organizaba de otra manera. Pero fueron dos meses estupendos, y el programa llegó a hacer doble dígito”, recuerda.
Con el regreso a Cuatro, el formato recuperó su esencia. “La vuelta fue acertada. En agosto, Cuatro estuvo a punto de desmantelarse, y ahora estamos empatados con Telecinco en share. Incluso podríamos cerrar el mes por encima. Eso demuestra la fortaleza del programa”.

No todos los experimentos tuvieron la misma suerte. Sobera analiza con honestidad por qué First Dates Hotel no logró conectar igual con la audiencia. “Con el Hotel nos desperfilamos un poco”, admite. “Pasamos de un programa sobre enamorarse a otro donde parecía que se iba a ligar. Ese matiz cambió la percepción”. A ello se sumó su emisión veraniega: “El verano distorsiona las audiencias. Hay que poner entre paréntesis lo que pasa en esos meses, tanto para bien como para mal”.
Sobera recuerda sus inicios en el programa con cariño. “Mi incorporación fue casi inmediata. Querían que lo hiciera yo, aunque había dudas porque venía de presentar concursos. Me pidieron una pequeña prueba y desde el primer día me sentí como pez en el agua”, relata. “No me cuesta nada coger la chaqueta de un invitado o preguntar por cosas íntimas. Y así llevo diez años colgando la ropa de todo el mundo”, bromea.
También reconoce la confianza que Paolo Vasile, entonces consejero delegado de Mediaset, depositó en él. “Siempre creyó en mí y en el formato. No se equivocó ni él ni su equipo”.
Más allá de la televisión, Sobera observa cómo ha cambiado la forma de amar. “El asunto está chungo”, dice entre risas. “Ellas dicen que ellos no quieren compromiso; ellos, que ellas tampoco; y elles, que nadie quiere nada. Todo el mundo busca el ‘aquí te pillo, aquí te mato’. ¡Eso en mi juventud me habría encantado!”.

También los mayores viven el amor de otra manera. “Buscan pareja, pero para compartir ocio, no convivencia. Cada uno en su casa. Nos hemos vuelto más egocéntricos y cuesta ceder”, reflexiona. “La soledad es muy común, sobre todo a partir de los cincuenta. Muchos vienen al programa realmente buscando a alguien”.
Entre First Dates, el concurso Los 200: uno contra la masa y sus compromisos teatrales, Sobera confiesa que su agenda es “una locura”. Aun así, deja la puerta abierta a volver a Gran Hermano: “Probablemente, haré una aparición estelar”, adelanta con una sonrisa.
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