
Desde un segundo discreto plano Carlos III sigue manejando los hilos de la corona real británica. Si bien no se deja ver en público, el rey británico sigue en activo en la medida de lo posible, compaginando sus tareas con el tratamiento contra el cáncer que desveló padecer el pasado mes de enero.
Una de las últimas medidas que ha llevado a cabo ha sido la apertura de una sala del palacio de Buckingham que hasta la fecha era inaccesible para el público. Los visitantes que compren a partir de ahora esa entrada específica podrán ver durante la visita guiada esta habitación, ubicada en el ala este del histórico edificio.
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Más allá de ser impresionante por sus alfombras, techos, molduras y pinturas, este espacio es importante porque es donde la familia real británica se reúne antes de salir al famoso balcón desde el que saludan a los ciudadanos desde 1851.
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Los tickets se pueden comprar en la página web de la Royal Collection Trust, donde se invita a los visitantes a “ser uno de los primeros visitantes en disfrutar este verano de una exclusiva visita guiada por los lugares más destacados del ala este del palacio de Buckingham, combinada con una visita a los salones de Estado”. El precio de esta experiencia es de 75 libras (87,5 euros).
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Según explica la institución, las salas que se pueden visitar en esta zona de palacio son de estilo chinesco, están amuebladas con piezas clásicas y en sus paredes cuelgan algunas de las obras más representativas de la colección real, muchas de las cuales decoraron durante años el Pabellón Real de Brighton, ubicado al sur de país y mandado construir por el rey Jorge IV.
Más concretamente, el tour llevará al visitante por “el Salón Amarillo, el pasillo principal y el Salón Central”, realizando un recorrido en el que, acompañado por un guía, descubrirá “las principales salas del ala este mientras los visitantes descubren los espacios que hay más allá de la famosa fachada del edificio. Podrán ver obras exquisitas de la colección real y visitarán el Salón Central, que lleva al balcón del palacio utilizado por primera vez por la reina Victoria”.
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El balcón
El plato fuerte de esta visita es el conocido balcón, pero por motivos de seguridad y conservación no se puede acceder a él. Algo lógico teniendo en cuenta que su espacio es limitado. Los turistas sí que podrán, en cambio, asomarse al mismo a través de las cortinas y las ventanas y disfrutar de las mismas vistas que tantas veces contempló Isabel II antes de saludar con la mejor de sus sonrisas.
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El recorrido, que dura en torno a 45 minutos, terminará con una visita a los salones de Estado, ya sin guía. Tras esto, los visitantes podrá acceder a la cafetería y a la tienda del jardín de palacio, donde podrán comprar un recuerdo de su estancia.
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