
La paternidad y la maternidad son momentos vitales que dan bastante vértigo, especialmente para aquellas personas que esperan a su primer hijo. Las dudas sobre si lo harán de forma correcta suelen inundar sus cabezas, ya que existe el temor de no darle una educación adecuada o darse cuenta con el tiempo de que ciertos comportamientos suyos están potenciados por la manera en la que se le ha instruido durante sus primeros años de vida.
El afecto, la atención y el respeto son valores principales para que un hijo pueda crecer de una forma sana: el niño que es ahora y que le han enseñado a ser será el adulto del mañana. Por este motivo, es fundamental que, mientras todavía es pequeño, las acciones de los padres se orienten hacia el aprendizaje y el cariño.
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El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, especializado en esta disciplina a nivel infantil, destaca que estos primeros años de vida son muy importantes, especialmente hasta los cinco, ya que “marcan un antes y un después” porque esa “es la edad en la que empiezan a desarrollar una mayor conciencia social y aparece la vergüenza”. En una publicación compartida en su cuenta de Instagram (@soyalvarobilbao), el experto señala algunas prácticas que los padres deberían implementar en las rutinas con sus hijos para que estos crezcan conociendo el amor y la seguridad.
Decir y escuchar “te quiero”
Pese a que esta es una frase sencilla, tal y como destaca Álvaro Bilbao, está “llena de significado”. Es una muestra de amor sencilla a la que el neuropsicólogo explica que hay que acostumbrar a los niños: “Muchos adultos no lo han escuchado de sus padres”. Esto hace que se repitan las mismas dinámicas y, en ocasiones, las personas que no recibieron demasiadas muestras de afecto por parte de su familia hacen lo mismo con sus hijos.
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"Díselo desde que son pequeños para que ellos sientan normal recibir amor y expresarlo a los demás", aconseja el experto, destacando que un pilar fundamental de un crecimiento sano es conocer el afecto y el cariño.
Bailar con ellos
Tal y como destaca el neuropsicólogo, la vergüenza aparece en torno a los cinco años. Es un momento en el que los niños comienzan a sentirse avergonzados si hacen ciertas acciones o si observan que las personas de su alrededor las realizan. Antes de esta edad, Álvaro Bilbao recomienda implementar el baile como una forma de demostrar cariño y como un recuerdo divertido e inolvidable.
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“Antes de que sientan vergüenza o sean demasiado pesados, disfruta del enorme placer de bailar con tus hijos en brazos. Dejarás una escena imborrable de amor en sus recuerdos”.
Acurrucarlos en la cama
Muchos padres se niegan a dormir con sus hijos porque consideran que, si estos se acostumbran a ello, luego será muy complicado que comiencen a hacerlo en su propia cama. El neuropsicólogo destaca que la práctica de acurrucarlos en la cama de los padres también genera un momento íntimo y bonito, aunque no se duerma con ellos: “Puede que no disfrutes de dormir con tus hijos en la misma cama, pero acurrucar a un pequeñajo entre tus sábanas, aunque sea el domingo por la mañana, creará recuerdos preciosos y os unirá más todavía”.
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Seguridad entre sus brazos
Los padres se convierten en el mayor apoyo para un niño que tiene una infancia sana. Entre sus brazos puede encontrar un refugio seguro y acostumbrarle a que puede contar con su familia siempre que lo necesite potenciará la confianza, la comunicación y la tranquilidad.
“Llévalos en brazos a la cama, dales un abrazo si lloran y sostenlos en tus brazos cuando te busquen porque sienten calma”, explica el experto. “Pronto serán demasiado grandes para que puedas soportarlos y hacerles sentir seguros en tus brazos”.
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La desnudez del cuerpo
Álvaro Bilbao también destaca que la familia se convierte en una fuente de aprendizaje y normalización. Por este motivo, explica que el hecho de tratar como algo cotidiano la desnudez en el hogar no es negativo, ya que puede conseguir que el pequeño se sienta más cómodo en un futuro con su propio cuerpo si entiende que es algo natural.
Así, el neuropsicólogo destaca que los padres, cuando sus hijos son muy pequeños, no deben avergonzarse si estos les ven ducharse o cambiarse. En todos los hogares debe haber un espacio para el pudor y la intimidad, pero hacerles comprender que el cuerpo es algo natural y comunicarse con ellos sobre ciertas prácticas que nunca deben tolerar fomentará su empatía, su confianza en ellos mismos y en sus padres y su seguridad.
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