En el centro industrial de Santa Ana funciona el taller textil más grande de la región, un espacio donde cada jornada comienza entre el sonido de las máquinas industriales y la coordinación de cientos de personas.
Raúl López, encargado general del área, observa el flujo constante de quienes participan en la confección: todos son personas privadas de libertad que, bajo supervisión, integran el equipo de trabajo.
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La cantidad de trabajadores varía según la demanda de producción. “Ahora mismo tenemos a mil ochocientos compañeros trabajando”, comenta López, y precisa que la planta puede llegar a dos mil cincuenta personas por turno si es necesario. El taller opera con uno, dos o hasta tres turnos diarios, según los pedidos que llegan y la urgencia de cada encargo.
El sistema está diseñado para adaptarse. La capacidad y los turnos se ajustan a los volúmenes de trabajo, permitiendo que en días de mayor demanda se sumen más manos para cumplir los compromisos.
El destino de las prendas confeccionadas responde siempre a necesidades estatales. Los uniformes producidos en el taller cubren sectores diversos: desde la Fuerza Armada hasta los niños de las escuelas públicas, pasando por el personal de hospitales en todo el país. Actualmente, los privados de libertad también confeccionan indumentaria para programas que distribuyen uniformes tanto a empleados como a quienes se desempeñan en los centros educativos.
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El área textil cuenta con la capacidad técnica para adaptarse a distintos tipos de prendas, siempre que se entregue una muestra física o una imagen del diseño solicitado.
La producción semanal no es fija y depende de los pedidos que llegan al área. El volumen de trabajo se ajusta a las necesidades de los programas que impulsa el gobierno, manteniendo la posibilidad de ampliar turnos cuando los pedidos lo requieren.
El torneo de fútbol: estructura, recursos y formación deportiva
Mientras los talleres textiles marcan el ritmo de la producción, en la cancha de fútbol del centro industrial la atención se concentra en el desarrollo deportivo. Allí, la voz de Juan Carlos Villatoro García se impone entre el bullicio y los ecos de balones. Durante un recorrido con Infobae El Salvador, el coach técnico compartió en detalle la organización del torneo de fútbol que dirige, integrado por cuarenta equipos y gestionado bajo una estructura profesional poco habitual en el fútbol amateur local.
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Más allá del entusiasmo colectivo, quedan definidos los criterios de avance: de los cuarenta equipos iniciales, dieciséis logran el pase a octavos de final. El proceso continúa con una nueva depuración hasta llegar a ocho equipos en cuartos y, sucesivamente, a dos semifinalistas que luchan por un lugar en la final. La lógica de eliminación directa exige lo mejor de cada plantel en cada partido, todos disputados en la misma cancha.
El torneo no solo se distingue por la competencia, sino por los recursos puestos a disposición de los jugadores. Villatoro señala la existencia de una piscina de frío, donde se emplea hielo para atender lesiones como estirones o desgarros. “Si un jugador sufre un golpe, lo metemos a la piscina. Luego lo llevamos al quiropráctico”, explica.
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Uno de los aspectos que más resalta Villatoro es la selección de talentos que surge a partir del torneo. “Tenemos una selección de todos los equipos que ve jugando. Sacamos a los mejores jugadores”, detalla. La mirada técnica no se limita al juego, sino que incluye un seguimiento para conformar una selección representativa.
El cuerpo técnico responde a estándares profesionales. Entre ellos destaca a Julio Arias como preparador físico, además del propio Villatoro en el rol de coach técnico, quien tiene trayectoria como futbolista profesional: jugó en Atlético Balboa entre 2000 y 2002, y luego en Municipal Limeño hasta 2004. “Como jugué también en la mayor, conozco del torneo”, recalca Villatoro. Además, se tiene la presencia de un árbitro profesional, que ha dirigido en divisiones mayores y aporta mayor rigor competitivo.
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La memoria deportiva y la identidad del lugar también tienen su espacio en el recorrido. En uno de los muros, Villatoro señala una pintura dedicada a la selección de El Salvador que participó en el Mundial de 1982, uno de los veinticuatro equipos que compitieron en la Copa Mundial celebrada en España. Esa pintura, al igual que toda la infraestructura del estadio de fútbol —graderías, cabina y zona de recuperación—, fue realizada por los propios privados de libertad.
Los equipos del torneo están organizados por áreas, lo que permite una estructura equilibrada y representativa de las distintas zonas del centro industrial. Este método de organización facilita la convivencia y favorece la integración de los participantes en la dinámica deportiva.
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