Tres años entre penumbras en la Cañada Real de Madrid: “No puedo ni calentar el biberón para mi hija”

Los 4.000 vecinos que viven en los sectores 5 y 6 de este asentamiento irregular, el más grande de España, temen enfrentarse al cuarto invierno sin electricidad. Aseguran que no hay voluntad política para resolver el problema

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Vecinos encienden guirnaldas alimentadas por energía solar. (Alejandro Martínez Vélez/Europa Press)
Vecinos encienden guirnaldas alimentadas por energía solar. (Alejandro Martínez Vélez/Europa Press)

Imaginen que un día al despertarse no tienen luz o no pueden ducharse con agua caliente. Imaginen no poder encender el aire acondicionado cuando el termómetro marca 40 grados como en tantas ocasiones este verano o que cuando empiecen a bajar las temperaturas no tengan forma de calentar su casa. Imaginen cómo es vivir sin poder utilizar el frigorífico para conservar los alimentos o tener que leer un libro con la luz de unas velas. A los 4.000 vecinos y vecinas que residen en los sectores 5 y 6 de la Cañada Real en Madrid, entre ellos 1.800 niños, no les hace falta imaginarlo. Viven sin suministro eléctrico desde octubre de 2021 y temen enfrentarse al cuarto invierno sin electricidad.

Para Houda Akrikez, mediadora intercultural y una de las líderes vecinales de la Cañada Real, la situación es especialmente complicada porque tiene tres hijas, entre ellas una bebé de apenas cuatro meses, y sus preocupaciones aumentan a medida que van pasando los días entre penumbras sin poder llevar una vida digna. Esta mujer de 37 años, que vive desde hace tres décadas en este asentamiento irregular ubicado a tan solo 14 kilómetros del corazón Madrid, lo describe como un “retroceso en el tiempo”.

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Es muy difícil vivir así, se complica mucho poder conciliar, duchar a los niños con agua caliente o preparar un biberón. Tener que lavar la ropa a mano a estas alturas no es normal”, cuenta a Infobae España. Explica que el pasado mes de septiembre, cuando bajaron las temperaturas y comenzaron las tormentas, en la Cañada Real “ya empezó a hacer bastante frío” y por mucho que arropara a su bebé con un par de mantas, “seguía teniendo la cara congelada”. “Me preocupa mucho como madre”, dice indignada, y su temor es entendible porque ya habido varios casos de hipotermia en la Cañada Real y menores que han debido ser hospitalizados a consecuencia del frío o por inhalación de monóxido de carbono al calentarse con una estufa de leña.

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Guirnaldas alimentadas con energía solar, encendidas por los vecinos de la Cañada Real. (Cedida)
Houda Akrikrez contempla la guirnalda junto a unas vecinas. (Colectivo todo por la praxis)

Naturgy, la empresa distribuidora de la luz en este poblado chabolista, cortó el suministro eléctrico el 2 de octubre de 2020, alegando que existían numerosas conexiones ilegales para suministrar a edificaciones y actividades ilícitas como el cultivo de marihuana. Sin embargo, el abogado y activista Javier Rubio, portavoz de la Plataforma Cívica Luz Ya para la Cañada Real, indica que después de tres años “esa excusa no se sostiene” porque ese tema se habría resuelto procesando a los responsables y recuerda que son muchos los vecinos y vecinas que quieren tener un contrato legal y pagar por el suministro de electricidad.

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“El 95% de las personas que viven ahí no tienen nada que ver con el tráfico de droga pero es la excusa que se ha vendido desde un principio. El problema es que no hay voluntad política por parte de las administraciones para resolver el problema”, asegura Rubio, del Centro de Asesoría y Estudios Sociales (CAES) y especialista en derecho a la vivienda. Además, un informe pericial de un juzgado concluyó en 2022 que los cortes de luz en los sectores 5 y 6 se debían a que Naturgy había instalado unos limitadores de potencia para restringir el consumo de luz, si bien la compañía sostiene que se instalaron “para reconectar la red después de que se detectara un problema de sobrecargas” y para garantizar el suministro a los clientes que tiene en la zona.

Sin respuestas

A lo largo de los últimos tres años los habitantes de esos sectores de la Cañada Real no han parado de denunciar su situación ante la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid y de Rivas y ante el Gobierno de España, a través del Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil, y se han manifestado ante las distintas administraciones y empresas implicadas, pero las soluciones no llegan.

“Entre unos y otros, en lugar de llegar a una solución para que tengan luz, se escudan en que van a realojar a estos vecinos, pero es una cortina de humo y el suministro sigue cortado”, lamenta Rubio, que recuerda, además, que el Comité Europeo de Derechos Sociales del Consejo de Europa ha instado al gobierno español a que restablezca el suministro eléctrico en la Cañada Real y que el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, ha tildado la situación de “emergencia humanitaria”.

Los cortes de luz en este asentamiento, que comenzó a construirse en 1978 y es considerado como el más grande de España, también incumplen lo acordado en el Pacto Regional para la Cañada Real Galiana, que fue firmado en 2017 por todos los partidos políticos presentes en la Asamblea de Madrid y en los plenos de los ayuntamientos de la capital, Coslada y Rivas con el objetivo de “dignificar el lugar mientras se llega a un acuerdo”. Entre sus compromisos figura la rehabilitación del suministro eléctrico y, sin embargo, se ha llevado a cabo “todo lo contrario”, insiste Rubio.

Intereses urbanísticos

Otro de los motivos que explican que el servicio eléctrico siga sin reanudarse, añade el abogado, es debido al proyecto de desarrollo del sureste de Madrid, que incluye la construcción de cinco nuevos barrios que “alojarán a medio millón de persona y que tendrían de vecinos a la Cañada Real”. “Hay unos claros intereses urbanísticos por parte de los políticos de la Comunidad de Madrid para desalojar la Cañada Real, no porque se vaya a construir sobre ese terreno, sino porque no quieren construir cerca de un barrio tan estigmatizado”, concluye.

Mientras las soluciones por parte de las instituciones no llegan, el desgaste físico y mental de familias como la de Houda tampoco aminora y, de momento, seguirán buscando la manera de sobrevivir en condiciones muy precarias, en medio de los generadores de gasóleo, bombonas y velas.

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