
Damián María Montes, conocido como el padre Damián por su perfil de creador de contenido religioso en redes sociales y por su paso por La Voz, ha comunicado que deja definitivamente el sacerdocio tras 20 años de vocación y casi tres de discernimiento personal, una decisión que acompaña con el inicio de una nueva vida volcada en la educación, la creación cultural y su ámbito civil.
El ya exsacerdote ha explicado que la decisión llega después de “casi tres años de preguntas, de búsqueda, de silencios y de una profunda lucha interior”. En el mensaje, difundido a través de un vídeo dirigido a sus “queridos amigos”, como llama siempre a sus seguidores, ha asegurado además que ya había comenzado una vida nueva fuera de la comunidad religiosa.
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Para el gran público, Montes quedó asociado a su participación en La Voz, en la etapa de Telecinco, donde concursó en el equipo de Antonio Orozco y proyectó una imagen poco habitual de un sacerdote vinculado a la música pop. Sin embargo, su recorrido principal, según ha recordado él mismo, ha estado en el trabajo misionero y pastoral desarrollado durante 20 años.

El padre Damián cuelga los hábitos
En ese balance personal, ha definido ese itinerario como una experiencia exigente y ha reconocido que la salida del sacerdocio responde a uno de los procesos más duros de su vida. “He decidido retirarme definitivamente del ejercicio del ministerio sacerdotal”, ha afirmado al comienzo de su carta y de su intervención pública.
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Montes ha evitado detallar los motivos concretos de su marcha, aunque sí ha admitido la existencia de factores de fondo que han marcado los últimos años de su oficio. En su mensaje habla de “razones de peso” que prefiere reservarse y que, según sus palabras, hicieron su servicio misionero “enormemente difícil”.
El exconcursante de La Voz también ha descrito ese tramo final como un periodo de sufrimiento. “Los últimos años de servicio han sido muy duros y han estado bañados de una enorme tristeza ya pasada”, ha confesado, antes de subrayar que encara el futuro con “una gran paz”.
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Lejos de presentar la decisión como una ruptura traumática, ha insistido en que se marcha “en paz y con la conciencia tranquila de haber amado de verdad cada misión encomendada, de haber abierto caminos y de haber creado puentes de diálogo necesarios”. En el mismo tono, ha calificado sus dos décadas de vida religiosa como “la mejor escuela posible”.
A lo largo de su intervención, Damián María Montes ha repasado además su trayectoria como sacerdote misionero en India, Honduras, Tailandia y Colombia, así como en distintas ciudades españolas e italianas. En esa revisión de su recorrido, ha reivindicado el trabajo realizado con jóvenes, personas vulnerables y comunidades a las que acompañó durante años.
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La nueva vida del padre Damián
El anuncio no se limita al abandono del ministerio. Montes ha trazado también el marco de su nueva vida fuera del sacerdocio y lo ha vinculado a lo que define como su vocación natural: la educación, la literatura, la poesía, el teatro y la comunicación. En esa nueva etapa, ha revelado que ya trabaja en una comunidad educativa y que ha asumido la vicedirección académica de una institución internacional.

A esos proyectos prevé sumar otros ligados a la escritura, la creación de contenido, la televisión, el teatro y la figura de Federico García Lorca, autor al que dedicó sus estudios de doctorado. La dimensión personal ocupa igualmente un lugar central en su despedida. Montes ha reconocido que espera que esta etapa le abra una nueva vida: “Estoy dispuesto para un futuro apasionante en el que ojalá se me brinde la oportunidad de una vida nueva, compartida o de formar mi propia familia”.
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También ha reivindicado con claridad su perfil artístico. “He nacido poeta y artista”, ha dicho, en una referencia inspirada en una reflexión de Lorca con la que ha querido explicar el rumbo que pretende dar ahora a su vida pública y profesional. El mensaje concluye con agradecimientos a Dios, a su familia, a las comunidades religiosas en las que ha servido y a todas las personas que le han acompañado durante estos años.
Antes de cerrar, ha pedido a sus seguidores que continúen a su lado y ha resumido su posición ante lo que viene con una frase final: “No sé exactamente cómo será el futuro, pero sí sé que quiero vivirlo con libertad y con gratitud”. La despedida pública de su identidad sacerdotal ha quedado sellada con otra declaración de fuerte carga simbólica: “Me quedo con vosotros y ahora llamadme simplemente Damián María”.
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