
El yoga es una de las disciplinas que más ha incrementado su popularidad en los últimos años. Esto se debe, entre otros factores, a que tiene efectos muy positivos a nivel físico y mental.
Una de sus ventajas es que, al existir tantos ejercicios y estiramientos, es fácil encontrar una rutina que se adapte a tus necesidades. Entre todas las asanas que existen, la postura del pez o Matsyasana es una de las más habituales.
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Beneficios de la postura del pez
Matsyasana es una asana enfocada en la apertura y extensión del pecho, conocida dentro del yoga como backbending. Su objetivo es expandir la caja torácica y mejorar la capacidad pulmonar, lo que facilita una respiración más profunda y eficiente.
Esta postura también facilita el estiramiento de la espalda, corrigiendo la postura de los hombros y contrarrestando los efectos negativos de mantener una posición encorvada frente al ordenador o en actividades sedentarias.
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Entre los beneficios físicos, destaca la liberación de la tensión acumulada en la espalda. Además, tiene un impacto positivo en el estado de ánimo y la autoestima. Ajustar la posición de los hombros hacia atrás ayuda a evitar la postura corporal asociada a emociones como la tristeza.
La postura del pez suele emplearse en contraposición tras realizar Sarvangasana (postura de la vela) o Halasana (postura del arado). Su función es equilibrar los efectos físicos de estas asanas, compensando el trabajo en el cuello y la extensión de la espalda precisamente en lugares opuestos a los implicados en las posturas previas.
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Cómo hacer la postura del pez
Para realizarla, es necesario recostarse boca arriba sobre una esterilla, asegurando que la espalda quede bien apoyada en el suelo. Luego, se doblan las piernas hasta colocar los pies debajo de las rodillas. Las manos se llevan debajo de las caderas, con los codos pegados a las costillas para ofrecer apoyo. Una vez en esa posición, las piernas se estiran de nuevo y permanecen en el suelo.
Desde ahí, el siguiente paso requiere impulsar el tronco hacia arriba utilizando la fuerza de los codos, elevando el pecho y propiciando la extensión completa de la parte superior del tórax. Con el pecho elevado, la cabeza se deja caer hacia atrás hasta que la coronilla toque suavemente el suelo, cuidando no forzar el cuello.
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El peso del cuerpo debe distribuirse principalmente entre los codos y la cabeza, permitiendo que el pecho permanezca abierto durante la postura. Por otra parte, deberás concentrarte en la respiración para inflar el plexo solar y facilitar la expansión torácica.
Contraindicaciones
No se recomienda practicar Matsyasana en caso de dolores musculares intensos en la espalda. Si existen molestias en la cabeza o migrañas, es preferible evitar esta postura porque la coronilla soporta una presión significativa. Asimismo, las personas con hipertensión deben abstenerse de incluir esta asana en su práctica regular.
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Como en cualquier práctica de yoga, resulta esencial prestar atención a las señales que emite el cuerpo durante la ejecución de las posturas. Ante cualquier molestia o duda médica, conviene consultar con un profesional especializado.
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