
El queratocono es una enfermedad ocular que se produce cuando la córnea, la capa transparente y curva que recubre la parte frontal del ojo, se adelgaza progresivamente y adopta una forma cónica. Esta deformación altera su curvatura natural, lo que provoca una visión borrosa y distorsionada.
Generalmente, comienza a manifestarse en la adolescencia o durante los primeros años de la adultez, aunque su evolución puede prolongarse durante años si no se trata adecuadamente.
A diferencia de otras patologías, el queratocono no aparece de forma repentina, puede desarrollarse lentamente con el paso del tiempo. Entre sus consecuencias más comunes se encuentran los cambios frecuentes en la graduación ocular, la necesidad constante de ajustar las gafas y una pérdida repentina de la calidad visual.
Detectarlo a tiempo es clave para frenar su progresión y evitar casos avanzados que solo pueden tratarse mediante trasplante corneal. En este sentido, las revisiones oftalmológicas periódicas juegan un papel fundamental.
Causas de su aparición
Una de las principales causas del queratocono es la predisposición genética. Si existen antecedentes familiares directos con esta afección, es importante someterse a controles visuales regulares, ya que se trata de una enfermedad con alta carga hereditaria. Según datos de la Clínica Mayo, uno de cada diez pacientes con queratocono tiene un padre o una madre que también lo ha padecido.
Además del componente genético, dormir boca abajo, con el ojo presionado contra la almohada o la mano, también puede favorecer su desarrollo. O actos cotidianos como el frotamiento frecuente y con presión de los ojos también aparece es un factor de riesgo importante. Esta práctica puede inducir la aparición de la patología incluso en personas con córneas previamente sanas.
Por otro lado, algunas patologías asociadas a la hipersensibilidad o alergias oculares, que provocan picor constante, también están relacionadas con la aparición del queratocono, ya que inducen un frotamiento habitual de los ojos.
Frotarse los ojos no es bueno

Frotarse los ojos es un gesto común y, en apariencia, inofensivo que se hace para desperezarse de la fiesta o después de una jornada larga de estudio. Sin embargo, hacerlo de forma habitual puede comprometer seriamente la salud ocular y desencadenar afecciones visuales que, en algunos casos, requieren tratamiento especializado. Pero, más allá del riesgo específico de desarrollar queratocono, frotarse los ojos con frecuencia puede provocar otros problemas.
Uno de los más importantes es la posibilidad de contraer infecciones oculares, ya que las manos son una fuente constante de bacterias y virus. O más peligroso si se lleva maquillaje como máscara de pestañas. Esta vía de entrada puede dar lugar a afecciones como conjuntivitis, blefaritis o incluso infecciones más graves que penetran a través de la mucosa ocular.
Además, frotar los ojos con fuerza puede provocar lesiones en la córnea debido a la aparición de microlesiones corneales, que pueden afectar a la calidad visual.
Para evitar estos riesgos, los especialistas recomiendan aumentar la frecuencia del parpadeo, utilizar lágrimas artificiales y, en caso de molestias persistentes, consultar al oftalmólogo. El seguimiento médico y la corrección de hábitos son fundamentales para preservar la salud ocular y prevenir daños.
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