Con 30 dólares y una mesa de tablas Yohalmo Díaz levantó su propio proyecto cafetalero en El Salvador

Yohalmo Díaz, agrónomo y caficultor, convirtió una finca abandonada en Finca Rancho Montebrio después de ser despedido en 2009 y renunciar a otros empleos durante la pandemia de 2020 en El Salvador

Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)
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Cuando dejó su empleo y llegó al lugar donde imaginaba empezar de nuevo, el salvadoreño Yohalmo Díaz solo tenía 30 dólares, una mesa hecha con dos tablas, una banca y la decisión de no abandonar el campo.

Años después, ese impulso se convirtió en Finca Rancho Montebrio, el proyecto con el que el agrónomo y caficultor construyó una nueva etapa tras décadas de trabajo en la zona occidental de El Salvador.

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En una entrevista con Infobae Centroamérica, Díaz repasó una vida atravesada por el trabajo rural, las dificultades económicas de su infancia, la formación profesional y un despido que coincidió con la compra de la finca que cambiaría su rumbo.

Nació y creció junto a sus dos hermanos en una familia con limitaciones materiales. Sus padres trabajaban en el campo y, pese a las dificultades, priorizaron la educación de sus hijos. Los tres llegaron a ser profesionales en distintas áreas de la ingeniería.

Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
Con un peso del 58% en la producción nacional, la región cafetalera de Apaneca-Ilamatepec destaca entre las seis cordilleras del país por sus condiciones agronómicas particulares y su modelo de cultivo bajo sombra, factores clave en el perfil de taza del grano salvadoreño. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)

Desde niño, Díaz acompañaba a sus padres en las labores agrícolas. Durante las vacaciones escolares, mientras algunos compañeros planeaban viajes, él sabía que debía volver al campo para ayudar a su familia.

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“Yo en vacaciones lo que tengo que hacer es ayudarle a mi papá a trabajar el campo”, recordaba que les decía a sus compañeros.

La educación como camino

Su vida escolar exigió sacrificios desde temprano. Cursó el bachillerato agrícola en Sonsonate, lejos de su casa en el cantón Valle Nuevo, en Juayúa. Como las clases terminaban después de que saliera el último bus hacia su comunidad, su padre pagó su estadía en la ciudad durante los tres años de estudio.

La vida de Yohalmo Díaz ha girado siempre en torno al café. En este video, narra su viaje desde que era un niño que ayudaba en la cosecha hasta convertirse en un experto agrónomo y dueño de su finca, demostrando que el trabajo duro y la pasión pueden convertir los sueños en realidad. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)

Al terminar el bachillerato, la situación económica de la familia limitaba sus opciones. Su padre le planteó una alternativa concreta: la Escuela Nacional de Agricultura, donde el internado incluía alojamiento, comida y formación a cambio de una cuota mensual de 150 colones.

Díaz ingresó en 1988 y se graduó como agrónomo en 1991. Durante su formación descubrió que quería dedicar su carrera al café. La materia de Caficultura fue la que obtuvo la calificación más alta de todo su plan de estudios.

El 28 de agosto de 1991 recibió su título. Once días después, el 9 de septiembre, comenzó a trabajar en una finca de 200 manzanas como administrador, cuando tenía 23 años.

“En esos tiempos no había Google, no había Internet, no había teléfonos, no había celulares”, relató. Aun así, asumió la responsabilidad de conducir una empresa agrícola de gran escala.

Un despido y la compra de una finca abandonada

Durante cerca de tres décadas, Díaz trabajó para distintas empresas y productores. El punto de quiebre llegó el 15 de agosto de 2009.

Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
Creció trabajando la tierra en Juayúa y se graduó de agrónomo gracias al esfuerzo familiar. Tras tres décadas administrando fincas ajenas y superar despidos y crisis económicas, Yohalmo Díaz consolidó un emprendimiento cafetalero propio que no solo respalda su historia de vida, sino que busca dar voz y mercado a otros productores locales. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)

Ese día fue despedido de una de las compañías más importantes del país. La fecha coincidió con la firma para comprar la finca que luego sería la base de su emprendimiento. El terreno estaba abandonado y la operación implicaba un crédito elevado. La pérdida del empleo y la adquisición de la propiedad ocurrieron al mismo tiempo. Díaz recuerda que, al caer la tarde, llegó a la finca y se preguntó qué podía construir allí.

“¿Y qué vamos a hacer en este lugar? Yo quiero hacer algo que sea diferente”, se dijo entonces.

A partir de esa incertidumbre nació Finca Rancho Montebrio, concebida como una iniciativa propia después de años de experiencia en el sector. El proyecto comenzó a tomar forma en 2010, cuando Díaz inició una nueva etapa con su familia y su conocimiento acumulado.

La pandemia como punto de inflexión

Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
De la pobreza en su infancia al éxito de Finca Rancho Montebrio: la historia del caficultor salvadoreño Yohalmo Díaz, quien demostró que el campo sigue siendo un lugar idóneo para volver a empezar. Su hijo, Yohalmo, sigue sus pasos. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)

En 2020, en medio de la pandemia, Díaz decidió renunciar a los trabajos que mantenía para concentrarse por completo en su iniciativa. No contaba con una estructura consolidada ni con recursos suficientes para garantizar el resultado.

Llegó al espacio donde hoy desarrolla parte de su actividad con una mesa improvisada, una banca y dinero apenas suficiente para cubrir lo inmediato. “La gente me preguntaba qué iba a hacer en ese lugar y básicamente no tenía una respuesta”, contó.

Con el paso del tiempo, el sitio se transformó en un punto de encuentro para visitantes y clientes. Díaz asumió tareas que antes había delegado o realizado dentro de otras empresas: atiende, prepara café y recibe a quienes llegan para conocer su historia.

Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
Granos de café de la Finca Rancho Montebrio: El proyecto cafetalero de El Salvador que busca impulsar a pequeños productores. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)

El crecimiento de su emprendimiento también alimentó una idea que va más allá de su producción. Su objetivo, dijo, es que el proyecto pueda servir de apoyo para otros caficultores que necesiten comercializar lo que producen.

“Si a nosotros nuestra capacidad ya no da, podemos empezar a asociarnos con otras personas que produzcan buen café y podérselos comercializar también”, afirmó.

Yohalmo Díaz es un caficultor de la zona de Juayúa, quien desde 1991, se dedica a la administración y producción de café en el occidente de El Salvador, en la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
La finca recibe visitas de ciudadanos nacionales y extranjeros quienes también pueden asistir con sus mascotas. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)

Su historia quedó ligada a la convicción de que el campo podía seguir siendo un lugar desde el cual empezar de nuevo.

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