
La trayectoria de Tim Allen, referente de la comedia en Estados Unidos y voz de Buzz Lightyear en Toy Story, está marcada por la reinvención, los desafíos familiares y la búsqueda de autenticidad en una industria en constante transformación.
El actor destacó en una entrevista para el podcast Club Random con Bill Maher una mirada introspectiva sobre los momentos decisivos de su vida y carrera, abordando la evolución del humor, el enfrentamiento a las adicciones y la necesidad de renovarse.
El humor como refugio y motor profesional
“Desde pequeño me fascinaba hacer reír. Crecí en un hogar donde el humor ayudaba a sobrellevarlo todo. Veía películas de vaqueros y, aunque la primera vez que probé alcohol fue terrible, pensé: ‘Puedo acostumbrarme si le pongo algo de azúcar’”, relató Allen, aludiendo a la influencia de la infancia y las anécdotas familiares en su camino profesional.

El actor evocó los obstáculos de sus inicios y el paso de los monólogos cómicos a la televisión: “Siempre quise aparecer en The Tonight Show. Mi fuerte era la comedia de clubes, el trabajo arduo y los viajes. Bob Seger, gran amigo, me decía: ‘Cuando llenas las butacas, ya lo lograste’. Disney me ofreció un contrato, lo rechacé; nadie solía decir que no a Katzenberg, pero en ese momento ganaba más actuando en gira que en la televisión”.
Del stand up al éxito en la televisión
Con humor y sinceridad, Allen relató su transición de los monólogos a la comedia de situación, un logro que llegó fuera del orden que esperaba: “Conseguí el papel principal en Mejorando la casa antes de cumplir mi sueño de debutar en The Tonight Show. Todo fue al revés. Aprendí a enfocarme en mis objetivos tras una etapa difícil. Durante mi paso por la cárcel, me prometí perseguir solo mis verdaderas metas”.
La conversación abordó los cambios en el sector: “Ahora todo es diferente. Hay mayor sensibilidad respecto a la diversidad e inclusión, pero la creatividad no puede perderse. Para mí, el humor tiene que hacer reír; si no lo logra, algo falla. No busco agradar por obligación. Sigo presentándome en escenarios porque me apasiona, no por deberlo”.
Sobriedad: el punto de inflexión

El relato se volvió más personal al hablar de la sobriedad. “Llevo 30 años sobrio. Nunca fui un bebedor agresivo, era más de largo recorrido, como los que nunca saben cuándo parar. Tomé un test de John Hopkins para saber si tenía problemas, y el propio cuestionario te revela la respuesta. Admitirlo fue el primer paso para cambiar”.
Sobre la adicción, Allen explicó que surgió como un hábito que se impuso paulatinamente: “La bebida no me hacía perder el control en público, pero nunca era suficiente. Los que pasamos por esto creemos que si un poco es bueno, mucho siempre es mejor. El verdadero problema es que no hay equilibrio hasta tocar fondo”.
Madurez, familia y nuevos retos
La madurez y el presente profesional también formaron parte de su reflexión. “Me comparan con el Tom Brady de las comedias de situación. Es extraño, la mayoría de quienes empezaron conmigo ya no están o no encajan en lo que exige la industria actual”.

“Sigo aquí porque me reinvento y busco mostrar un nuevo lado de mí en cada etapa. Ahora interpreto a un hombre viudo que dirige un taller mecánico, algo cercano a mi vida. Me motiva abordar temas como la pérdida, porque conecto con lo real”, agregó.
En el ámbito familiar, Allen compartió situaciones cotidianas: “Mi hija menor tiene un gran sentido del humor y, al trabajar juntos, me dice cuando un chiste no ‘aterrizó’. En casa ya es broma recurrente: si no funciona, simplemente lo dejamos ir. Las rutinas familiares ayudan a seguir vigente y a no tomarse demasiado en serio”.
El avance tecnológico y el recambio generacional representan nuevos retos: “Hoy, los chicos preguntan ‘¿qué es la televisión?’. Las plataformas digitales transformaron todo, incluso la cantidad de episodios producidos. Antes hacíamos 22, ahora a veces apenas ocho. Echo de menos las grabaciones con público y la emoción del directo. Aunque la esencia permanece: subirse al escenario siempre es empezar de nuevo”.
Autenticidad y legado en la comedia

Respecto al presente y futuro de la comedia, Allen defendió la autenticidad: “En estos tiempos, le aviso al público que puedo decir algo incómodo. El humor debe desafiar, no esconderse por miedo a lo políticamente correcto. El público distingue cuándo realmente conecta y cuándo no. En un monólogo, no se puede fingir la risa”.
En cuanto al arte humorístico, Allen expresó admiración y una sutil rivalidad hacia otros colegas: “Trabajar con Martin Short, Robin Williams o Jay Leno es una lección continua. Cada uno tiene un ritmo y energía que te impulsa a superarte. A veces me descubro imitando involuntariamente a otro cómico. En la comedia, aprender de los compañeros es una constante, y existe la tentación de adoptar algún giro o remate ajeno”.
Para concluir, Tim Allen definió su esencia profesional: “Alguien debe subirse al escenario y encontrar su propio camino. Hay mucho trabajo detrás, pero al final, la responsabilidad de entretener es personal y única. Así me mantengo fiel a mí mismo y al público, noche tras noche”.
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