
Un viaje por mar de unas 40 horas en una balsa con un teléfono a punto de apagarse. Detención en Corea del Sur. Eso es solo parte de lo que el disidente chino Dong Guangping soportó para escapar de su país natal. Llegó a Canadá a finales de la semana pasada, un destino que anhelaba desde hace más de una década.
Dong había estado encarcelado en China varias veces, incluso por sus actividades para conmemorar la represión de 1989 contra manifestantes prodemocracia en la Plaza de Tiananmen, en Beijing, y por intentos anteriores de huir.
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“Es como vivir en una jaula. Muy asfixiante”, declaró Dong en una entrevista en video con The Associated Press desde Toronto al referirse a la falta de libertad de expresión en China.
El disidente de 68 años dijo que tras su liberación de prisión, no pudo recibir prestaciones de jubilación ni renovar su pasaporte y que estaba bajo vigilancia policial constante.
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El Ministerio de Relaciones Exteriores de China indicó que el gobierno gestiona la entrada y salida de sus ciudadanos de acuerdo con la ley y que los ciudadanos chinos deben acatar la Constitución y la ley.
Dong intentó huir al menos tres veces antes: en 2015 a Tailandia, donde las autoridades lo deportaron de regreso a China; en 2019, cuando trató de nadar hasta una isla taiwanesa frente a la costa oriental de China; y en 2020, cuando llegó a Vietnam, solo para ser deportado de vuelta otra vez.
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El mes pasado, lo intentó de nuevo.
Dejar atrás el miedo a la muerte

En las primeras horas del 24 de mayo, partió con buen tiempo desde Weihai, una ciudad costera del este de China en la provincia de Shandong, en una balsa motorizada. Tenía puesta la mirada en Japón, convencido de que el gobierno allí no lo devolvería a China.
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Pero al día siguiente llegó la niebla. Cuando notó que su teléfono, del que dependía para la navegación por GPS, estaba en su última barra, se aterrorizó. Su batería externa también se agotó. Cambió rápidamente a su plan de contingencia: Corea del Sur.
Dong recordó que el temor era profundo porque su diminuta embarcación podría volcar si aumentaban el viento y el oleaje. Pero no tenía forma de regresar y dejó atrás el miedo a la muerte.
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“Las condiciones de vida en el país son tan terribles que estar vivo es poco diferente de estar muerto”, señaló Dong. ”Así que no tiene sentido temer a la muerte. Si avanzas, hay una posibilidad de vivir”.
Por la noche, vio luces a lo lejos y se dirigió hacia ellas. La primera embarcación no oyó sus gritos de auxilio y se fue. Más tarde, se encontró con un barco pesquero que aceptó subirlo a bordo. Les pidió a los pescadores que llamaran a la policía para que lo ayudara.
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La guardia costera surcoreana lo detuvo por presuntamente violar la ley de inmigración del país. Solicitaron una orden para arrestarlo formalmente, pero un tribunal la rechazó, al señalar que es “difícil reconocer fundamentos y necesidad suficientes” para su detención.
De un centro de refugiados a Canadá
Más tarde, Dong fue enviado a un centro de refugiados en Incheon, una ciudad portuaria cerca de Seúl. A principios de este mes, la agencia de la ONU para los refugiados se puso en contacto con él mediante una videollamada, contó.
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Después, un responsable del centro de refugiados le preguntó su estatura, peso y el color de sus ojos. Al principio se preocupó, pero resultó ser una buena señal. Su abogado le dijo que era a solicitud de la misión diplomática canadiense, relató.
Aproximadamente una semana después, Dong abordó un vuelo y llegó a Toronto el viernes. Aún no sabe qué procedimientos legales estuvieron implicados en su traslado, pero supuso que se basó en la cooperación entre los gobiernos de Corea del Sur y Canadá y la agencia de la ONU.
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“Me siento muy sorprendido, extremadamente sorprendido. Es como si todavía estuviera en un sueño. Es muy rápido”, manifestó Dong.
Creía que el estatus de reasentamiento en Canadá que su familia obtuvo en 2015, antes de que las autoridades tailandesas lo deportaran de regreso a China, seguía siendo válido.
La embajada de Canadá en Corea del Sur declinó comentar sobre el caso de Dong. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Sur apuntó que el país manejó el caso “de acuerdo con la ley y los principios”, pero no especificó el papel de Seúl en la organización del traslado de Dong a Canadá. La agencia de la ONU para los refugiados declinó comentar sobre casos individuales por razones de confidencialidad y protección.
Dong promete seguir adelante con su activismo

Dong dijo que se siente como en casa tras llegar a Toronto, al afirmar que por fin probó la libertad por primera vez en más de una década.
“No hay ni un atisbo de miedo”, aseguró Dong.
Espera ganarse la vida, posiblemente como conductor de camión o conductor de Uber.
Pero la alegría no ayuda a Dong a dejar atrás las deportaciones por parte de las autoridades tailandesas y vietnamitas.
En 2015, Dong y su familia fueron a Tailandia para solicitar el estatus de refugiado ante la agencia de la ONU para los refugiados, pero las autoridades tailandesas lo arrestaron después y lo devolvieron a China, según Amnistía Internacional. Su exesposa y su hija lograron reasentarse en Canadá.
El activista huyó a Vietnam en 2020, pero fue enviado de regreso en 2022. Fue encarcelado cada vez que lo devolvieron a China. Dijo que planea consultar a un abogado para ver si puede demandar tanto a Tailandia como a Vietnam.
Para Dong, la lucha está lejos de terminar. También planea seguir adelante con su llamado a la democratización de China.
A finales de la década de 1990, el exagente de policía distribuyó folletos con sus artículos sobre temas como la represión de Tiananmen. Fue encarcelado durante tres años en 2001 por incitar a la subversión.
También pasó más de ocho meses tras las rejas por su participación en un acto conmemorativo de las víctimas de la represión, después de ser arrestado en 2014, contó.
“Mi objetivo final es que China logre una democracia constitucional”, afirmó Dong.
(Con información de AP)
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