
El verano de 2024 fue el más caluroso registrado hasta la fecha, y el de este año también se postula como uno de los más tórridos. Año a año, las temperaturas suben, y las consecutivas olas de calor afectan cada vez más a nuestra salud y nuestra rutina. En este 2025, según el sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, 1.180 muertes entre el 16 de mayo y el 13 de julio fueron consecuencia de las altas temperaturas, lo que supone un aumento del 1.300% respecto al mismo periodo del año pasado.
A esto se le suma que un 95% de quienes perdieron la vida tenían más de 65 años, y seis de cada diez fueron mujeres. Las personas mayores, los menores, y quienes padecen una enfermedad crónica, son colectivos muy vulnerables a las altas temperaturas. Pero, además, hay muchos trabajadores que están expuestos durante largas jornadas de trabajo al sol y al calor, y ellos también pueden sufrir las consecuencias.
“La fatiga térmica reduce la concentración”
El aumento de muertes por calor extremo ha coincidido con el incremento de episodios de olas de calor en regiones que habitualmente no registran temperaturas tan altas, como Galicia, La Rioja, Asturias y Cantabria. La poca adaptación de infraestructuras y hábitos laborales a estos nuevos escenarios climáticos pone en riesgo la salud de miles de trabajadores expuestos al estrés térmico.
“El calor extremo impacta, sin duda, en la salud de las personas trabajadoras, sobre todo en sectores como la construcción, agricultura, limpieza viaria, logística o restauración, por citar algunos”, advierte Gemma Martos, directora del área laboral de CE Consulting, a Infobae España, y añade que el efecto “no es solo físico, sino también productivo: la fatiga térmica reduce la concentración, aumenta los errores y eleva el riesgo de accidentes”.
Y, aunque el impacto del calor en la actividad y la seguridad laboral es más grave entre los colectivos vulnerables (personas mayores, enfermos crónicos o mujeres embarazadas), ninguna actividad está exenta. Por esto, contar con aire acondicionado, reducir los desplazamientos de los trabajadores o promocionar el teletrabajo han pasado a formar parte de las estrategias de muchas empresas para la época estival.

Obligaciones y derechos ante episodios extremos: “No cumplir estas medidas puede derivar en sanciones graves”
La legislación española se ha ido adaptando a los efectos cada vez más graves del calor. Desde mayo de 2023, el Real Decreto-Ley 4/2023 prohíbe los trabajos al aire libre durante olas de calor y obliga a las empresas a reducir o interrumpir la actividad en estos casos. El Real Decreto 1561/1995 añade que, ante la imposibilidad de evitar riesgos con medidas preventivas, debe reducirse la exposición sin pérdida salarial.
“La normativa española obliga a interrumpir o reducir jornadas al aire libre durante episodios extremos, asegurar condiciones térmicas adecuadas en interiores, facilitar agua fresca, ropa ligera, descansos frecuentes y zonas de sombra. Además, existen figuras como el permiso climático retribuido y el derecho de parada climática”, recuerda Martos.
Asimismo, puntualiza que “no cumplir estas medidas puede derivar en sanciones administrativas graves”. “Las empresas deben actuar, no solo reaccionar, de ahí la importancia de una cultura preventiva en cuanto a riesgos laborales. La actitud debe ser proactiva y corresponsable”, explica la directora de laboral.
Estrés térmico y productividad: “Es un tema que conecta salud, seguridad y eficiencia económica”
El calor no solo representa un riesgo para la salud, sino que también tiene un impacto directo en la capacidad productiva de las empresas. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo señala que durante las olas de calor el riesgo de accidentes laborales aumenta un 17%. A escala global, la OIT estima que el estrés térmico podría provocar una pérdida del 2,2% de las horas trabajadas para 2030, equivalente a 80 millones de empleos a tiempo completo.
“El impacto del calor en la productividad de la empresa es una realidad. El informe de la OIT Trabajar en un planeta más caliente destaca que el estrés térmico puede reducir hasta un 60% la capacidad laboral en tareas pesadas al aire libre. Es un tema que conecta salud, seguridad y eficiencia económica”, apunta Martos.
Por todo esto, las empresas deben planificar, evaluar y adaptar sus espacios y jornadas, establecer sistemas de alerta temprana y formar a directivos y personal sobre la importancia de la gestión climática. “Los directivos tienen que liderar con el ejemplo, priorizando el bienestar de la plantilla, reorganizando turnos, promoviendo jornadas intensivas o híbridas, optimizando el uso del aire acondicionado y formando a los mandos sobre gestión climática”, señala la directiva de CE Consulting.
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