
La educación maker es un componente clave en la evolución e innovación de los modelos actuales de las aulas escolares. En los últimos años estos espacios han ganado popularidad y relevancia gracias a que proporcionar entornos de aprendizaje más dinámicos y participativos.
Si bien en Estados Unidos o países de Europa son cada vez más comunes este tipo de espacios, Latinoamérica apenas avanza hacia la creación de estos lugares, por lo que es importante resaltar cuáles son los beneficios que surgen al trabajar en estas aulas.
Las aulas maker se caracterizan por su diseño que propicia la creatividad, la resolución de problemas y el pensamiento crítico mediante la aplicación práctica de conocimientos teóricos.

Los makerspace impulsan la idea de “aprender haciendo con nuestras propias manos”, y si bien no es una tendencia emergente, si es cierto que en épocas anteriores los centros escolares se centran más en libros y pedagogías didácticas que en creaciones físicas.
La Educación Maker tiene como objetivo proporcionar a los estudiantes la autonomía necesaria para explorar sus propias ideas y verse a sí mismos como personas que pueden imaginar, crear, construir y resolver problemas.
Estos espacios educativos deben promueven la experimentación, el diseño y la construcción. Usualmente se ocupan para las disciplinas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), por lo que suelen estar equipadas con herramientas como impresoras 3D, cortadoras láser, placas de desarrollo y otros recursos que permiten a los estudiantes materializar sus ideas.

Una vez que las herramientas son integradas en el aula, los docentes impulsan a sus alumnos para la creación de proyectos, exploración de ideas y lo más importante aprender con las propias manos y experiencia.
Tanto en entornos formales como informales, los educadores enseñan a los estudiantes cómo usar herramientas específicas que quizá no conocían, les asignan proyectos guiados y les permiten proponer sus propias ideas de proyectos para que los estudiantes trabajan en actividades individuales, en grupos pequeños o en proyectos de toda la clase. A la par investigadores en el área de la educación, revisan diferentes maneras de cómo crear y construir con tus propias manos para adquirir experiencias diversas y novedosas.
En el proceso de aprendizaje que experimentan los estudiantes desarrollan habilidades que en una clase tradicional no sería posible.
¿Qué habilidades se desarrollan con la educación Maker?
Implementar la educación maker permite a los estudiantes definir los problemas y diseñar soluciones para los mismos. Al ser aulas donde se trabaja tanto de manera individual como colectiva, se generan herramientas de comunicación y colaboración, así como el conjunto de habilidades “del siglo XXI”.

Otro de los beneficios es el desarrollo de una mentalidad creativa como uno de los resultados clave de participar en este tipo de proyectos y comunidades.
Según un artículo de Louisa Rosenheck, directora Asociada y líder Creativa del MIT Playful Journey Lab, publicado en el Observatorio del Tec de Monterrey, dependiendo del enfoque que se le de a las aulas maker, y las asignaturas que busquen trabajarse será el combo de habilidades que se generen o fortalezcan en los alumnos.
Por un lado, si con los makerspaces se exploran las ciencias sociales, humanidades y artes, se tendrán habilidades como iniciativa e intencionalidad, resolución de problemas y pensamiento crítico, comprensión conceptual, creatividad y autoexpresión, así como compromiso social y emocional.

Por el otro lado, si se ocupan estos espacios para las asignaturas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), se fortalecerá la indagación, construcción, búsqueda y compartir recursos, evaluaciones, expresar una intención, desarrollar fluidez y la simplificación de algo más complejo.
Implementación Efectiva en Clase
Para llevar estos espacios a las escuelas de América Latina se necesitan al menos tres herramientas indispensables para lograrlo con éxito.
El primer requisito para comenzar a aplicar estas metodologías es la formación docente. Es esencial capacitar a los profesores para que utilicen efectivamente los recursos disponibles en las aulas maker. La formación debe incluir tanto habilidades técnicas como estrategias pedagógicas que fomenten el aprendizaje experiencial y nuevos métodos de evaluación que permitan reconocer los nuevos conocimientos adquiridos.

Por otro lado, la integración de actividades maker en los planes académicos requiere una cuidadosa planificación. Debe haber coherencia entre las actividades maker y los objetivos educativos, asegurando que estas experiencias enriquezcan el contenido académico.
Finalmente, la gestión del tiempo es un desafío crucial. Las actividades maker pueden ser intensivas en tiempo, y los docentes deben equilibrar la implementación de proyectos prácticos con la cobertura de contenido teórico.
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