
Juan José Millás, reconocido periodista y escritor español, ha compartido recientemente algunas reflexiones sobre la vejez. En una de estas conversaciones, con el medio Esquire - coincidiendo con el lanzamiento de su libro Ese imbécil va a escribir una novela -, Millás ofrece su visión sobre la vida y el inexorable paso del tiempo.
Las reflexiones de Juan José Millás
Para Millás, la vida se compone de una serie de transiciones incesantes. “La vida es cambio, toda la vida es cambio: niñez, juventud, madurez, encuentras un trabajo, te estabilizas, te casas, tienes hijos y parece que te instalas en una especie de meseta. Luego se mueren tus padres, llega un divorcio y así van transcurriendo los años. Nos creemos que vivimos momentos de estabilidad, pero todo en la vida es puro cambio. La vejez es uno de esos cambios, lo que pasa es que es el último”. Esta observación subraya cómo cada fase vital es parte de un flujo constante y que la vejez es una más en este continuum.
Según Heraldo, Millás sale “todas las mañanas al parque y ando una hora y media, y eso me da un chute de energía muy grande. Muchas ganas de trabajar. Y claro, a menudo el sentimiento que uno tiene de sí mismo es el de un muchacho. Pasas delante de un espejo y de repente, como le sucedió a Freud, te preguntas: '¿Quién es ese viejo?’. Eso pasa a veces, durante una fracción de segundo; existe tal distancia entre cómo te sientes y cómo te ven los demás que hay un desajuste ahí. Sí, tengo 79 años, pero generalmente tengo la mentalidad de un muchacho”.

Millás no teme a la muerte, pero sí a la decrepitud: “¡Bendita eutanasia!"
Profundizando en el tema de la vejez, Millás compartió con El Periódico otra reflexión: “Sé que esto se acaba y puede ser ahora mismo, claro. La vejez es un territorio ignoto, es un país sin cartografiar. Llegas ahí un día sin saber nada. Aunque es un proceso paulatino, no es que sea de repente, pero sí hay un momento en que dices ya he entrado y este es mi país, y está sin cartografiar. Por eso yo digo que se parece mucho a la adolescencia porque es igual de desconcertante. En la vejez hay misterios, hay confusión. Pero de este modo podría empezar precisamente la autobiografía de una adolescencia. Sé que me moriré y lo tengo asumido y aceptado, no me importa, sí tengo miedo a la decrepitud, la soportaría mal y no sé si la soportaré”.
En cuanto a su enfoque personal sobre el envejecimiento, Millás menciona: “Imagino que cada uno lo hace como puede. En mi caso, creo que tengo momentos de enorme serenidad y también momentos de mucha agitación. En estos últimos intento negociar conmigo mismo todo lo que puedo. Lo que uno desea es acabar bien”. Estas palabras reflejan las fluctuaciones emocionales que enfrenta al transitar por la vejez. “Me explico”, continúa, “la ciencia ha logrado alargar la vida, pero no siempre en las mejores condiciones. No hay más que ver algunas residencias de ancianos que son puras escombreras. Así que a lo único que aspiro es a acabar bien. ¡Bendita eutanasia!”.
Finalmente, Millás comenta su interés constante por el tema de la muerte, sobre la que piensa “todos los días pero sin dramatismos. Es un suceso que siempre me ha interesado mucho, leo mucho sobre ello, sobre las experiencias cercanas a la muerte”.
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