
Primero fue el Primavera Sound Madrid, luego el Mad Cool y en apenas dos días se han sumado a la lista el Reggaeton Beach Festival y el DCODE. Los dos primeros llegaron a celebrarse, no sin unas cuantas polémicas por el camino, los dos últimos ni siquiera montarán sus respectivos escenarios.
En su aspiración por convertirse en un punto estratégico musical (y estival) en España - y siguiendo la estela de Barcelona-, Madrid ha cambiado el sueño por la pesadilla. La progresión de su músculo para albergar un macrofestival ha ido desinflándose. Este 2023 es la prueba, pero también la pregunta. ¿Está capacitada la capital para albergar un evento de tal magnitud sin encontrar tantos escollos?
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Tras haber dejado atrás la pandemia, y con ella sus restricciones, el público se ha volcado con todo tipo de evento que haya incluído música y barras de cerveza. Las previsiones para los promotores y organizadores de festivales eran imbatibles y radiantes. La realidad ha sido, no distinta, más bien imprevisible.
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Lluvias torrenciales y sueños mojados
La temporada de festivales comenzó en junio (siempre en Madrid). El Primavera Sound llegaba a la capital con la idea de ampliar el modelo de éxito barcelonés en la ciudad de la “libertad”. Con motivo del 20º aniversario, celebrado en 2022 con una edición de dos semanas repletas de música y conciertos, la marca decidió trasladar el festival a Madrid.
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Pese al furor del anuncio, Primavera Sound Madrid no pudo completar las tres jornadas de duración del evento. Las inesperadas tormentas que hubo en la capital en las primeras semanas de junio convirtieron la Ciudad del Rock de Arganda del Rey (donde se iba a celebrar el festival) en un barrizal incapaz de filtrar el agua. Esto llevó a la organización a cancelar la jornada del jueves 8 de junio, la primera, el debut y el día en el que iban a actuar cabezas de cartel como Blur.
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Las quejas de los asistentes que tenían el abono comprado, o bien la entrada de día correspondiente, vieron cómo el festival solventaba la mala prensa y las quejas llevando a la banda británica a tocar en la sala La Riviera, con una capacidad para 2.500 personas -una drástica reducción al tener en cuenta que en Arganda se esperaba una capacidad para cerca de 80.000 personas-.
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A este accidentado arranque se sumaron las complicaciones para acceder a la Ciudad del Rock de Arganda del Rey durante las dos jornadas (viernes 9 y sábado 10 de junio) que sí llegaron a celebrarse. Una media de dos horas para llegar al recinto y un caótico regreso a la ciudad con largas colas para los taxis y eternas esperas para coger las lanzaderas habilitadas por el propio Primavera Sound.
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Calor, agobio y colas
Un mes después, le tocó el turno al Mad Cool. Nacido y criado en la capital, el festival celebraba su sexta edición en un nuevo espacio que prometía (y promete) convertirse en el enclave musical de la ciudad. Con un lavado de cara que incluía 185.000 metros cuadrados y ocho escenarios, el evento decía adiós a su presencia en IFEMA y se mudaba al Polígono Marconi, situado en Villaverde.
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Aunque en este caso no hubo cancelaciones catárticas (aunque sí de varios artistas minutos -o días- antes de su concierto en el festival), el calor, las aglomeraciones (muchos asistentes se quejaron de que apenas había espacio para estar cómodo o sitio con sombra para no caer rendido al poder de una insolación) y las colas para regresar por la noche volvieron a ser noticia. La música, de nuevo, quedó relegada a un segundo plano.
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Cultura de la cancelación
Parece que el idilio musical y la ciudad de Madrid conforman un binomio incompatible. Este miércoles, el Ayuntamiento comunicaba que no le otorgaba la licencia al Reggaeton Beach Festival para su celebración este sábado y domingo. El festival de música urbana se iba a celebrar en el mismo espacio que el Mad Cool o el concierto de Harry Styles, pero los informes “desfavorables” han obligado a cancelarlo porque “no se garantiza la seguridad” de los asistentes.
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La organización del festival, descontenta con la decisión del Ayuntamiento (respaldada por los informes del Cuerpo de Bomberos acerca de los peligros que desentreñaba su celebración en el espacio “musical” de Villaverde) ha informado este jueves de que éste no se cancela y de que ya están buscando soluciones para celebrarlo en otro espacio de la capital. El globo se ha pinchado rápido.
La portavoz del Gobierno municipal, vicealcaldesa y delegada de Seguridad y Emergencias, Inmaculada Sanz, ha trasladado en rueda de prensa que el informe de movilidad presentado por los promotores el miércoles estaba “incompleto”. “Y veo difícil que de aquí a mañana encuentren otro emplazamiento que reciba los permisos y expedientes”, ha destacado.
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En otro orden de cosas, y en un escenario cada vez más competitivo, el DCODE, uno de los autóctonos de la capital con 10 ediciones en su currículum, ha tenido que cancelar su edición de este año debido a las complicaciones para conformar el cartel de artistas. La baja de Lewis Capaldi, que iba a ser uno de los cabezas de cartel, a causa de la cancelación de su gira por el síndrome de Tourette que padece ha llevado al festival a encontrarse en una complicada situación a la hora de encontrar un sustituto.
“Como todos sabéis, nuestro cabeza de cartel Lewis Capaldi tuvo que suspender su gira y, desde ese día, hemos estado trabajando a contrarreloj con el objetivo de ofreceros un cartel a la altura de vuestras expectativas. Sin embargo, el poco tiempo de maniobra y las agendas cerradas de los artistas han sido los grandes obstáculos que nos han llevado a tomar esta dolorosa decisión”, declaró la organización en un comunicado.
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La burbuja actual de los festivales recuerda a un documental de tiburones de La 2. Unos se comen a otros y todos al público. Entre el rédito y la notoriedad, Madrid parece no estar preparada para tener el músculo festivalero que tanto anhela.
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