
España cerró 2024 con un balance de siniestralidad laboral que destaca claras desigualdades en el riesgo de accidente entre sectores productivos, reflejando además diferencias de exposición según el sexo de la población trabajadora. Los resultados del informe del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), organismo dependiente del Ministerio de Trabajo y Economía Social, revelan que no todos los sectores presentan la misma incidencia: la construcción, la agricultura y el transporte se consolidaron como ámbitos críticos por la frecuencia con la que se producen accidentes graves y mortales.
A lo largo del año se notificaron un total de 4.583 sucesos de este tipo en jornada, con un índice de 22,5 por cada 100.000 afiliados. La construcción de edificios tuvo un índice de 86,3 en este apartado, y el transporte terrestre y por tubería alcanzó 64,6, seguido de la agricultura y ganadería con 46,4.
En cuanto a los sectores con mayor incidencia de toda clase de accidentes, independientemente de su gravedad, la construcción de edificios se mantiene a la cabeza del listado, con un registro de 33.178 accidentes para un total de 525.077 trabajadores, resultando en un índice de 6.318,7 casos por cada 100.000 empleados. Le sigue la construcción especializada (47.194 trabajadores afectados, 817.033 personas, 5.776,3 de índice) y la industria alimentaria (22.650 accidentes, 425.695 empleos, 5.320,7 de índice).
Durante el año, el país acumuló una población activa asegurada frente a accidentes de 20.353.139 personas, distribuidas entre asalariados y trabajadores autónomos. En este entorno se notificaron 556.385 accidentes de trabajo en jornada con baja, lo que se traduce en un índice nacional de 2.733,7 accidentes por cada 100.000 trabajadores. Este dato global, aunque significativo, esconde realidades dispares si se analizan los registros por ramas de actividad y por sexo.
Mayor siniestralidad entre hombres que mujeres
Al analizar la siniestralidad desde esta perspectiva, el informe muestra dos retratos paralelos. En 2024, la población masculina con contingencia cubierta ascendió a 10.825.915 trabajadores, frente a 9.527.223 trabajadoras protegidas. El volumen de accidentes con baja entre hombres fue de 392.290, que implica un índice de 3.623,6. En mujeres, los siniestros registrados fueron 164.095, con un índice mucho menor, de 1.722,4. Los datos revelan así que los hombres tienen el doble de probabilidad de sufrir un accidente en jornada respecto de las mujeres.

Entre los hombres, los sectores de mayor siniestralidad corresponden a fabricación de productos metálicos (8.009,0 cada 100.000 afiliados), construcción de edificios (7.190,6), actividades de construcción especializada y la industria alimentaria. Es en estos sectores industriales y constructivos donde se concentra la mayor parte del riesgo grave y mortal en la población masculina.
Por otro lado, entre las trabajadoras, los sectores más peligrosos se vinculan con lo social y el cuidado. La asistencia en establecimientos residenciales lidera la siniestralidad femenina, con un índice de 5.116,7 accidentes por cada 100.000 afiliadas. Le siguen los servicios de alojamiento (4.504,7), la industria alimentaria y las actividades de servicios sociales sin alojamiento.
La gravedad también marca una brecha. El índice de accidentes graves o mortales fue de 35,7 cada 100.000 trabajadores varones, mientras que entre las mujeres apenas alcanzó los 7,6, cinco veces menos. En hombres, el perfil sectorial de riesgo grave o mortal repite la tendencia vista en el análisis global. En mujeres, aunque la incidencia es menor, actividades como agricultura, deportivas y recreativas, administración pública y servicios sociales destacan.
Criterios para la acción normativa
La clasificación de actividades económicas según el índice de incidencia de accidentes de trabajo permite identificar los colectivos con mayor riesgo de sufrir accidentes, lo que resulta útil para detectar grupos vulnerables y orientar recursos en evaluación de riesgos, vigilancia de la salud y prevención. Los resultados obtenidos facilitan la planificación y gestión preventiva de empresas, mutuas, interlocutores sociales e Inspección de Trabajo.

“Disponer de información precisa sobre los sectores con mayor siniestralidad laboral nos permite dirigir los esfuerzos preventivos hacia las actividades donde más se necesitan, garantizando una mayor protección de la seguridad y salud laboral de la población trabajadora”, ha expuesto la directora del INSST, Aitana Garí Pér, en declaraciones recogidas por Europa Press.
Este informe cobra especial relevancia en el contexto de los intentos del Gobierno por reducir la edad de jubilación para las profesiones más peligrosas a través de la aplicación de coeficientes reductores, una medida que busca reconocer la penosidad y el riesgo de determinadas actividades.
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