El fenómeno de El Niño se instala en El Salvador y anticipa un julio y agosto más secos

El Ministerio de Medio Ambiente alertó que el oriente y la franja litoral verían la mayor reducción de precipitaciones, con rachas sin agua de hasta más de 16 días durante la canícula

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Un termómetro grande en primer plano marca más de 40°C en una acera agrietada y seca. Al fondo, vegetación marchita, postes eléctricos y un cielo grisáceo.
El Niño ya opera sobre El Salvador desde el 23 de junio y amenaza con convertir julio y agosto en los meses más secos y calurosos del año, según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Niño ya opera sobre El Salvador desde el 23 de junio y amenaza con convertir julio y agosto en los meses más secos y calurosos del año, según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. El fenómeno llega en plena canícula y se superpone a una ola de calor reciente que superó los 40°C (104°F) en varias zonas del país.

El MARN advirtió que las zonas oriental y costera serán las más afectadas. Según la entidad, la disminución de precipitaciones puede derivar en sequía meteorológica débil, con entre cinco y 10 días consecutivos sin lluvia; moderada, de 11 a 13 días; o fuerte, cuando el período seco supera los 16 días.

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Qué es El Niño y por qué preocupa

El Niño es el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial.

Cuando esa anomalía persiste durante varios meses, altera la circulación atmosférica global. En Centroamérica, suele reducir la nubosidad, elevar las temperaturas y disminuir el ingreso de humedad desde el Caribe.

La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el episodio actual evolucionará hacia una fase fuerte entre julio y septiembre, con anomalías de temperatura superficial del mar superiores a los 2°C por encima del promedio.

La secretaria general del organismo, Celeste Saulo, advirtió que eso “aumentará las probabilidades de sequías y lluvias intensas, así como el riesgo de olas de calor terrestres y marinas en muchas regiones del mundo”.

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Un hombre mayor con sombrero de paja y camisa a rayas de pie en un campo de maíz seco, sosteniendo un paquete de semillas mejoradas, con una bomba de agua a su izquierda.
La reducción de lluvias en la principal temporada agrícola recortó las áreas de siembra de maíz y frijol, los cultivos de subsistencia de la región. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto en Centroamérica

El Sistema de la Integración Centroamericana proyectó desde mayo que toda la región afrontará lluvias irregulares, temperaturas por encima del promedio histórico y una canícula más intensa y prolongada entre mayo y julio de 2026.

En Costa Rica, la coordinadora de Climatología del Instituto Meteorológico Nacional, Karina Hernández, estimó un déficit de lluvias de entre 20% y 30% en la Vertiente del Pacífico y el Valle Central. Hernández anticipó que julio registrará las temperaturas más elevadas del año, con incrementos de más de 1°C sobre los promedios históricos en el litoral pacífico.

Panamá, a su vez, ya suspendió exportaciones eléctricas de hasta 200 megavatios hacia el resto de Centroamérica para preservar las reservas de agua de los embalses Fortuna y Bayano, una señal del estrés hídrico que el fenómeno ya genera en la matriz energética regional.

El Corredor Seco y la seguridad alimentaria

La franja conocida como el Corredor Seco, que atraviesa Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, concentra el mayor riesgo. Un informe conjunto de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos ubicó a la región entre los 13 focos críticos globales que requieren atención urgente entre junio y noviembre de 2026.

Campo agrícola reseco y agrietado con surcos vacíos, plantas marchitas, casas rurales borrosas al fondo y un tractor oxidado.
Un campo agrícola en El Salvador presenta la tierra reseca y agrietada con surcos vacíos y restos de plantas marchitas, mientras casas rurales y un tractor oxidado aparecen borrosos al fondo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Guatemala, unos 3 millones de habitantes se encuentran en niveles críticos de inseguridad alimentaria y cerca de 250 mil ya viven una emergencia aguda. En Honduras, 1,6 millones están en situación de crisis o peor, y al menos 62 mil enfrentan condiciones que ponen en riesgo su supervivencia.

La reducción de lluvias en la principal temporada agrícola recortó las áreas de siembra de maíz y frijol, los cultivos de subsistencia de la región, lo que obliga a muchas familias a depender de mercados más inestables y costosos.

Nicaragua, salud y energía

Nicaragua anticipa una reducción de entre 17% y 23% en las precipitaciones, con una distribución irregular en todo el territorio. El Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres mantiene vigilancia activa ante los posibles efectos.

Organismos internacionales advirtieron que cultivos clave como el maíz y los frijoles podrían perderse en áreas ya vulnerables, con consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria y los ingresos rurales. Las instituciones meteorológicas de la región coinciden en que El Niño podría extenderse entre 12 y 18 meses.

Un campo de frijol con plantas secas y amarillentas bajo un cielo azul despejado. El suelo está agrietado y árido, mostrando los efectos de la sequía extrema.
La franja conocida como el Corredor Seco, que atraviesa Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, concentra el mayor riesgo. Un informe conjunto de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos ubicó a la región entre los 13 focos críticos globales que requieren atención urgente entre junio y noviembre de 2026. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En El Salvador, las autoridades de Salud no registraron afectaciones clínicas durante la ola de calor de 12 días que precedió a la canícula actual, aunque las temperaturas superaron récords en algunas zonas. El MARN subrayó que el fenómeno no implica ausencia total de lluvia ni elimina el riesgo de tormentas tropicales o huracanes.

Con embalses que no alcanzarán sus niveles óptimos por el déficit hídrico de julio y agosto, gran parte de la matriz energética centroamericana, altamente dependiente de la hidroelectricidad, enfrenta restricciones operativas. Las autoridades de varios países aceleran proyectos para fortalecer la resiliencia del sistema antes de que el episodio alcance su pico de intensidad.

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