
Los hoteles son lugares de grandes historias, personajes fascinantes y de un enorme misticismo. Cuando hablamos de edificios de lujo, las posibilidades se multiplican. Políticos, empresarios, artistas y hasta millonarios desconocidos se cruzan por los pasillos y los ascensores de los mejores hoteles de todo el mundo.
En estos lugares, existe una figura indispensable. El capitán del barco en los hoteles es el conserje. Establece una red de conexiones entre clientes y compañeros. Por ello, resulta muy interesante cómo es este puesto de trabajo en los hoteles más demandados por las clases adineradas y la élite de un país.
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Manuel Pizarro fue conserje del Rosewood Villa Magna de Madrid durante más de 40 años. Aimar Bretos, en Hora 25 de la Cadena SER, ha querido conocer los entresijos de un empleo tan especial y donde ha podido coincidir con todo tipo de personajes. En la conversación ha desvelado anécdotas y características de sus años como conserje.
“Ver, oír y callar”
El periodista le plantea la pregunta de “¿qué normas se tienen que tatuar si o si un conserje?“. Ante esta cuestión, Pizarro no ha dudado en señalar la fidelidad como el factor clave. Para este veterano trabajador esta cuestión va en las dos direcciones, tanto hacia los clientes como a la compañía.
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“Es un ver, oír y callar. Porque en estos sitios, en mis 46 años, he visto todo o casi de todo”, explica Pizarro. Puedes coincidir con personas muy conocidas y cuyas intimidades podrían provocar debates públicos o el interés del público, de manera que la tarea del conserje es favorecer su privacidad.
Su posición hace que haya desarrollado importantes conocidos, “Algunos clientes me llaman Manuel, me preguntan cómo estás y voy a comer con ellos”, asegura Pizarro. Cuando Aimar Bretos le pregunta por la posibilidad de contemplar secretos de sus clientes (pone el ejemplo de ver a alguien con distintas parejas), la respuesta es tajante: “aquí no se entera nadie”.
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Peticiones y líneas rojas
Una de las principales tareas del conserje es atender a las solicitudes de los clientes. Un caso muy habitual es pedir una mesa en el restaurante del hotel o realizar alguna petición de cara a que un empleado pueda llevárselo a la habitación, buscando la discreción.
No obstante, también existen las fronteras infranqueables. Pizarro explica que un conserje no puede acceder a solicitudes relacionadas con drogas, prostitución o cualquier actividad delictiva. “Estoy para todo lo que ellos quieran”, pero reconoce que al negar alguna petición, las reacciones varían: “Algunos lo entienden y otros, no”.
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Más allá de esta normas, “no les puedes decir que no”. En palabras de Pizarro: “Yo les digo que lo intento. Incluso si tengo los tickets, les digo que lo voy a intentar. Me ha pasado con la final de la Champions; los tenía en el bolsillo y aun así les digo que lo voy a intentar”. De esta forma, aconseja que nunca debes dar por perdido o por imposible una solicitud, al igual que tampoco debes asegurar hasta el último momento, pues puede surgir cualquier imprevisto o prioridad que haga cambiar tus planes.
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