
Aunque muchas veces se consideran aliados de una alimentación saludable, algunos alimentos pueden resultar problemáticos para el sistema digestivo, generando hinchazón o distensión abdominal. Así lo advierte la médica e influencer Isabel Viña, quien a través de su cuenta de TikTok —donde divulga contenido relacionado con nutrición, salud hormonal y bienestar general— ha señalado cinco alimentos que podrían estar detrás de estas molestias: el ajo, la cebolla, los espárragos, la coliflor, la manzana y los anacardos.
Según explica Viña, estos alimentos contienen ciertos compuestos difíciles de digerir para muchas personas. Por ejemplo, tanto el ajo como la cebolla son ricos en fructanos, un tipo de carbohidrato perteneciente a los llamados FODMAP (acrónimo en inglés de Oligosacáridos, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles Fermentables). Estos azúcares de cadena corta no se absorben completamente en el intestino delgado y, al llegar al colon, son fermentados por bacterias intestinales, produciendo gases que pueden causar sensación de hinchazón y malestar. Además, esta fermentación suele ir acompañada de un aumento en la cantidad de agua en el intestino, lo que intensifica la distensión.
Los espárragos, aunque reconocidos por sus propiedades antioxidantes y su riqueza en fibra, contienen inulina, un tipo de fibra prebiótica que, si bien puede beneficiar la salud intestinal a largo plazo, también provoca fermentación cuando es consumida en exceso, generando gases y sensación de pesadez. La coliflor, por su parte, pertenece a la familia de las crucíferas y contiene rafinosa, otro oligosacárido difícil de digerir que produce efectos similares en el sistema digestivo.
Las frutas no están exentas de este fenómeno. En el caso de la manzana, su contenido de fructosa y sorbitol puede ser problemático para quienes presentan sensibilidad a estos azúcares. Ambos componentes también forman parte de los FODMAP, y requieren mecanismos especiales de transporte intestinal. Cuando no se metabolizan correctamente, tienden a fermentar y provocar molestias gastrointestinales.
En cuanto a los anacardos, aunque son una fuente excelente de grasas saludables, proteínas y minerales como el magnesio, también contienen altos niveles de polialcoholes, especialmente sorbitol, lo que puede ralentizar el proceso digestivo y generar gases. Este efecto se acentúa si se consumen en grandes cantidades o en combinación con otros alimentos ricos en FODMAP.
La explicación de Viña se inserta dentro de un contexto más amplio que ha ganado notoriedad en los últimos años: el impacto de los FODMAP en la salud digestiva. Estos compuestos, aunque no perjudiciales en sí mismos, pueden ser mal tolerados por personas con síndrome del intestino irritable (SII) u otras sensibilidades gastrointestinales. Instituciones médicas como la Cleveland Clinic o la Oregon Clinic recomiendan dietas bajas en FODMAP para aliviar síntomas como distensión, gases, dolor abdominal y alteraciones en el tránsito intestinal.
Lejos de fomentar una eliminación radical de estos alimentos, la médica e influencer propone un enfoque equilibrado. Recomienda, por ejemplo, cocinar o asar el ajo y la cebolla, ya que el calor puede reducir su contenido de fructanos, o introducir gradualmente alimentos como los espárragos y la coliflor en la dieta, permitiendo que la microbiota intestinal se adapte. También sugiere pelar o cocinar las manzanas para disminuir su carga de sorbitol y fructosa, y moderar la ingesta de anacardos, preferiblemente combinándolos con otros frutos secos menos fermentables y acompañándolos con suficiente hidratación.
Viña insiste en la importancia de escuchar al cuerpo y adaptar la alimentación a las necesidades individuales. A través de sus contenidos en redes sociales, promueve una nutrición consciente y basada en evidencia científica, recordando que no todos los cuerpos reaccionan igual ante los mismos alimentos. Si bien el ajo, la manzana o los espárragos pueden ser perfectamente tolerados por muchas personas, quienes padecen molestias digestivas recurrentes deberían plantearse ajustes en la dieta bajo la orientación de un profesional de la salud.
En definitiva, su mensaje es claro: no se trata de demonizar alimentos, sino de comprender cómo interactúan con nuestro organismo y adaptar su consumo a nuestra realidad personal. La salud intestinal, como otros aspectos del bienestar, comienza por una alimentación informada y personalizada.
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