En el programa de entrevistas In Proximity podcast, la directora y guionista Maggie Gyllenhaal dialogó con el cineasta Ryan Coogler sobre su enfoque para reinventar la historia de Frankenstein con The Bride, otorgando protagonismo y una voz activa a la Novia de Frankenstein.
La película, que recientemente se estrenó en los cines, reúne un elenco encabezado por Jessie Buckley, Christian Bale, Penélope Cruz, Annette Bening, Peter Sarsgaard y Jake Gyllenhaal, hermano de la directora.
La directora de 48 años transforma la leyenda de Frankenstein al situar en el centro a la Novia de Frankenstein, antes un personaje casi invisible y sin voz en las adaptaciones previas. En el film exploró la autonomía del personaje femenino, su identidad y los conflictos internos relacionados con el deseo y lo “monstruoso” desde una perspectiva de género.
La Novia de Frankenstein: de silenciada a protagonista
Gyllenhaal resaltó en el podcast que resulta peculiar que la película se titule La Novia de Frankenstein aunque el personaje apenas aparece y nunca habla. La realizadora compartió que ese vacío fue el origen de su interés: vio a un hombre con un tatuaje grande del personaje y se preguntó quién era.

Al revisar la película de 1935, notó que la novia estaba “prácticamente ausente”. A partir de ese descubrimiento, expresó su intención de responder: “¿Qué hay de ella? ¿Por qué la novia solo debía existir para servir a Frankenstein?”.
En The Bride, la protagonista despierta con conciencia de lo perdido y adquiere voz propia. “Me interesaba explorar lo monstruoso desde una perspectiva femenina y preguntarme si hay partes de nosotras que consideramos demasiado intensas para ser expresadas”, explicó a Coogler.
El proceso creativo: escritura, emociones y trabajo con actores
Gyllenhaal relató que “escribí el guion desde un lugar menos controlado y más inconsciente, no solo en torno a la época, sino sobre los estados emocionales de los personajes”.
Inicialmente, la trama estaba ambientada después de la Guerra Civil en Estados Unidos, inspirada por las mujeres espiritistas que buscaban formas de sobrevivir tras perder a sus familiares. “Me permití dejarme llevar y ver hacia dónde iba la propia historia”, comentó.

En cuanto a la dirección de actores, explicó que “cada intérprete necesita un lenguaje diferente. Con Jessie Buckley puedo dar indicaciones mientras graba, algo que no hago con Christian Bale, a quien prefiero susurrarle las notas en privado. Un día, él me pidió: ‘¿Puedes gritarme también a mí?’”.
Gyllenhaal considera a Buckley, quien actualmente está recibiendo un gran reconocimiento por su interpretación en la película Hamnet, una socia artística: “No es solo una musa. Cuando fui actriz, ansiaba sentirme incluida en el proceso creativo, y procuro que mis actores participen en cada matiz”.
Subrayó que la evolución emocional de los personajes “es el motor de la trama”. Además, señaló que trabajar con su hermano Jake Gyllenhaal resultó especialmente satisfactorio: “El amor y la confianza hacen toda la diferencia en el set”.
Técnicas de filmación y desafíos en la producción
Al abordar los retos técnicos, Gyllenhaal reconoció que debió aprender mucho durante el rodaje. Relató que desconocía los pormenores de la cámara Sony Venice 2, de tecnología de cine digital, ni de la combinación de lentes anamórficos y esféricos.

Su decisión de emplear esta cámara respondió a la necesidad de mezclar ambos tipos de imagen y posibilitar cambios de relación de aspecto según las exigencias de la historia. También recurrió a cámaras como la Phantom, especializada en escenas en blanco y negro, y a la Red Raptor para tomas específicas.
Subrayó que cada elección técnica estuvo motivada por la dimensión emocional del film: “Las transiciones de formato vertical con IMAX obedecen a la narrativa o a la psicología del personaje, no solo al espectáculo visual”.
El rodaje presentó desafíos logísticos, como extensas jornadas nocturnas y un exigente proceso de maquillaje para Bale, que implicaba hasta seis horas de preparación en ocasiones. Esto impactaba el cronograma y llevaba a filmar hasta altas horas de la madrugada.
Gyllenhaal explicó que “el realismo del aspecto de Frankenstein dependía de métodos poco habituales para un actor presente la mayor parte del tiempo en escena”. En ese contexto, la colaboración del equipo y el trato familiar fueron centrales.

Sobre dirigir a su hermano, la directora afirmó que “para mí todo se resume en el afecto. Disfruto mucho trabajar con él y, aunque incluía momentos espontáneos de comedia, lo que realmente valoro es el respeto y la confianza absolutos para experimentar en el set”.
Gyllenhaal comparó el esfuerzo de guiar al elenco con el de cuidar una familia: mantener las necesidades de todos a la vez, como quien atiende a sus hijos, equilibrar, decidir a quién prestar atención y asegurarse de que cada uno tenga su espacio para brillar.
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