Un grupo de científicos avanza en un estudio sobre la prolongación de la fertilidad y la mejora de la salud femenina: rejuvenecer los ovarios

“Retrasar el envejecimiento ovárico podría promover un envejecimiento más saludable en general”, destaca una de las investigadoras

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Una mujer con dolores por menstruación (AdobeStock)
Una mujer con dolores por menstruación. (AdobeStock)

Los ovarios envejecen más rápido que cualquier otro órgano del cuerpo humano. A diferencia de la mayoría de los mamíferos, que conservan su fertilidad hasta edades avanzadas, los seres humanos somos una excepción. De hecho, las únicas especies conocidas que atraviesan la menopausia de forma natural son los humanos y algunas ballenas.

Este fenómeno no es solo una cuestión reproductiva: la menopausia viene acompañada de una caída drástica en los niveles hormonales que puede tener un impacto profundo en la salud. Numerosos estudios coinciden en que esta etapa marca el inicio de una serie de efectos negativos: el metabolismo se ralentiza, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, demencia, y los huesos se vuelven más frágiles.

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¿Y si la clave para una vida más larga y saludable estuviera en prolongar el funcionamiento de los ovarios?

Por el momento, no hay evidencia concluyente de que esto sea posible en humanos, ni de que extender la vida funcional de los ovarios garantice una mejor salud a largo plazo. Sin embargo, algunos experimentos en animales ofrecen pistas esperanzadoras. En un estudio realizado por la Universidad Estatal de Utah, investigadores trasplantaron ovarios de ratonas jóvenes a otras más viejas. El resultado fue sorprendente: las ratonas receptoras vivieron un 40% más y presentaron corazones significativamente más sanos que sus compañeras.

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El gran problema es que los ratones, como la mayoría de los animales, no atraviesan la menopausia. Esto limita las posibilidades de extrapolar los resultados a la biología humana, como señala la revista Wired.

Aun así, la pregunta persiste y motiva nuevas investigaciones. Una de las científicas que está explorando este terreno es Eliza Gaylord, investigadora de la Universidad de California en San Francisco, quien recientemente lideró un estudio que arroja nueva luz sobre cómo maduran los óvulos y envejecen los ovarios. Su trabajo podría abrir nuevas vías para entender, y quizá intervenir, en uno de los procesos más relevantes para la salud femenina.

El descubrimiento científico: la distribución de los óvulos en el ovario

Desarrollando una nueva técnica de imágenes en 3D, este equipo de investigadores descubrió un nuevo hallazgo: los óvulos no se distribuyen uniformemente por el ovario, sino que se agrupan en bolsas rodeadas por zonas sin óvulos. A mayor edad, la densidad de óvulos en estas bolsas disminuye, como informa el ABC.

“Fue una sorpresa; supusimos que los óvulos se distribuirían de forma más uniforme según lo que observamos en el ovario en desarrollo”, asegura Laird. La experta explicó que las bolsas marcan un antes y un después, ya que “sugieren que el entorno que rodea el óvulo es igual de importante que el mismo óvulo, ya que influye en su duración y maduración”.

Toda esta información provoca la ampliación de líneas de investigación sobre cómo los nervios, vasos sanguíneos y otros tipos de células se comunican con los óvulos. Gaylord concluye con una frase que reabre la esperanza de las investigaciones: “Retrasar el envejecimiento ovárico podría promover un envejecimiento más saludable en general”.

La directora de la clínica de reproducción asistida Ginemed Madrid, María José Martínez Cañavate, ha explicado que en la actualidad "la media de pacientes en un centro privado de fertilidad es casi 38-39 años", lo que refleja un significativo retraso en la edad de ser madre, que hace dos décadas se situaba en torno a los 35-36 años. "La incorporación de la mujer en la vida laboral y los nuevos modelos de familia han hecho que vayamos retrasando cada vez más la maternidad", ha señalado.

El sesgo de género en la ciencia

Cabe destacar el persistente problema del sesgo de género en las investigaciones científicas. Aunque históricamente los estudios han priorizado la salud masculina, en los últimos años se observa una creciente voluntad de apoyar proyectos que aborden específicamente las necesidades de salud de las mujeres. Esta tendencia empieza a transformar la dinámica del ámbito científico, abriendo paso a avances que durante mucho tiempo fueron ignorados.

Este cambio no es menor. Tal como señala la investigadora Benedetta B. Benayoun en Wired, “la menopausia es, básicamente, el acontecimiento más importante en la vida de una mujer desde el punto de vista de la salud”. Por eso, continuar promoviendo investigaciones que pongan en el centro la salud femenina no es solo una cuestión de igualdad, sino de urgencia médica y social.

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