ESI para principiantes: una charla con Eleonor Faur para saber qué es la educación sexual integral

La especialista en relaciones de género, familias y políticas públicas participó en un encuentro organizado por Ticmas en donde habló con padres y docentes para contestar las preguntas más frecuentes que se dan en relación con la educación sexual integral

(Paula Blaconá
(Paula Blaconá

Desde hace quince años, la ESI es una realidad en las escuelas de la Argentina, pero aún hay una serie de cuestiones en torno a la Educación Sexual Integral que necesitan ser dialogados, debatidos, revisados. Hay mitos y falsedades, hay “verdades” que no se explican, hay dudas y desconocimientos.

Con la intención de aportar a la conversación, la solución educativa Ticmas invitó a Eleonor Faur a compartir un encuentro con padres y docentes para abordar los interrogantes más frecuentes sobre la ESI. Faur es doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y se dedica a la investigación sobre relaciones de género, familias y políticas públicas.

A través de una videoconferencia donde se sumaron muchísimas personas de todo el país y de países vecinos, Faur habló de la Ley de ESI, el lenguaje inclusivo, la diferencia entre educación sexual y educación sexual inclusiva, la ley de interrupción voluntaria del embarazo, etc.

¿Por qué hay una ley de ESI?

—Antes de que existiera la ley, yo solía decir que la ESI era un derecho porque había un marco jurídico sobre los derechos humanos, la convención de los derechos del niño, la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres. Es un robusto marco jurídico que instala que los niños, las niñas tienen derecho a recibir información que les permita fortalecer su autonomía, su salud, su igualdad entre géneros. ¿Por qué hizo falta una ley? Para pasar de esa interpretación del marco jurídico a políticas públicas concretas. Cuando hay temas relativamente controvertidos y hay muchas posiciones en conflicto, es bueno que una norma jurídica nacional la instale como un derecho de todos los estudiantes que se educan en nuestro país.

¿Qué se les puede decir a los padres y madres que están en desacuerdo con la ley?

—La ESI trabaja para construir una ciudadanía más plena, para defender los derechos de esos chicos y esas chicas. Para que sufran menos abusos, menos violencia, y tengan más recursos para la vida. El sistema educativo toma decisiones sobre qué es lo que se va a enseñar en las escuelas: los papás y las mamás no tenemos potestad para opinar sobre qué se va a enseñar en Matemáticas, Geografía e Historia. Durante muchísimo tiempo, la escuela dejó temas muy importantes afuera de la currícula explícita, pero no del currículum oculto. Y si la escuela no hace nada en relación con la educación sexual integral, también está haciendo algo. Yo les diría a esos padres y a esas madres que se acerquen, que pregunten, que se informen. Que la escuela desarrolle educación sexual no atenta contra lo que hace la familia. Simplemente complementa con la mirada científica, con la mirada sistemática, con los docentes que se van especializando.

La discusión sobre ESI siempre parece estar más cerca de la cuestión de los valores que de lo científico. ¿De qué forma la ciencia acompaña a la educación sexual integral?

—Es buenísima la pregunta porque es como que si se diera la contraposición entre valores y ciencia, ¿no? La ciencia acompaña desde el saber científico. A nivel de las ciencias naturales y las ciencias de la salud, acompaña con evidencia en relación a cómo funciona nuestro sistema reproductivo, cómo podemos cuidar el cuerpo y las emociones. Pero también las ciencias sociales dan muchísima evidencia acerca de cómo operan las desigualdades de género en la sociedad. La ESI aporta una suerte de superposición de muchas ciencias. Son muchas las disciplinas que se ponen en juego.

Recién te preguntaba por los padres, pero ¿cómo se habla con los profesores que no están de acuerdo con la ESI?

—Yo quisiera distinguir entre los anti-ESI y la gente que no está segura o que tiene ciertos temores. No es exactamente el mismo campo. Hay algunos que están muy en contra, que tienen un bagaje más ideológico que científico, pero es un sector pequeñísimo muy difícil de convencer. La mayoría de la gente, profes, madres, padres que tienen dudas no participa de ese sector. No todas las resistencias con la ESI son de tipo moral o valorativo. Lo primero para decirle a toda esa gente es que la ESI es una ley y, por lo tanto, es una obligación. Es una responsabilidad de las y los docentes. El trabajo es ir construyendo esas capacidades para que cada vez se sientan más preparados y más preparadas. Hay que conocer los lineamientos curriculares. Los docentes que se acercan a los materiales ya producidos, se tranquilizan muchísimo porque se dan cuenta que no tienen que ir al día siguiente con un pene de madera al aula. Hay lineamientos muy claros para nivel inicial, y hay otros para primaria y otros para secundaria.

¿Dónde se puede formar uno en la ESI?

—Cada vez hay más diplomaturas en el país. Hay una en la Facultad de Filosofía y Letras, hay una en la UNSAM. En la ciudad de Buenos Aires está la Escuela de Maestros. Hay muchos cursos; a mis cursos vienen muchos docentes. Hay cursos con temas de género, de infancia, de derechos. Los docentes y las docentes que se acercan a la ESI casi siempre están buscando capacitarse un poco más. Yo creo que es importante empezar por temas de formación en género porque lo que hemos visto es que los contenidos de género, de alguna forma, traccionan la integralidad. Si uno hace contenidos del cuidado del cuerpo y de la salud, no necesariamente va a arrastrar otro tipo de contenido, pero cuando empieza con el género va a trabajar cuidado del cuerpo y de la salud, va a trabajar derechos humanos.

¿Cómo convive la ESI con el lenguaje inclusivo?

—Respecto al lenguaje inclusivo hay una cantidad de argumentaciones válidas en relación con que la lengua es una construcción social, histórica y que no fue que el diccionario de la RAE bajó del Cielo. Esa construcción se dio en un mundo fuertemente androcéntrico, donde los lugares de poder y decisión estaban —y siguen estando, pero antes muchísimo más— ocupados por varones. Entonces, por ejemplo, se generalizó que el plural es masculino. Y cuando desde los feminismos se empezó a hacer visible que ese lenguaje tenía sesgos sexistas, empezamos a incluir a las mujeres. Hoy ya es bastante común decir “todos y todas”. Lo que resulta más difícil de incorporar y aceptar y genera resistencias es el famoso uso de la e o de la x: incluir esa otredad, que no es solamente varones y mujeres, sino de lo que llamamos no binario. Es verdad que es un neologismo, es verdad que es algo en construcción y que todavía no está rigurosamente aprobado. Creo que es importante entender las razones por las cuales se habla en lenguaje inclusivo, pero incluso si uno se siente incómodo con esa forma del lenguaje se puede trabajar en muchas cuestiones de ESI. No es un obstáculo. Pero si porque nos incomoda el lenguaje inclusivo tiramos toda la ESI es como el famoso dicho de tirar al bebé con el agua de la tina.

Durante el tiempo en que se debatió la ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo, había profesores que podían opinar en contra y abrir el debate en el aula. Pero ahora hay una ley. Entonces, cómo se puede abrir un debate cuando, por ser una ley, hay que respetarla.

—El diálogo siempre se puede sostener. Lo que desde mi perspectiva no forma parte de la ESI es sentar opinión sobre las cuestiones. No tiene ninguna importancia si estás a favor o en contra de la interrupción voluntaria del embarazo: es una ley y hay que cumplirla. Como ciudadanos, todos queremos que se cumplan las leyes. La discusión se puede dar. Es importante abrir espacios de conversación. Es importante escuchar a los chicos y a las chicas, y es importante ofrecer los debates y los contenidos científicos en relación con las cuestiones. Ese es el papel de los docentes frente a la ESI, más que sentar nuestra opinión.

Hace unos días circuló por redes sociales la portada de un libro de educación sexual de mediados de los 80 y muchos de los comentarios que provocó ese posteo fueron negativos. ¿Cómo sabemos que lo que decimos hoy no va a ser puesto en cuestión en cuarenta años?

—Estoy muy segura de que los contenidos de ahora son más integrales. Aquel libro y lo que veíamos en otros materiales de esa época era educación sexual, pero no era integral. Se veía una sola arista de la sexualidad; a veces moralizante, a veces solamente la parte biológica. Cuando hablamos de integralidad, hablamos de derechos, de igualdad entre los géneros, de respeto y de celebración de la diversidad, estamos hablando de componentes que son absolutamente parte de las vidas y del contexto vital que atravesamos ahora. De este contexto social, político. Hay muchas cosas en las que creo que vamos por caminos más acertados. Pero todo lo que sucede en el campo de los derechos va a seguir ampliándose. La ESI de hoy no es igual a la que era en 2006, cuando se sancionó la ley, ni en 2008 cuando se aprobaron los lineamientos curriculares. Porque desde 2008 hasta ahora hubo un montón de otros avances legales que introdujeron otros contenidos a la ESI en las escuelas. Vamos a seguir avanzando, pero para atrás ojalá que ya no porque no vivíamos en un mundo tan perfecto.

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