
El desperdicio de alimentos y las enfermedades transmitidas por su consumo en mal estado son dos de los grandes retos actuales para la salud pública y la sostenibilidad ambiental. En la Unión Europea, cada persona desecha de media 132 kilos de comida al año, lo que se traduce en más de 59 millones de toneladas anuales, con un coste económico y ecológico considerable. Ante esta realidad, tres jóvenes investigadores españoles, Pilar Granado, Pablo Sosa Domínguez y Luis Chimeno, han desarrollado una solución innovadora: etiquetas inteligentes biodegradables que detectan en tiempo real el estado de frescura de los alimentos.
Estas etiquetas, creadas por la empresa Oscillum, representan una nueva generación de tecnología alimentaria. Incorporan biosensores capaces de identificar los compuestos volátiles que emiten los productos en proceso de descomposición. A diferencia de las tradicionales fechas de caducidad o los indicadores basados en tiempo y temperatura, estas etiquetas ofrecen una evaluación directa de la actividad bacteriana.
El objetivo es doble: evitar intoxicaciones alimentarias y reducir el volumen de alimentos que se tiran sin necesidad. “Colocamos el biosensor en contacto con el alimento y, con un simple cambio de color, indica si es seguro consumirlo o debe desecharse”, explica Pilar Granado en un video de presentación al Premio a Jóvenes Inventores 2025, donde han conseguido posicionarse dentro del top 10 de los mejores innovadores, según la European Patent Office (EPO).
¿Cuántos alimentos comestibles se tiran por desinformación?

La idea surgió durante sus años en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Una anécdota doméstica fue el detonante: “Pablo tenía un trozo de carne en la nevera con un aspecto y un olor muy extraños” y decidió comérselo pese a las advertencias de sus compañeros. Aunque no sufrió consecuencias, el episodio llevó al grupo a reflexionar sobre cuánta comida perfectamente comestible se tira por falta de información fiable sobre su estado. Así nació la propuesta de una etiqueta que ofreciera una lectura clara y en tiempo real de la frescura del alimento.
Desde su fundación en 2019, Oscillum ha trabajado en el desarrollo y perfeccionamiento de estas etiquetas. Su funcionamiento se adapta a distintos productos: carnes, pescados, frutas, verduras y alimentos envasados. En el caso de los vegetales, incluso permiten detectar el grado de maduración, lo que ayuda a evitar que frutas o hortalizas en perfecto estado sean descartadas antes de tiempo.
Esta herramienta no solo beneficia a los consumidores, sino también a los minoristas. Permite optimizar la gestión de inventario, reducir pérdidas por caducidades y fortalecer la confianza del cliente. Además, para comunidades con recursos limitados o infraestructuras inadecuadas para la conservación de alimentos, las etiquetas de Oscillum suponen una herramienta clave en la prevención de enfermedades.
Sostenibilidad, economía y social

El impacto de esta innovación ha sido reconocido internacionalmente. En 2025, Granado, Sosa y Chimeno han sido seleccionados entre los diez mejores innovadores del Premio a Jóvenes Inventores, gracias a un proyecto que alinea ciencia y compromiso social. Asimismo, la empresa también ha recibido apoyo a través de programas de aceleración, alianzas estratégicas y fondos de innovación. Por lo que, actualmente Oscillum está desarrollando soluciones de envasado activo que no solo detectan el estado del alimento, sino que interactúan con él para prolongar su vida útil. La protección temprana de su propiedad intelectual ha sido decisiva para posicionarse en el competitivo mercado de la tecnología alimentaria.
Más allá de su impacto económico, el proyecto responde a varios ‘Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU’: desde el Hambre Cero hasta la Acción por el Clima. “Entendemos la sostenibilidad como un equilibrio entre factores ambientales, económicos y sociales”, afirma Sosa Domínguez. Por su parte, Chimeno subraya que el alcance de la tecnología va más allá del consumidor habitual: “Puede reducir el desperdicio de alimentos y su impacto ambiental, a la vez que previene intoxicaciones alimentarias, especialmente en regiones con infraestructura limitada”.
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