Las mujeres jóvenes tienen siete veces más probabilidades que los hombres de ser enviadas a casa durante un infarto

La consideración de los síntomas como “atípicos” hacen que muchas no reciban a tiempo las pruebas cardiacas necesarias

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Mujer adulta agarrándose el pecho (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los diagnósticos fallidos en los infartos en mujeres pueden estar aumentando el riesgo de muerte. Catalogar los síntomas como algo “atípico” es el principal problema, ya que las menores de 55 años tienen una probabilidad siete veces mayor que los hombres de ser dadas de alta en urgencias sin haberles hecho previamente las pruebas cardiacas adecuadas.

Una de las historias que resume ese problema es la de Barbara Collura, embajadora de la Family Heart Foundation, quien acudió a urgencias con falta de aire, sudores y un dolor en la espalda que se irradiaba por el brazo izquierdo. Según cuenta Science Alert, las pruebas que le realizaron salieron normales y, por ello, fue enviada a casa. Sin embargo, al día siguiente, un cardiólogo consideró que sus síntomas podrían estar relacionados con la ansiedad y esa misma noche sufrió un infarto.

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Sin embargo, este caso no es aislado. La brecha de género en cardiología tiene un coste directo en las vidas e investigadores australianos estiman que hasta el 20% de las muertes por infarto en mujeres podrían evitarse si todos los pacientes recibieran el mismo tratamiento y diagnóstico a tiempo.

Por qué se diagnostican peor los infartos en mujeres

Durante décadas, muchos médicos han considerado “atípicos” los síntomas de infarto en mujeres porque pueden diferir de los descritos con más frecuencia en hombres. El problema se encuentra en que esa etiqueta puede inducir a interpretar los signos como inusuales o incluso ajenos al corazón.

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Los estudios que se han realizado de forma más reciente apuntan a una base común: más del 90% de las mujeres y de los hombres describen el dolor en el pecho durante un infarto. La diferencia es que ellas presentan con más frecuencia náuseas, falta de aire, cansancio, dolor en la mandíbula o entre los omóplatos. Todo ello es una combinación que puede enturbiar el diagnóstico.

El cardiólogo Stephen Nicholls, director del Victorian Heart Hospital de Australia, considera que el término “atípico” está desfasado y debe cambiar. Pese a las campañas sobre la importancia de la enfermedad cardiaca en mujeres, sigue existiendo la idea social de que se trata de un problema masculino.

Esa percepción choca con los datos porque la enfermedad cardiovascular es hoy la primera causa de muerte entre las mujeres en Estados Unidos y provoca una cifra de fallecimientos similar a la de los hombres. Aún así, los estudios muestran que ellas tienen menos probabilidades de recibir aspirina, maniobras de reanimación o traslado en ambulancia al hospital con prioridad.

El sesgo masculino en cardiología sigue presente

La disparidad tiene incluso nombre: síndrome de Yentl. El término fue acuñado en 1991 por la cardióloga estadounidense Bernadine Healy a partir de la película protagonizada por Barbra Streisand, cuya protagonista se hace pasar por hombre para acceder a la misma educación que sus compañeros.

Además, existen factores de riesgo que afectan específicamente a las mujeres, como la menopausia, el síndrome del ovario poliquístico metabólico poliendocrino y las complicaciones asociadas al embarazo, a menudo no se incorporan a la evaluación clínica del riesgo de infarto.

La Comisión de Salud Pública ha aprobado la propuesta de modificación del programa de cribado poblacional de cáncer de mama en el Sistema Nacional de Salud (SNS), que amplía la población objetivo para incluir a mujeres de entre 45 y 74 años. (Fuente: Ministerio de Sanidad)

Por su parte, Michelle O’Donoghue, del Brigham and Women’s Hospital de Boston y de la Facultad de Medicina de Harvard, advierte de otro error extendido: imaginar que todos los infartos son bruscos, aparatosos e incapacitantes. Esa idea puede llevar a las pacientes a restar importancia a sus propios síntomas si no encajan en ese estereotipo.

Muchos infartos son más silenciosos y graduales, y precisamente por eso se pasan por alto. Las mujeres describen con frecuencia el dolor torácico como una presión sorda o pesada que dura unos minutos y luego desaparece, y además tienen más probabilidades de sufrir el episodio durante el reposo o el sueño.

La especialista añade que ellas presentan con más frecuencia síntomas menos comunes, como náuseas, dificultad para respirar y dolor en la mandíbula o en el brazo, señales que no activan de inmediato la sospecha de infarto ni en pacientes ni en clínicos. También pueden referir síntomas más sutiles o difusos, intermitentes y fáciles de pasar por alto.

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