
Su última acción reivindicativa se produjo a finales de junio, cuando arrojaron pintura roja sobre la polémica lona de Vox, en la que la formación ultraderechista tiraba a la basura la bandera LGTBI, el feminismo o la Agenda 2030, un cartel que finalmente fue retirado. Sin embargo, la acción que más repercusión ha tenido fue la de noviembre de 2002, cuando se pegaron a los marcos de los cuadros de ‘Las Majas’ de Goya en el museo de El Prado. Hablamos de Futuro Vegetal, que se identifica como “un colectivo de desobediencia civil y acción directa que lucha contra la crisis climática”, y arremete contra el modelo agroalimentario, al que considera responsable en buena medida de ese problema.
El colectivo está formado por cerca de 50 personas y se muestran orgullosos de la diversidad de sus perfiles, no solo por las edades de quienes lo conforman, aunque la mayoría tienen entre 20 y 30 años, sino por los sectores sociales a los que pertenecen: “Es una lucha transversal y eso se hace presente en nuestro colectivo. Somos estudiantes, desempleadas, abogadas, veterinarias, ingenieras… incluso hay un compañero que trabajó varios años en macro-mataderos”, dice a Infobae España Bilbo Bassaterra, licenciado en Derecho de 30 años y uno de sus portavoces del grupo.
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Este grupo “horizontal y descentralizado”, que se organiza a través de aplicaciones seguras por internet, también cortó la circulación de la M-30 de Madrid o una etapa de la Vuelta a España, bloqueando la salida de los ciclistas, además de intentar pegarse a la tribuna del Congreso de los diputados y encadenarse en un supermercado en protesta contra la industria cárnica.

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Su objetivo, aseguran, es que el Gobierno “termine con las subvenciones a la ganadería y las emplee para promocionar alternativas sociales y ecológicamente responsables basadas en plantas para afrontar el necesario cambio de sistema agroalimentario”, tal y como lleva años recomendando el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), indican.
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Asimismo, consideran necesario “cambiar la ética de la abundancia, la forma de producir y consumir”, de manera que el foco se sitúe en la seguridad alimentaria y la redistribución de tierras.
“No causamos daño a nadie”
Este grupo “horizontal y descentralizado”, que se organiza a través de aplicaciones seguras por internet, también cortó meses atrás la circulación de la M-30 de Madrid o una etapa de la Vuelta a España, bloqueando la salida de los ciclistas, además de intentar pegarse a la tribuna del Congreso de los diputados y encadenarse en un supermercado en protesta contra la industria cárnica.

Sus acciones han sido a veces tildadas de “violentas”, pero el colectivo defiende que “en ningún caso causan o amenazan con causar daño a nadie”. “Si alguien piensa que bloquear el tráfico unos minutos o manchar con pintura una fachada es violento, le invitamos a que averigüe un poco más sobre el impacto que está teniendo la ganadería en el territorio. Una vez entienda que nos estamos enfrentando a miles de muertes como consecuencia directa de este sistema agroalimentario, creemos que comprenderán que nuestras acciones son más que proporcionadas”, indica Bassaterra, que asegura que seguirán realizando acciones reivindicativas hasta que el Gobierno “cumpla con su demanda”: “Nos va la vida en ello”.
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A través de sus reivindicaciones, explican, no solo aumenta el número de personas que se acercan al colectivo, sino también a otros movimientos contra el cambio climático como Extinction Rebellion o Fridays For Future. La repercusión mediática y el alcance de sus acciones, aseguran, les permite “situar la crisis climática en el centro del debate público y llegar a un público al que normalmente cuesta alcanzar desde el movimiento climático”.
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