
La agricultura en El Salvador atraviesa una de sus mayores dificultades por la falta de mano de obra, un fenómeno que afecta a productores, gremiales y autoridades del sector, e impulsa la búsqueda de soluciones tecnológicas y organizativas. La migración, el envejecimiento rural y el desinterés de las nuevas generaciones por las labores agrícolas han reducido la disponibilidad de trabajadores en la mayoría de los cultivos, desde los granos básicos hasta la caña y el café.
El representante de la Mesa Agropecuaria Rural e Indígena, Mateo Rendón, advirtió esta mañana en entrevista radial que la migración masiva de jóvenes hacia el extranjero ha dejado al país con pocos brazos para sostener las cosechas. “Nos hemos quedado sin gente para trabajar. El caso del café, de la caña, los granos, todos enfrentan el mismo problema”, afirmó el dirigente en la entrevista emitida por YSUCA.
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Según Rendón, la situación ha obligado a los productores a reducir el área cultivada, ya que no logran contratar suficientes jornaleros para sembrar y cosechar.
La escasez de mano de obra se percibe en casi todas las zonas productivas del territorio, donde antes un agricultor podía cultivar dos o tres manzanas y ahora apenas mantiene una. “Yo siempre hacía dos manzanas de maíz y una de frijol. Hoy, a lo mucho que hago es media manzana porque ya no hay quién trabaje”, afirmó. Esta realidad se extiende a toda la cadena de valor agrícola y afecta tanto a la producción de alimentos como a la rentabilidad de los pequeños y medianos productores.
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El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) reconoce el impacto de la migración y la falta de relevo generacional en el sector. Óscar Domínguez, titular del MAG, ha señalado en varias reuniones con gremiales la necesidad de “modernizar el campo y acercar la tecnología a los productores para compensar la falta de trabajadores”.

El programa Aumento a la Producción, impulsado en 2025, incluyó la entrega de maquinaria agrícola, insumos mejorados y la capacitación para el uso de drones en riego y monitoreo de cultivos, como parte de la estrategia para mitigar el déficit de mano de obra.
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El fenómeno migratorio no solo redujo la disponibilidad de trabajadores, sino que modificó el perfil demográfico de quienes permanecen en las zonas rurales. “La mayoría de agricultores en el país tienen 40 o 50 años o más. Somos una generación en extinción. Si la juventud no retoma el papel de producir nuestros alimentos, no habrá nuevos agricultores”, advirtió Rendón. El desinterés de los jóvenes por la agricultura se relaciona tanto con los bajos salarios como con la percepción de inestabilidad provocada por el clima y las condiciones del mercado.
Diversos actores del sector coinciden en que la mecanización es una de las pocas salidas viables frente a la escasez de mano de obra. El programa oficial de apoyo a la producción prioriza la dotación de tractores, sembradoras y motoguarañas para aprovechar las superficies mecanizables. En los cultivos de frijol y maíz, la siembra y la cosecha con maquinaria ha permitido sostener la producción, aunque las limitaciones topográficas y el tamaño de las parcelas dificultan la expansión de este modelo a todo el país.
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El uso de tecnología también se ha extendido a la aplicación de insumos y el control de plagas, como la reciente experiencia con drones para regar el frijol de riego y otras hortalizas. Según los datos divulgados por el MAG y la Mesa Agropecuaria, “todo el frijol de riego que hay ahorita, las 1,300 manzanas, son mecanizadas”, lo que ilustra la rapidez con que algunos segmentos del sector han adoptado innovaciones.
El impacto de la falta de mano de obra se refleja en los precios y la oferta de alimentos. De acuerdo con los reportes del Banco Central de Reserva (BCR), la importación de frijol alcanzó los $50 millones en 2024 debido al déficit de producción local. Las autoridades proyectan que la expansión de la mecanización y los incentivos a la siembra permitirán reducir gradualmente la dependencia de las importaciones, aunque reconocen que la solución al problema de la mano de obra requiere cambios estructurales y educativos.
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El Ministerio de Agricultura, junto con las gremiales, ha intensificado los programas de formación en escuelas técnicas y bachilleratos agrícolas para motivar a los jóvenes a vincularse con el campo. “En los bachilleratos nacionales se está incentivando a la juventud con el tema de la agricultura, con huertos caseros y capacitación”, afirmó Rendón. El reto, según productores y funcionarios, es lograr que estas iniciativas sean sostenidas y logren revertir la tendencia de envejecimiento y abandono del campo salvadoreño.
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