
La comparación constante, las exigencias de producción y la idea de que trabajando en exceso se podrá conseguir todo lo que uno se proponga provocan que cada vez haya más personas que se enfrenten a una cierta ansiedad al intentar terminar una tarea. Es un proceso que se repite: una vez se consigue dejar atrás la página en blanco, llega un punto en el que el proyecto se estanca y, por más que se intente, resulta muy complicado continuarlo.
En esos momentos, son varios los pensamientos que generalmente acuden a la mente, sobre todo relacionados con el fracaso o la expectativa de cumplir unos estándares de calidad muy altos. Es frecuente que las personas que se enfrentan a este problema y nunca terminan lo que empiezan se autodenominen “perfeccionistas”.
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El psicólogo Ángel Macías, sin embargo, destaca que este proceso interminable de escribir, borrar y reescribir buscando una supuesta excelencia “no es perfeccionismo”, sino que depende de una serie de temores, ideas y procesos mentales que son los que nos impiden avanzar en nuestras tareas.
El “falso perfeccionismo”: motivos detrás de la imposibilidad de terminar lo que se empieza
El “falso perfeccionismo”, como lo define el psicólogo Ángel Macías en uno de sus últimos vídeos de TikTok (@angelmaciaspsicologia), se corresponde con la idea de que uno mismo es perfeccionista, cuando en realidad son otros factores psicológicos los que impiden llevar a término un proyecto o retrasar su conclusión hasta el infinito.
En primer lugar, existen dos temores que tienen un papel importante en este proceso: al fracaso y al juicio externo. Tal y como destaca Ángel Macías, existe una “creencia de que cometer errores significa no valer o fracasar como persona”, lo que provoca “ansiedad de rendimiento” (estado de nerviosismo o preocupación que surge antes y durante el desempeño de una tarea, afectando a la concentración y la confianza) y “procrastinación como estrategia de evitación”.
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El miedo al juicio externo o Fear of Negative Evaluation se vincula con la ansiedad social: “Se posterga la finalización de un proyecto porque se teme a la crítica y a no estar a la altura”.
La baja autoestima o la autoestima condicionada es otro de los motivos. En este sentido, el valor de uno mismo se piensa que depende de los logros que se consiguen y el reconocimiento de los demás. Ángel Macías también menciona la autoexigencia desadaptativa: “Se traduce en establecer estándares inalcanzables que nunca generan satisfacción real”.
Las redes sociales, que ya son fundamentales en nuestro día a día, nos permiten mantenernos conectados, pero también potencian una serie de aspectos negativos, como la comparación social constante. En este sentido, aumenta la autocrítica y se busca alcanzar la excelencia solo para equipararse al resto. Así, se establecen objetivos que a veces no son los idóneos o los que una persona quiere perseguir.
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Esto también depende de la herencia de modelos parentales exigentes. Es decir, aquellos que se han criado en entornos en los que las expectativas eran muy altas o en los que el cariño estaba condicionado por los logros (por ejemplo, por las buenas notas) es frecuente que generen “un patrón internalizado de autoexigencia crónica”.
Muchas personas también se enfrentan a la intolerancia a la incertidumbre, algo relacionado con la ansiedad. En este sentido, existe una “necesidad excesiva de control y de seguridad absoluta antes de tomar decisiones”, lo que puede llevar a procrastinar la conclusión del proceso.
Con respecto a esto último, Ángel Macías menciona la “procrastinación perfeccionista o autoimpuesta”, que es aquella en la que las tareas se retrasan ante la idea de que “todavía no está listo” porque no ha alcanzado la expectativa altísima prestablecida: “Nunca llega a estarlo”, destaca que psicólogo.
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Las personas que se identifican con este proceso también suelen tener dos pensamientos frecuentes: uno dicotómico en el que establecen un “todo o nada”, es decir, que, si algo no es perfecto, es un fracaso, y otro de sobreidentificación con el logro. En cuanto a este último punto, “la identidad personal se confunde con el rendimiento” y “esto hace que cualquier error se viva como un ataque directo al propio valor”.
“Hecho mejor que perfecto”
El psicólogo Ángel Macías explica que es frecuente que las personas que se enfrentan a este problema sientan una gran impotencia al observar que no existe un progreso. En este sentido, destaca que una parte importantísima de ese proceso es llevarlo a una conclusión: “Termínalo ya, da igual que no esté perfecto. Puede haber algún fallo, no hay problema. La perfección ya vendrá con el tiempo después de finalizar un montón de cosas de forma imperfecta. Métete esto en la cabeza: hecho mejor que perfecto”.
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