
Las emociones y el dolor de espalda están más relacionados de lo que se imagina. Los sentimientos negativos como el estrés, la ansiedad o la frustración, provocan tensión muscular y posturas perjudiciales en la espalda, lo que empeora el dolor físico. Pero, a su vez, la relación entre el cuerpo y la mente es circular: el dolor físico puede generar más estrés, preocupación y una actitud negativa, creando un círculo vicioso que cronifica el dolor. Abordar ambas esferas, la física y la emocional, es la clave para aliviarlo.
Marcos Sacristán, fisioterapeuta y creador de contenido centrado en el alivio del dolor a través de los movimientos (@fisioterapiatualcance en su cuenta de TikTok), ha publicado un vídeo donde explica el obstáculo por el cual no se va el dolor de espalda: tu mente. “Si estás todo el día pendiente de tu dolor de espalda, lo estás empeorando sin darte cuenta”, explicaba el experto.
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“Imagina que tienes dolor lumbar desde hace una semana. No es grave, pero molesta y empiezas a pensar en él durante todo el día” narraba Sacristán. “¿Y si me duele al caminar? ¿Y si me duele al agacharme?” El fisioterapeuta explica que a eso se la llama hipervigilancia: se manifiesta a través de tensión muscular, rigidez y dolor, y puede estar vinculado a emociones como el miedo, la preocupación, la tristeza o a la ira reprimida.
“Tu cerebro entra en un estado de alarma constante aunque no haya una lesión real”, comentaba el fisioterapeuta, basándose en el estudio alemán ‘La hipervigilancia al dolor podría predecir la transición del dolor de espalda subagudo al crónico: un estudio observacional longitudinal’. En dicho estudio, donde recopilaron los datos de 75 pacientes con dolor lumbar subagudo, llegaron a la conclusión de que cuanto más pendiente se está del dolor, más posibilidades hay de que se vuelva crónico y se forme un bucle de dolor. “Miedo, menos movimiento, rigidez, y por lo tanto más dolor”.
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La clave está en el movimiento
Para el especialista, la clave está en el movimiento: “Cuanto más evitas moverte, más confirma a tu cerebro de que hay peligro, aunque en realidad no lo haya”, explicaba. “Por eso no basta con tumbarse en una camilla o hacer ejercicio. Si no trabajas lo que pasa en tu mente, el dolor terminará quedándose”. El consejo de Marcos Sacristán es moverse sin miedo, entender que el dolor no es igual a daño y exponerse de forma progresiva a los ejercicios que se temen, rompiendo realmente con el círculo vicioso.
“Cuando tu cerebro deja de tener miedo, es cuando tu cuerpo empieza a sanar”. Y como último apunte, dejó un ejercicio para poner en práctica: “Yo recomiendo hacer peso muerto. Es uno de mis ejercicios favoritos porque tú mismo vas a demostrar a tu cerebro que puedes flexionarte, que puedes cargar y moverte con total libertad, sin molestia”. A veces, la confianza y la calma son los esenciales para gozar de una buena salud, en todos los sentidos.
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