
Augusto Salvatto es un referente que se mueve con comodidad en la intersección que se da entre tecnología, innovación y economía del conocimiento. Consultor especializado que trabaja con startups, coordina además los programas de inteligencia artificial en la escuela de educación ejecutiva de la Universidad de San Andrés. Se adentró en la complejidad de estos tiempos inciertos y cambiantes con el libro La Batalla del Futuro (2021), en el que analizó cómo la tecnología puede impulsar el crecimiento de la región, y luego reflexionó en el cambio de mindset que necesita Argentina para salir adelante en País de mierda: ideas y reflexiones sobre el mejor país del mundo (2023).
Observador perspicaz de los cambios que la tecnología produce en la relación del trabajo y la producción, es, además, uno de los profesores del curso de “Tecnologías emergentes” que es coorganizado por Ticmas y la Universidad de San Andrés.
En esta entrevista, Augusto Salvatto habla de cómo la tecnología y la economía del conocimiento promueven un cambio de época.
—El avance tecnológico está generando cambios muy acelerados: ¿Cómo podemos transitar estos tiempos inciertos?
—Los seres humanos tenemos una tendencia a buscar la certidumbre y la estabilidad. No nos sentimos cómodos en contextos de transformación permanente. Y, sin embargo, esa es la realidad que nos toca enfrentar hoy. Por eso es normal que existan fuertes resistencias al cambio, y una sensación de malestar ante un contexto tan cambiante. Dicho esto, es necesario que empecemos a incorporar nuevas habilidades que pueden en principio sonar contraintuitivas pero que son las que nos van a ayudar a surfear estos tiempos de incertidumbre, y prepararnos para una forma distinta de hacer las cosas.
—¿Cómo cuáles?
—La capacidad de desaprender es casi tan importante como la de aprender permanentemente. Muchas veces, los contextos se transforman pero a nosotros nos cuesta desapegarnos de aquellos conceptos o ideas que nos dieron resultado en el pasado o que nos enseñaron cuando éramos pequeños. Por otro lado, la amplitud es una cualidad fundamental: en un mundo ultra especializado, la habilidad de ver los problemas de forma integral, como parte de un todo es cada vez más necesaria. Por último, el aprendizaje contínuo y con propósito complementa esta tríada de habilidades fundamentales para los trabajos del futuro que debemos empezar a incorporar en el presente.
—¿Cómo se pueden combinar la tecnología y la innovación con el aprendizaje contínuo que recién mencionabas?
—Las estructuras mismas del sistema educativo se están transformando profundamente. Hoy los seres humanos estamos expuestos a una serie de estímulos audiovisuales de forma permanente en la palma de nuestra mano que nos cambian rotundamente la manera de consumir contenido, entre ellos, el contenido educativo. Por otro lado, cuando entramos a una plataforma para escuchar música, ver una película, o a ver las noticias, recibimos contenido personalizado y pensado específicamente para nosotros. Y, como si todo esto fuera poco, la primacía de lo audiovisual y efímero sobre lo escrito y extenso es evidente. En este contexto los seres humanos tenemos que aprender cada vez más cosas, y para hacerlo necesitamos métodos nuevos. Esto no significa linealmente digitalizar la educación o abrazar sin cuestionar la idea de que nuestra capacidad de atención es cada vez más limitada, sino más bien pensar caminos alternaivos para aprovechar la tecnología sin que ésta se aproveche de nosotros. El único camino para hacerlo es el conocimiento.
—¿Qué consecuencias tiene sobre las personas el uso cada vez más frecuente de la tecnología?
—Hoy los seres humanos hemos aumentado exponencialmente nuestra exposición a las computadoras y los teléfonos móviles de una forma irresponsable. Esto quiere decir que interactuamos permanentemente con redes sociales y nos exponemos a pantallas sin que nadie nos haya enseñado a usarlo de manera responsable para con nosotros mismos y con el resto. Esto coincide con un aumento generalizado, especialmente en generaciones más jóvenes del estrés, la ansiedad, la depresión y una sensación de malestar. Por eso, resulta fundamental y urgente que en un corto plazo se empiece a trabajar desde las escuelas, las organizaciones y distintos tipos de instituciones en programas de bienestar digital y digitalización responsable.
—¿Cuál es el potencial de la economía del conocimiento en Argentina?
—La industria del conocimiento tiene el potencial de transformar radicalmente la matriz productiva de Argentina. Ésta industria tiene la particularidad de que es transversal a todas las otras, y por eso permite dinamizar actividades tan disímiles como la agricultura y la salud. De hecho, eso está sucediendo hoy en día, desde hospitales que implementan algoritmos predictivos para predecir la demanda de camas de terapia intensiva, o para identificar anomalías en imágenes médicas hasta el uso de visión artificial para aplicar de forma más eficiente y sustentable los agroquímicos. En Argentina, la biotecnología y el campo de la agrifoodtech tienen un potencial enorme de desarrollo. Esta industria tiene la ventaja además de que favorece la descentralización y el federalismo, genera puestos de trabajo registrados y de salarios altos y tiene gran potencialidad para generar divisas vía exportaciones. Durante todo éste año recorrimos Argentina visitando emprendedores, empresas dedicadas a la industria del conocimiento y es realmente impactante ver las cosas que se están haciendo en nuestro país en términos de innovación. La Argentina del futuro es necesariamente una Argentina que apuesta por la economía del conocimiento como eje fundamental de su matriz productiva.
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