
Reconocida como una de las coreógrafas más influyentes a nivel mundial, Twyla Tharp compartió en el pódcast Huberman Lab su visión sobre el éxito creativo, la disciplina y la importancia de la rutina diaria.
A lo largo de su conversación con el neurocientífico Andrew Huberman, desmitificó la idea romántica del proceso creativo y defendió la constancia, la autoexigencia y el valor de la comunidad en la vida artística. Sus reflexiones, recogidas en el pódcast, ofrecen una perspectiva realista para quienes buscan desarrollar su potencial creativo.
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Disciplina y rutina como base del éxito creativo
Desde el inicio, Twyla Tharp dejó claro que su famosa rutina matutina no es un ritual placentero, sino una necesidad práctica. “No es un ritual, y nunca lo disfruté. Es una realidad, y lo haces porque necesitas un instrumento que puedas desafiar”, afirmó.
Para ella, la disciplina no depende de la motivación ni del gusto y planteó: “Si no trabajas cuando no quieres trabajar, no podrás trabajar cuando sí quieras trabajar”. Esta perspectiva, alejada de la idealización, subrayó que la constancia y la capacidad de presentarse cada día, incluso en ausencia de ganas, son la verdadera base del éxito creativo.
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La entrevistada relató cómo su educación en el medio rural y la influencia de su madre, pianista de concierto, forjaron su ética de trabajo. “Todo debía practicarse y programarse. El tiempo es limitado y no se desperdicia”, recordó. Esta mentalidad, arraigada en la vida de granja y en la comunidad, se traduce en una visión del trabajo como un deber y una forma de respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
Concepto de “columna vertebral” en la creatividad
Uno de los ejes de la conversación fue la noción de “spine” o columna vertebral en cualquier proyecto creativo. Tharp explicó: “La columna vertebral significa concentración. Si lo piensas geométricamente, es el centro, tanto lateral como vertical. Hasta que no sabes dónde estás centrado, estás perdido”. Para ella, tanto en la organización física como en la conceptual, es fundamental identificar ese punto de anclaje que da coherencia y dirección a la obra.
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La coreógrafa ilustró este concepto con ejemplos de la literatura y el arte, destacando la importancia de que el creador tenga claro el eje central de su trabajo, aunque no siempre sea evidente para el público. “Cualquiera que logra comunicar con éxito a otras personas gana su confianza, porque no los va a engañar”, sostuvo en el pódcast Huberman Lab.

Relación con el público e intención del creador
Tharp abordó el delicado equilibrio entre la intención personal y la consideración del público. “La cuestión sobre el público y la intención es sensible. ¿Estás manipulando a la audiencia o te aíslas en una torre de marfil?”, planteó.
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De acuerdo con su experiencia, el creador oscila entre ambos extremos según el contexto y los compromisos asumidos. “Si he firmado un contrato para entregar un resultado específico, eso es lo que hago. No importa lo que yo quiera”, explicó.
La artista también reflexionó sobre cómo la presión económica y la exposición pública transformaron la motivación de los creadores a lo largo de las décadas. Pero debido al impacto de las condiciones materiales, señaló: “En los años 60, hacíamos cosas porque queríamos cambiar la dirección en la que giraba la Tierra. Ahora, pagas muchas facturas”.
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Fracaso, aprendizaje y trabajo en comunidad
El aprendizaje a través del error y la importancia de la comunidad fueron otros temas centrales. La coreógrafa defendió la necesidad de fallar en privado y de entender el proceso como una sucesión de preguntas y descubrimientos. “Cuando trabajas, no sabes si es un fracaso o no. Solo sabes si es útil, si genera una nueva pregunta”, afirmó.
En cuanto al trabajo colectivo, evocó sus raíces en la vida rural: “Para hacer el gran trabajo, tienes que utilizar fuerzas fuera de ti mismo. Lo debes y lo quieres compartir”. Esta visión se traslada a la danza, que para Tharp es “una buena comunidad, una sociedad como debería ser”.
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Movimiento, longevidad y cuerpo como instrumento
La relación entre movimiento, longevidad y creatividad ocupó un lugar destacado en la charla. Defendió el valor del entrenamiento físico riguroso y la necesidad de adaptarse a los cambios del cuerpo con la edad. “El cuerpo a los 10 es diferente al de los 20, y así sucesivamente. Después de los 65, empiezas a sentirte realmente restringido”, compartió.
A pesar de las limitaciones, insistió en la importancia de mantener la independencia y la curiosidad: “Hay que aceptar el retroceso, pero también buscar la fricción, el punto de competencia”.
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También abordó la conexión entre cuerpo y mente, y cómo el movimiento es la base de toda comunicación y aprendizaje. “No escribes nada, ni música ni lenguaje, sin movimiento. ¿Por qué entonces relegamos el movimiento al fondo de la cultura?”, cuestionó.
Papel de la crítica con la autoexigencia
Sobre la gestión de la crítica, tanto externa como interna, Tharp fue contundente: “Hay que amar lo que haces. Pero también tienes que poder salirte de la acción y mirar tu trabajo como un extraño”.
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Reconoció la dificultad de procesar las opiniones ajenas, especialmente en una disciplina tan personal como la danza, pero defendió la necesidad de mantener estándares elevados y de buscar la excelencia por motivos internos. Con respecto a esto, aseguró: “Un artista interesante es siempre un tomador de decisiones. Eso es lo que mantiene la atención”.

La coreógrafa además reflexionó sobre la evolución de los estándares y la importancia de la autoexigencia: “Desarrollas tu propio estándar interno, muy alto. Es inalcanzable, y muchas veces te vas a odiar por eso”.
Durante la entrevista en el pódcast Huberman Lab, Twyla Tharp dejó claro que el éxito creativo no depende de la inspiración ni de rituales místicos, sino de la disciplina, la claridad de propósito y la capacidad de aprender del error.
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