
Dice Antonio Muñoz Molina que la diferencia entre escribir ficción y no ficción es que, en el primer caso, inventas y en el segundo, revelas la realidad que te rodea. Uno es un acto involuntario, el otro es justo lo contrario, lo abordas porque quieres. “La novela tiene algo de descubrimiento, de hallazgo repentino”.
Hacía cuatro años que el escritor no publicaba una nueva novela. La última había sido Tus pasos en la escalera y, en medio, nos regaló Volver a dónde, escrita durante el confinamiento, a modo de memorias o crónica íntima sobre el pasado y la extrañeza que rodea a nuestro presente. “En ese momento no podía hacer ficción con lo que estaba pasando, me vi totalmente invalidado para ello, tenía que hablar de lo que tenía delante de mis ojos”, cuenta en un encuentro con la prensa en la Biblioteca Eugenio Trías.
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Una composición narrativa entre poética y musical
Ahora regresa con No te veré morir (Seix Barral), título que procede de un poema de Idea Vilariño y que le sirvió de brújula porque, como dice, simboliza una despedida antes de la despedida definitiva, algo que no deja de ser desgarrador. El autor quería tener un anclaje en el presente, pero que hubiera conexiones continuas a un pasado que se remonta a antes de la Guerra Civil para seguir los pasos de Gabriel Aristu desde su infancia y su relación con su familia, con un padre que estuvo preso por el bando con el que simpatizaba por escribir sobre música en el periódico ABC y que tuvo amistad con grandes figuras de su época, de Pau Casals a Ígor Stravinsky. Su sobreprotección fue definitiva para que Aristu terminara huyendo de aquella atmósfera opresiva de una España oscura.
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Pero un momento de pasión quedará suspendido en la memoria, el que tuvo con Adriana Zuber, su amor idealizado, a la que abandonó para marcharse a Estados Unidos y no volver más. Hasta que sienta la necesidad, cincuenta años después, de volver a verla.
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En las setenta primeras páginas encontramos al Muñoz Molina más experimental, ya que todo ese encuentro entre los dos amantes se cuenta sin recurrir a los puntos, como si lo que ocurre fluyera de una manera torrencial alternándose los dos puntos de vista. A partir de la segunda parte, habrá una división en la voz narrativa, alcanzándose una perspectiva polifónica a través de la que iremos conociendo los pensamientos, hallazgos y frustraciones de los personajes.
El escritor reconoce que se trata de una novela que surgió de forma muy impulsiva, pero que, en esta ocasión, quería encontrar un tono concentrado, pero al mismo tiempo caudaloso. Por eso durante un tiempo estuvo leyendo mucha poesía que tuviera una dimensión narrativa, como la de César Vallejo o Walt Whitman. Pero lo que resultó fundamental fue la suite de cello de Bach que aparece en la novela y que se convirtió en una fuente de inspiración a la hora de generar fluidez y austeridad, sin adornos, pero sin pausa.
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Así, en menos de 250 páginas se concentran varias vidas, aunque lo que predomina es, sin duda, el recuerdo de aquellos que fuimos una vez (¿nos seguimos reconociendo?), así como qué hubiera sido de nosotros si hubiéramos tomado otras decisiones. También, lo rápido que pasa todo, esa sensación de fugacidad de quien se ha instalado ya en la tercera edad prácticamente sin darse cuenta.
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En ese sentido, se aborda la vejez y cómo en ella todavía hay belleza, sobre todo desde la descripción del personaje femenino. “La belleza parece estar solo asociada a la juventud, pero yo quería romper con eso, porque es algo que puede durar y resplandecer en la madurez sin necesidad de la presión quirúrgica que nos domina. Siempre se dice que a partir de los cuarenta cada uno es responsable de su rostro, pero hay muchos que ganan en profundidad y carácter”, ha comentado.
España y su pasado: machista y dictatorial
Además de hablar de No te veré morir, también ha tenido la oportunidad de manifestarse sobre temas de actualidad, en este caso sobre el Caso Rubiales y toda la ola que ha generado a través de movimiento en redes #SeAcabó. “Venimos de una tradición machista muy arraigada. Lo asombroso es que la sociedad haya avanzado tanto en poco tiempo porque la pedagogía de la masculinidad que viví en mi época era una brutalidad. En la mili, en el colegio de curas, si no te gustaba jugar al fútbol te miraban con desconfianza”.
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En cualquier caso, cree que nada de lo que ocurre en la actualidad se puede comparar a la España que se describe en la novela, a la posguerra. “Vivimos un momento de políticas muy viscerales, aunque yo creo que la mayor rémora que tiene la derecha en la actualidad es su incapacidad de mirar a la historia con cierta ecuanimidad y reconocer que el franquismo fue una dictadura sanguinaria”. También que el giro a la ultraderecha en nuestro país y la aparición de Vox corresponde a la política contemporánea y al ‘trumpismo’ y que ni siquiera cree que nuestra sociedad sea tan retrógrada como, por ejemplo, la italiana. “Si preguntas a cualquier mujer que viene a España desde Italia, seguro que puede confirmar la diferencia con su país”.
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