Ya aterrizados en el avión de vuelta a Madrid, María y Javi tendrán por delante el trabajo de asimilar lo vivido las últimas 48 horas. Este fin de semana han muerto en la zona de Marrakech más de 2.000 personas fruto de un fuerte terremoto que ha arrasado la ciudad y las aldeas aledañas, pero esta pareja ha vuelto a España sin un solo rasguño a pesar de haberse encontrado en mitad del caos, en pleno centro de la ciudad cuando esta se desmoronaba.
“No he pasado más miedo en mi vida, lo digo ahora riéndome, pero mientras nos íbamos pensábamos en la gente que ha muerto o se queda allí”, relataba Javi por teléfono desde el aeropuerto, a pocos minutos de embarcar de regreso a su casa en Leganés. El joven madrileño ha sobrevivido al terremoto y ha podido comprobar en primera persona la destrucción que ha dejado a su paso.
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Javi regaló a su pareja, María, una semana por Marrakech. “Iba a ser el típico viaje de escapada”, dicen. Además de la ciudad marroquí, el plan incluía alguna noche en el desierto de Merzouga y las cascadas de Ouzoud. Todo se torció las últimas noches, después de cenar el sábado en La Pérgola, un restaurante en el centro. “Eran las 11.05 y cuando quisimos darnos cuenta, vimos que la gente corría muy asustada. María me dijo que echáramos a correr porque algo estaba pasando”, cuenta a Infobae España.
El caos y los nervios hicieron que los jóvenes ni siquiera se percatasen de que el suelo se movía. “Empezamos a ver humo, palomas volando y huyendo de la zona... el Zoco tiene mucho techo y piedras gigantes caían al suelo, aunque por suerte no nos dio ninguna. Había tanto humo que creíamos que era un atentado”, explica.
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El único aspecto que recuerda Javi es el caos: “Oímos un derrumbamiento, se oían cosas, pero duró como treinta segundos. No sentimos temblor, pero porque empezamos a correr, creo yo. Imagino que el temblor estaría ocurriendo”, relata. Tras abandonar el zoco al fin llegaron a la plaza central de la ciudad, libre de tejados y de desprendimientos, y fue el momento en el que cayeron en la cuenta de la tragedia que les rodeaba: “Esa noche fue una locura, la gente lloraba, muy alterada, lleno de policías, avalanchas de gente...”. El terremoto, un 6,9 en la escala Richter, convirtió Marrakech en un escenario de guerra.
La noche tras el terremoto
Una vez terminaron los temblores llegaron los miedos. Estaban vivos, pero la ciudad parecía caerse a pedazos. Cuando el movimiento sísmico frenó, la pareja comenzó los trámites para advertir a sus familias de que todo estaba bien. Algunos ya habían preguntado y esperaban con inquietud la confirmación, pero para suerte de Javi, sus padres no se enteraron del temblor hasta la mañana siguiente, cuando su hijo ya les había confirmado que todo estaba bien.
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Javi y María, que llegaron a Marrakech como una pareja de vacaciones y de pronto eran un par de supervivientes. Tras avisar a sus seres queridos, comenzaron una noche de improvisaciones y desvelo en busca de un lugar tranquilo. “Estuvimos dos o tres horas en la calle hasta que volvimos al hotel, donde la dueña nos dijo que nos quedáramos”, relata el joven. Eran las 02.30 horas y media hora después, cuando el sueño había llegado, su puerta fue aporreada y se les gritó que abandonaran de inmediato el hotel.

“La dueña nos dijo que saliéramos, que venía una réplica. Salimos en pijama, estuvimos por lo menos dos horas fuera. Al final no pasó nada, pero nos daba miedo volver a subir. No pude pegar ojo de pensar que el techo se nos podía caer encima”, recuerda Javi, que vio cómo esa noche los inquilinos del hotel intentaban abandonar la ciudad en masa. “Había gente comprando billetes de avión por 1.000 euros”, asegura.
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A la mañana siguiente se constató la gravedad del terremoto. Marrakech, una ciudad ruidosa, llena de turistas y de negocios abiertos, amaneció como una ciudad fantasma. “Esa ciudad es una locura de ciudad y siempre hay ambiente, verla apagada daba mucho contraste. Por la noche la plaza principal lo mismo tiene 100 puestos de comida y al día siguiente no había ni 10″, dice Javi. El madrileño asegura que ya al día siguiente vio “muchísimo derrumbamiento”, aunque no cadáveres, pero sí escenas que se le han quedado grabadas: “Vimos cómo sacaban gente entre los escombros, una vez vimos cómo salían por lo menos cuatro o cinco mujeres de los escombros de debajo de sus casas”.
Ni 48 horas después de verse rodeados de hogares y edificios que se desprendían sobre ellos, María y Javier se embarcaban en un avión de vuelta a España. Desconcertados, cansados y sin entender qué había ocurrido, los jóvenes ponían sus pies en Madrid tras haberse convertido de forma inesperada en protagonistas del terremoto de mayor intensidad en la historia de Marruecos.
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