
Si tuviera que ser un helado, no sería el de soft de làctic con algodón de azúcar, ni el de manzana al horno. Tampoco tendría forma de nariz, ni de mando de consola ni de cabeza de Darth Vader. Si tuviera que ser un helado, Jordi Roca sería uno de cacao puro. “Porque en él conviven la intensidad, la acidez, la dulzura y hasta un punto de amargor”, dice el famoso repostero y chef, describiendo, al mismo tiempo, su personalidad única e irrepetible.
Jordi es el hermano pequeño de una generación volcada por completo a los fogones, una familia que funciona como una galaxia, con el triestrellado Celler de Can Roca como punto de gravedad. Joan a los fogones, Josep a la bodega y él a lo dulce, un mundo que aún le fascina y le divierte a partes iguales. “Durante años el postre ha sido el olvidado, como un cierre rápido y obligado. Pero el postre es la última memoria que se lleva el comensal, y ahí hay una gran oportunidad de emocionar”, dice el repostero, encargado de idear y elaborar los dulces que cierran la degustación en su tres estrellas Michelin.
Sorprender al resto y disfrutar él mismo; con las formas, con los sabores y los límites. Es el objetivo que Jordi sigue cada vez que crea un postre, un proceso que tiene mucho de recuerdo, de emoción, de pruebas y, sobre todo, de juego. Esto ha sido más cierto que nunca en una de sus últimas colaboraciones, en la que el famoso repostero ha creado cinco helados para PlayStation, productos llenos de originalidad que llevan impregnados el sello Roca.
-Pregunta: Si tuvieras que ser un sabor de helado, ¿cuál elegirías y por qué?
-Respuesta: Sería un helado de cacao puro, porque en el cacao conviven la intensidad, la acidez, la dulzura y hasta un punto de amargor. Es un reflejo de la vida: compleja, a veces dura, a veces sorprendente, pero siempre con la capacidad de emocionar. Además, el cacao es un viaje, desde el productor hasta la tableta o el helado, y me gusta pensar que yo también soy un puente entre mundos.
“En el postre hay una gran oportunidad de emocionar. No es simplemente un final, es un broche, un regalo”
-P: ¿Cuál es el proceso de creación de un postre tan original como los que caracterizan a El Celler de Can Roca o Rocambolesc?
-R: Parte siempre de una emoción, de un recuerdo, de una chispa que puede surgir de cualquier lugar: una conversación, un viaje, un aroma, un objeto, incluso un error. Luego viene la parte de investigación y juego en el taller, donde lo probamos, lo desmontamos y lo volvemos a armar hasta que esa idea inicial se convierte en algo que tiene sentido en el plato. Es un proceso muy parecido al de un artesano que va puliendo poco a poco hasta que la pieza brilla.
-P: Tu nueva creación son unos helados para PlayStation con motivo de su 30º aniversario, ¿qué tiene que ver el juego con la creatividad desde un punto de vista gastronómico?
-R: El juego es imaginación en estado puro, y la gastronomía también lo es. Cuando jugamos, nos permitimos experimentar sin miedo al error, y de ahí nace la innovación. En estos helados para PlayStation hay mucho de eso: colores, formas y sabores que sorprenden y divierten, como si fueran un nivel más dentro de un videojuego, solo que aquí el mando es una cuchara.

-P: En vuestros tres estrellas Michelin se le da al postre un papel protagonista. ¿Crees que los restaurantes gastronómicos prestan suficiente atención a esta parte dulce final?
-R: Cada vez más, y eso me alegra. Durante años el postre ha sido un poco el olvidado, como un cierre rápido y obligado. Pero el postre es la última memoria que se lleva el comensal, y ahí hay una gran oportunidad de emocionar. No es un final, es un broche, un regalo. Y creo que muchos restaurantes están empezando a entenderlo así.
“No todo el mundo puede venir a un tres estrellas, pero todo el mundo tiene una nevera en casa”
-P: En los últimos tiempos han dedicado mucha atención a la divulgación de recetas fáciles, de aprovechamiento y caseras. Como chefs, ¿tenéis una responsabilidad para ayudar a la gente a comer mejor? ¿Cuál es la filosofía detrás de estos videos?
-R: Sí, absolutamente. No todo el mundo puede venir a un tres estrellas, pero todo el mundo tiene una nevera en casa. Con mi último libro, La Nevera Medio Llena, con mis sobrinos hemos hecho recetas pensadas para gente que quizá no cocina habitualmente, pero que quiere cuidarse y divertirse al mismo tiempo. La filosofía es democratizar un poco la cocina: quitarle solemnidad, acercarla al día a día y demostrar que comer bien no tiene que ser complicado ni caro.
-P: Si pudieras mandar un único mensaje a todos tus seguidores, ¿cuál sería?
-R: Que nunca pierdan la capacidad de emocionarse. Con la comida, con una canción, con una conversación, con un gesto pequeño. Porque en esas emociones está la verdadera felicidad.
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