La insólita reacción de Leo McCarey tras ganar el Oscar en 1937 que marcó un antes y un después en la historia de Hollywood

El inesperado gesto del director de cine al expresar que su mayor orgullo no era la película premiada, sino un drama ignorado, transformó la percepción de los premios

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La reacción de Leo McCarey en los Oscar de 1937 evidenció su descontento por el reconocimiento de “La pícara puritana” sobre su obra más personal (YouTube/El Despotricador Cinéfilo)

En 1937, Leo McCarey protagonizó uno de los episodios más notorios en la historia de los Oscar al recibir la estatuilla por la dirección de La pícara puritana. Sin embargo, sorprendió a los presentes con una declaración resonante, según SensaCine: “Gracias, pero me lo dieron por la película equivocada”.

La gala de ese año en Estados Unidos premió una comedia romántica que contó con el favor del público y la crítica. Pero McCarey expresó ante la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas que su mayor satisfacción artística correspondía a otra película estrenada ese año.

El drama ignorado frente a la comedia premiada

Ese título fue La cruz de los años, un drama que explora la vejez, la soledad y el amor. Como recuerda SensaCine, el director se inspiró en la historia personal de sus padres y dotó al filme de un tono íntimo.

Leo McCarey recibió el Oscar
Leo McCarey recibió el Oscar por 'La pícara puritana' en 1937, aunque consideraba que la estatuilla correspondía a otra de sus películas (Wikipedia)

La película narra la historia de un matrimonio anciano obligado a separarse cuando pierden su hogar, mostrando con honestidad el desarraigo y la fragilidad de los vínculos familiares en la vejez. El guion, basado en la novela de Josephine Lawrence, evitó sentimentalismos fáciles para centrarse en la dignidad y humanidad de sus protagonistas.

A diferencia de la comedia reconocida, La cruz de los años no recibió nominaciones al Oscar y fue ignorada por la Academia. Este contraste entre ambas obras pone de relieve cómo el reconocimiento inmediato suele beneficiar a producciones más accesibles, mientras otras, de mayor profundidad, quedan relegadas.

La industria de Hollywood, en ese período, tendía a premiar películas que encajaban con el espíritu optimista y ligero que el público buscaba en los años posteriores a la Gran Depresión, dejando fuera a relatos más sombríos o introspectivos.

La cruz de los años,
La cruz de los años, dirigida por McCarey, exploró con realismo la vejez y la soledad, diferenciándose de las comedias ligeras que premiaba la Academia (Prime Video)

Durante su vida, McCarey sostuvo que su verdadero orgullo era esta obra dramática. Según SensaCine, aceptó el premio con resignación y evidenció su descontento por la falta de reconocimiento a su película más personal.

El propio director relató en entrevistas posteriores que La cruz de los años fue una experiencia transformadora, y que trabajar con actores veteranos como Victor Moore y Beulah Bondi le permitió explorar matices emocionales poco frecuentes en el cine de la época.

El reconocimiento póstumo a una obra maestra

Décadas más tarde, la postura de McCarey fue reivindicada. La cruz de los años se consolidó como un clásico del cine, recibiendo aplauso internacional y considerándose una de las películas más influyentes de los años 30, apunta SensaCine.

El caso de McCarey evidencia
El caso de McCarey evidencia cómo los Oscar a menudo pasan por alto grandes obras, que solo el tiempo consagra (Grosby)

Diversos directores, entre ellos Orson Welles y Yasujiro Ozu, citaron la película como una referencia clave para sus propias obras. El filme fue restaurado en varias ocasiones y reestrenado en festivales internacionales, donde obtuvo una nueva valoración por parte de la crítica y de nuevas generaciones de espectadores.

El caso de McCarey expone un fenómeno recurrente en los Oscar: obras que solo alcanzan el reconocimiento merecido tras el paso del tiempo. Esa transparencia y franqueza públicas, como la que exhibió McCarey ante la Academia, resultaban poco frecuentes en los primeros años de Hollywood. Su honestidad al señalar la injusticia le otorgó una dimensión aún más notable en la historia del cine estadounidense.

Actualmente, La cruz de los años figura entre los grandes dramas sobre la vejez en el cine, y su legado prueba que el valor artístico puede brillar mucho después de terminada la ceremonia de entrega.

La revalorización de la obra
La revalorización de la obra y la reacción de McCarey resaltan que la memoria del cine se construye más allá de la inmediatez de los galardones (SNAP/Entertainment Pictures/Grosby)

Finalmente, McCarey obtuvo el lugar destacado que buscaba en la memoria del cine, como subraya SensaCine. La historia de su reacción y la posterior revalorización de su obra siguen inspirando a cineastas y espectadores, recordando que el tiempo, y no solo los premios, suele ser el juez definitivo del arte.