Uno de cada dos estudiantes secundarios en Argentina acumula un mes de clases perdidas

Un estudio técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que el ausentismo escolar afecta a casi la mitad de los alumnos argentinos y su impacto en el aprendizaje es mayor que en el resto de América Latina

Interior de aula con pizarrón verde, paredes blancas y azules desgastadas. Filas de pupitres de madera y metal, algunos con mochilas y cuadernos dispersos.
El ausentismo escolar es una situación que realmente impacta en la Argentina con respecto a otros países de la región (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Asistir o no asistir; esa es una de las grandes cuestiones. Así lo demuestra, una vez más, un nuevo informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que dialoga con la campaña de Argentinos por la Educación en la que también se pone el foco en visibilizar el problema del ausentismo escolar crónico.

El documento titulado “Asistencia escolar y políticas para el sostenimiento de trayectorias” y realizado por los investigadores Juan Suasnábar, Tamara Vinacur y Silvina Alegre (julio 2026) propone un marco de cuatro pilares para que los sistemas educativos usen el dato de asistencia como herramienta de alerta temprana.

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Hoy la asistencia a clases es uno de los principales termómetros para medir la salud de los sistemas educativos de América Latina. El trabajo del BID combina relevamiento bibliográfico, procesamiento de datos de evaluaciones estandarizadas y análisis normativo en cinco provincias argentinas, y llega a una conclusión que preocupa al señalar que el ausentismo escolar lejos de ser un problema marginal es una situación que realmente impacta en Argentina con respecto a otros países de la región.

Un problema que empieza temprano y atraviesa niveles

Según datos del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE 2019), elaborado por la UNESCO, Argentina exhibe una de las mayores incidencias de ausentismo de la región en el nivel primario.

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El 46% de los estudiantes de 3° grado y el 50% de los de 6° grado declararon haberse ausentado dos o más veces en el mes previo a la evaluación, un umbral que equivale a perder al menos el 10% del tiempo lectivo mensual. Este fenómeno se agrava en la secundaria, ya que de acuerdo con el operativo nacional Aprender 2022, aplicado a más de 400.000 estudiantes del último año del nivel medio, el 44% de los alumnos declaró haber faltado 15 días o más a lo largo del ciclo lectivo; lo que equivale a perder al menos un mes completo de clases. Solo el 4% aseguró no haber faltado nunca en el año.

El informe del BID también detalla que la provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Tierra del Fuego presentan los niveles de ausentismo más altos y graves del país; mientras que Jujuy, San Juan y Santiago del Estero se ubican en el extremo opuesto.

Un adolescente escribe en un cuaderno abierto con un bolígrafo, sentado en un pupitre dentro de un aula con sillas, ventanas y una mochila en el suelo.
El ausentismo reiterado funciona como una señal temprana de riesgo de abandono escolar; además del impacto en la adquisición de saberes curriculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

El costo impacta en los aprendizajes

El documento del BID también ofrece una medición del impacto en el desempeño académico, y los números son contundentes. Según el cruce de datos del ERCE 2019, los estudiantes argentinos con ausentismo recurrente obtienen hasta 28 puntos menos en Matemática de 6° grado que sus pares con asistencia regular, la brecha más alta entre los 17 países relevados por el estudio regional.

PISA 2022, el programa de evaluación de la OCDE aplicado a jóvenes de 15 años, confirma el patrón de impacto en el aprendizaje, pero a nivel secundario ya que quienes faltaron al menos a una clase en las dos semanas previas a la evaluación registran un rezago de entre 15 y 22 puntos en lectura, matemática y ciencias respecto de quienes no tuvieron inasistencias. Cuando las ausencias se prolongan por más de tres meses, la brecha supera los 40 puntos en todas las áreas evaluadas.

El informe también recoge la mirada de los propios directivos escolares; según Aprender 2022, más de la mitad de los estudiantes secundarios asiste a escuelas cuyos directores consideran el ausentismo uno de los principales problemas que afecta los procesos de enseñanza y aprendizaje, una percepción que se acentúa en el sector estatal y en los contextos socioeconómicos más vulnerables.

De la falta aislada a la desvinculación

Uno de los aportes más novedosos del estudio proviene del análisis de registros administrativos nominales; es decir, del seguimiento individual de cada estudiante a lo largo del año, más allá de los promedios institucionales. El informe cita en particular un trabajo de la Secretaría de Educación de la Nación, publicado en 2025 a partir de datos del Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE), que identificó distintos perfiles de asistencia mediante técnicas de clustering.

Ese análisis distingue tres grandes grupos: estudiantes con asistencia regular y sostenida, que registran las mejores calificaciones y una probabilidad de no matricularse al año siguiente de apenas entre el 3% y el 6%; un grupo de alta inasistencia con recuperación hacia fin de año; y un grupo de “desvinculación progresiva”, cuyas faltas aumentan de manera sostenida hasta interrumpir casi por completo la presencialidad. En este último grupo, la probabilidad de no matricularse al ciclo siguiente trepa al 55%, y las calificaciones promedio caen a 3,2 puntos sobre diez, tanto en lengua como en matemática.

Los investigadores Suasnábar, Vinacur y Alegre subrayan que el ausentismo reiterado funciona como una señal temprana de riesgo de abandono escolar; además del impacto en la adquisición de saberes curriculares.

Un mapa normativo desigual

El informe también reconstruye, a partir de un relevamiento en los portales oficiales de las 24 jurisdicciones del país, cómo cada provincia regula la asistencia escolar. A partir del análisis en profundidad de cinco casos— Provincia de Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, Río Negro y La Pampa— se observan criterios dispares; mientras que en el nivel primario bonaerense se exige un 80% de asistencia sobre los días de clase efectivos, en Río Negro y Corrientes el umbral para el nivel secundario es del 75% de las clases dictadas, y en Mendoza se fija un tope de 20 inasistencias anuales.

El estudio identifica además que los regímenes sancionados entre 2010 y 2017 tienden a concebir la asistencia desde una lógica administrativa, ligada a la pérdida de la condición de “alumno regular”; mientras que las normas más recientes— entre ellas las de provincias como Jujuy, Córdoba, Chaco o CABA— incorporan explícitamente el acompañamiento institucional, las tutorías y los planes de continuidad pedagógica.

De esta forma los nuevos regímenes reemplazan la idea del “estudiante libre” por una estrategia que apunta al reingreso y a la continuidad no solo del aprendizaje sino también de contención en el entorno escolar.

Cuatro pilares para actuar sobre el dato

A partir de los diversos diagnósticos trabajados, el documento propone un marco de acción organizado en cuatro dimensiones interdependientes. Estas son la gobernanza (cómo se define y regula la asistencia), los indicadores y umbrales (qué medir y cuándo activar una alerta), la adecuación de los sistemas de información (cómo capturar y devolver el dato de forma oportuna) y los protocolos de intervención (qué acciones concretas se activan ante la inasistencia).

En la propuesta se insiste en la importancia trabajar con todas las esferas en diálogo ya que un sistema de registro digital sofisticado, advierten los autores, no sirve de nada si no existen protocolos claros que traduzcan una alerta en una intervención pedagógica concreta.

Como ejemplos de esa articulación, el informe del BID menciona experiencias de otros países de la región como el Sistema Integrado de Protección de Trayectorias Educativas de Chile, que simplificó sus alertas automáticas a un único indicador de asistencia por nivel educativo; el programa brasileño Pé-de-Meia, que utilizó la exigencia de reportar asistencia para habilitar transferencias monetarias y aceleró la digitalización del registro escolar; y las intervenciones de comunicación personalizada con familias impulsadas en Uruguay por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) junto al Behavioral Insights Team, que lograron reducir la inasistencia en un 6% mediante el envío de cartas informativas

En 2025, el profesor adjunto en la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York y profesor visitante asociado de educación en Harvard, Alejandro Ganimian visitó la Ciudad de Buenos Aires; invitado por el Ministerio de Educación. Ya en ese momento también alertó sobre lo que destaca la evidencia internacional con respecto al ausentismo crónico: “los estudiantes que faltan más tienen hábitos de estudio menos frecuentes, menos consistentes, es decir, no hacen la tarea, no se presentan para los exámenes, no estudian para los exámenes, tienen problemas también a veces de disciplina.”

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