El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció que trasladó los restos de Francisco Morazán a un mausoleo construido para su custodia permanente, ubicado junto al Palacio Nacional dentro del nuevo Jardín Centroamérica. El recinto abrirá al público desde mañana, jueves 24 de septiembre, a las 19:00, con entrada gratuita.
La nueva ubicación sucede a una extensa historia de traslados, homenajes y períodos de abandono alrededor de las cenizas del militar hondureño, expresidente de la República Federal de Centroamérica y exgobernante salvadoreño. Su primer mausoleo en San Salvador fue profanado por tropas guatemaltecas en 1863, durante la invasión encabezada por el presidente Rafael Carrera Turcios contra el general Gerardo Barrios Espinoza.
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Morazán fue fusilado el 15 de septiembre de 1842 en la capital de Costa Rica, en el lugar donde actualmente se encuentra el parque Central. Siete años después, el presidente costarricense José María Castro ordenó exhumar sus restos y enviarlos a El Salvador, tras una solicitud de la Asamblea Legislativa salvadoreña realizada en marzo de 1848, según elsalvador.com.
Del fusilamiento en Costa Rica al desembarco en Acajutla
La exhumación fue decretada el 6 de noviembre de 1848 y contó con la presencia del propio Castro. Los huesos fueron cremados y colocados en una urna cineraria, pese a que el deseo de Morazán de reposar en El Salvador había sido expresado verbalmente y no figuraba en su testamento.
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El mandatario costarricense sostuvo que actuaba por las “muy fuertes simpatías” que guardaba hacia el pueblo y el gobierno salvadoreño. Sin embargo, el traslado también alejaba de Costa Rica los restos de un caudillo cuyo significado político e histórico mantenía peso en la región.

La urna fue llevada al puerto de Puntarenas por una comitiva integrada por el general José María Cañas, nacido en Suchitoto en 1809, y el presbítero Ramón María González. El domingo 14 de enero de 1849, ambos embarcaron el depósito funerario en el bergantín-goleta ecuatoriano Chambon, comandado por el capitán Roger y tripulado por 12 marineros.
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La nave, construida en madera y equipada con dos mástiles, combinaba velas cuadradas en el trinquete y otras con forma de cuchillo. El Chambon fondeó en la rada de Acajutla el 26 de enero de 1849.
Al día siguiente, Cañas comunicó al Supremo Gobierno salvadoreño que podía entregar la urna “a bordo del referido buque, en tierra o en esa capital”. La respuesta oficial llegó tres días más tarde, firmada por el ministro de Relaciones Interiores, Juan José Bonilla, integrante del gabinete del presidente Doroteo Vasconcelos.
El Gobierno no había preparado una ceremonia para el arribo de los restos y el gobernador de Sonsonate, Rafael Padilla Durán, se encontraba en Santa Ana. Por ello, el concejo de Sonsonate recibió la urna en el puerto, con una salva de 21 cañonazos, mientras la Tesorería General de la República quedó encargada de pagar el transporte marítimo y otros gastos de la comisión costarricense.
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Padilla Durán viajó desde Santa Ana el 30 de enero y ordenó que una escolta armada de 25 hombres trasladara la urna a la Capilla del Ángel. Esa tarde, más de 300 personas avanzaron con velas, faroles y antorchas hasta la Iglesia Parroquial de Sonsonate, donde se realizaron exequias y una misa solemne en latín al día siguiente.
El recorrido de las cenizas por el territorio salvadoreño
El gobierno de Vasconcelos autorizó el 14 de marzo de 1849 el traslado de la urna al templo parroquial de Santa Ana. El cortejo partió el 3 de abril con casi 300 personas, entre ellas 200 jinetes, autoridades municipales y el general francés Isidore Saget Lantour, antiguo combatiente bajo las órdenes de Morazán.
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La primera noche, los restos permanecieron en el templo de Sonzacate. Al día siguiente se incorporaron 60 ciudadanos de Ahuachapán y más de 250 jinetes, mientras 60 infantes uniformados efectuaban descargas de fusilería durante el trayecto.
La comitiva llegó a Santa Ana el 4 de abril a las 16:00, después de pasar por la aldea de San Antonio. La urna fue depositada en el templo de Santa Lucía, bajo custodia de efectivos de infantería y caballería nacional.

Dos días después, las cenizas fueron trasladadas al templo parroquial santaneco en un desfile encabezado por sacerdotes de Santa Ana, Coatepeque y Chalchuapa. La urna fue instalada sobre un catafalco financiado con recursos locales y vigilado por dos oficiales uniformados, mientras se celebraban exequias, una misa solemne y salvas de artillería y fusilería.
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Como respuesta a la entrega de los restos de Morazán, Vasconcelos ordenó el 1 de febrero de 1849 exhumar y entregar los restos óseos de los expresidentes costarricenses Braulio Carrillo y Manuel Aguilar, enterrados en zonas de los actuales departamentos salvadoreños de Morazán y Sonsonate. La Cámara de Diputados también dispuso colocar un retrato de José María Castro, de dos varas de alto, en su salón de sesiones.
La inestabilidad política y militar demoró la llegada definitiva de la urna a San Salvador. La derrota salvadoreña ante Guatemala en la batalla de La Arada, el 2 de febrero de 1851, provocó su traslado urgente a Mejicanos y luego a Cojutepeque, movimientos realizados sin ceremonias públicas.
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El terremoto del 16 de abril de 1854, el cambio de sede de la capital hacia Cojutepeque y San Vicente, la invasión filibustera en Nicaragua entre 1856 y 1857 y los enfrentamientos liderados por caudillos locales relegaron el destino de las cenizas. Desde 1851 permanecieron en la iglesia de Mejicanos y, en 1855, fueron llevadas a la Catedral provisional de Cojutepeque.
La llegada definitiva a San Salvador y el nuevo mausoleo
El general Gerardo Barrios Espinoza ordenó llevar las cenizas de Morazán y de su esposa, María Josefa Lastiri, a San Salvador cuando trasladó nuevamente la capital. El 14 de septiembre de 1858, los restos llegaron a La Garita de San Sebastián, en la actual calle 5 de Noviembre, dentro de un carruaje negro tirado por caballos blancos vestidos de luto y custodiado por cuatro veteranos morazanistas.
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Al día siguiente, las urnas fueron conducidas a la primera Catedral de San Salvador, al oriente de la Plaza de Armas, hoy plaza Libertad. Junto al catafalco se exhibieron el uniforme, la espada y el bastón de mando de Morazán, mientras una antigua bandera federal azul y blanca llevaba un listón negro.
El 16 de septiembre, la bandera nacional fue izada a media asta en todos los edificios de la capital y un cañonazo sonó cada media hora. El 17, un batallón de honor trasladó las urnas al cementerio, acompañado por Barrios Espinoza, autoridades civiles y militares, diplomáticos, delegaciones municipales, magistrados, jueces y una multitud que recorrió calles decoradas con arcos y gallardetes negros y blancos.
Tras la profanación de 1863, se construyó otro monumento funerario en la Sección de Hombres Ilustres del Cementerio General de San Salvador. Ese lugar fue declarado patrimonio cultural de la capital y de la nación salvadoreña, condición que garantizó la permanencia de las cenizas de Morazán y Lastiri en el país.
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