
Un nuevo libro revela los manuscritos originales de George Martin y reconstruye cómo “Yesterday” dejó de ser una canción de guitarra acústica para convertirse en el estándar pop más versionado de la historia, gracias a una colaboración que redefinió el rol del productor en la música popular.
El volumen, titulado George Martin: The Scores, publicado por Curvebender en honor al centenario del productor británico, reúne por primera vez las partituras manuscritas originales de Sir George Martin —el hombre que fichó a los Beatles en 1962—, incluyendo los arreglos de clásicos como “A Day in the Life”, “Strawberry Fields Forever”, “Something” y “Eleanor Rigby”. El libro incluye un prólogo de Sir Paul McCartney y fue supervisado por Giles Martin, hijo del productor y responsable de las recientes cajas recopilatorias del grupo. “Las partituras son realmente preciosas. Son como hermosas obras de arte”, dijo Giles a People.
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La historia de “Yesterday” comenzó a principios de 1965, cuando McCartney se despertó con una melodía completamente formada en la cabeza y la tocó en un piano junto a la cama. Era tan precisa que el cantante creyó durante meses que podría ser de otra persona, y la tocó insistentemente ante amigos y colegas para descartar un plagio involuntario. “Paul se me acercó y me preguntó: ‘¿Has oído esto antes?’”, recordó Martin en The Scores. “Le dije: ‘No, es bastante bueno’. Y él me respondió: ‘¿Seguro que no? Puede que sea de otra persona’”

La letra tardó más en llegar. Durante meses, McCartney rellenó las secciones incompletas con frases sin sentido —“Huevos revueltos, oh, mi amor, cómo amo tus piernas…“— que llegaron a cansar a sus compañeros de banda. Las primeras líneas definitivas estuvieron listas el 14 de junio de 1965, durante una sesión en los estudios EMI de Londres en la que el grupo también completó “I’ve Just Seen a Face” y “I’m Down” en apenas tres horas. Al regresar del descanso para cenar, McCartney grabó dos tomas de “Yesterday” solo con su voz y una guitarra acústica Epiphone Texan.
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El plan inicial era que el resto del grupo participara, pero durante hora y media de intentos nadie encontró una parte que mejorara el arreglo minimalista sin destruir la intimidad que lo hacía funcionar. “Los demás miembros del grupo sentían que no podían aportar nada a la actuación”, recordó McCartney en el libro, “así que estaban encantados de dejar las decisiones en manos de George [Martin] y mías”. Fue ese estancamiento el que llevó a Martin a proponer incorporar cuerdas, una solución que el cantante rechazó de inmediato: “No podemos hacer eso; somos un grupo de rock and roll”.
Martin convenció a McCartney y juntos diseñaron la partitura en una tarde
Martin insistió en que el arreglo podía ejecutarse sin sentimentalismos. Solo cuando le garantizó que las cuerdas podrían retirarse de la grabación si el resultado no convencía, McCartney aceptó intentarlo. Al día siguiente, los dos se reunieron en casa del productor para diseñar la partitura con té y papel pautado. “Se la toqué: ‘Estos son mis acordes’”, recordó McCartney, mientras Martin le mostraba cómo Bach distribuiría esas notas entre violonchelo, viola y dos violines: “Fue genial, estaba aprendiendo”.
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En medio del proceso, McCartney insistió en incluir una nota bluesera poco convencional en la línea del violonchelo —audible justo después de la frase: “Ella no lo diría” en la grabación final—, que Martin advirtió que no encajaba con el estilo barroco. El cantante cedió en muchos puntos, pero no en ese. “Necesitaba algo mío para restablecer el equilibrio”, explicó. Martin admitió años después: “Ojalá se me hubiera ocurrido a mí”.
Cuando los cuatro músicos contratados comenzaron a tocar junto a la grabación acústica, la reacción de McCartney fue inmediata. “Se me puso la piel de gallina”, recordó. “Cuando escuché las cuerdas, pensé: ‘¡Caramba, esto va a funcionar!’”. La sesión marcó además un precedente en la forma de trabajar del grupo: fue la primera vez que se incorporaron músicos externos para enriquecer una grabación de los Beatles. Si bien existían baladas con arreglos de cuerda en la época —entre ellas “Ferry Cross the Mersey”, de Gerry and the Pacemakers, también producida por Martin—, “Yesterday” colocó al cuarteto en el centro del arreglo, tratándolo como un elemento equivalente a la voz y la guitarra, no como un adorno. “Desde luego, nunca habíamos hecho nada parecido”, reflexionó Martin. “Y nadie más lo había hecho tampoco”.
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Con el tiempo, la canción se convirtió en la más versionada de la historia de la música, con más de 2.200 versiones registradas. McCartney dejaría constancia de su reconocimiento al colaborador de manera informal: en el manuscrito original de la partitura, modificó el crédito habitual de Lennon-McCartney y garabateó “y George Martin y Mozart”. “George era muy bueno rompiendo las reglas de la música”, reflexionó el cantante años después. “No habría podido producir a los Beatles si no hubiera estado dispuesto a hacer esas cosas”.

Las partituras estaban guardadas en un baúl sin llave en la casa del productor
Los compiladores Brian Kehew y KL Ryan, quienes reunieron la colección y escribieron los textos que la acompañan, esperaban encontrar los manuscritos en una vitrina de museo o en una bóveda. Los hallaron en un baúl de madera sin llave, entre armarios y estantes. El manuscrito original de “Here Comes the Sun”, por ejemplo, estaba siendo usado como posavasos para una taza de té. Martin tenía sus propias dudas sobre el valor de lo que conservaba: “¿De verdad crees que a la gente le resultará interesante?”, preguntó al principio. “No es precisamente Beethoven, ¿verdad?”.
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Sin embargo, hay indicios de que en algún momento tomó conciencia de lo que estaba ocurriendo. El manuscrito de “Yesterday” es una de las piezas más antiguas de su archivo personal, y sus partituras posteriores son notablemente más prolijas, lo que sugiere que comenzó a preservarlas con mayor cuidado a medida que las sesiones avanzaban.
Para Giles Martin, ver el legado musical de su padre reunido en un solo volumen es una satisfacción que llega con algo de tristeza. “Me alegra mucho que lo hayamos hecho. Le habría encantado”, dijo. “Es una pena que no pueda verlo, pero es mejor que no lo hubiéramos hecho”.
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