
En 1658, Amos Comenio publicó su libro para niños, Orbis sensualium pictus. Esta publicación le tomó veinticinco años para “que todo se presente a cuantos sentidos sea posible”. Era una especie de enciclopedia y se lo considera el primer libro ilustrado de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Presentaba viñetas y, en cada una, imágenes, palabras y explicaciones en dos columnas (latín y lengua vernácula). Se utilizó hasta mediados del siglo XIX.
Hoy, en tiempos de pandemia, los docentes del área de Ciencias Sociales se han convertido en “grandes Comenius” pensando en el diseño y curaduría de materiales didácticos que favorezcan la motivación, el uso de herramientas técnico-pedagógicas y la intencionalidad de que cada alumna y alumno aprendan.
Proponer estrategias pedagógicas e innovadoras para el aprendizaje de las ciencias sociales en el aula y fuera de ella constituye un reto para los docentes del área. Francisco Cajiao resalta que el objetivo de la enseñanza de las ciencias sociales es lograr que la persona sea capaz de hacer una reflexión comprensiva acerca de su acontecer individual, inmerso en su entorno social, resultado de un proceso histórico a lo largo del cual los grupos humanos han construido formas de organizarse, relacionarse, ubicarse, amarse, defenderse, expresarse, producir e interpretar la realidad.
La virtualidad, la presencialidad cuidada y el aprendizaje combinado aceleraron el proceso para que los estudiantes se enfrenten a nuevos escenarios compartiendo dispositivos --o no teniendo que compartir--, estando pendientes de una buena red de internet o seguir registrando en hojas en papel. Otros reciben materiales en sus dispositivos sentados en sus sillones favoritos, mientras toman su gaseosa preferida o realizan otras actividades interactivas a la vez que dejan de lado la representación del estudiante en su escritorio con su libro, anotador y lápiz.

Las nuevas corrientes nos atraviesan pensando en diseños de materiales didácticos y enfoques de acceso y de inclusión como el de Howard Gardner o el Diseño universal de aprendizaje. Cada material debe representar un formato especial que nos conduzca a una narrativa específica, a una hoja de ruta que guíe a los estudiantes a su camino de aprendizaje. Y, de este modo, distribuya los esfuerzos en el trabajo colaborativo y en el aprendizaje activo, es decir, como respuesta a las oportunidades de aprendizaje que diseñan sus docentes.
El acceso estético o sensorial se motiva a través del cuidado en el formato evitando barreras físicas, actitudinales, para el aprendizaje, para la participación de todos y el lenguaje discriminador o etiquetador. Y, fundamentalmente, el acceso a experiencias tipo hands on. ¿Podemos inaugurar este tipo de experiencias en Ciencias Sociales? La respuesta es un gran sí. Inauguremos materiales didácticos que permitan generar nuevas manifestaciones con fotografías, videotecas o audiotecas, contar ideas en una charla o un debate, elegir nuevos caminos con simulaciones y mapas interactivos, reflexionar con un podcast, investigar o armar juegos para otros que quieren jugar. Hagamos poesía en muros digitales, recitemos poemas grabando nuestras voces, pintemos poesía visual en una pantalla o en una hoja.
Tal vez no sean enciclopedias como Orbis Pictus pero sí son grandes obras que permiten que los estudiantes fortalezcan sus habilidades comunicando de diferentes formas, investigando distintas temáticas, cuestionando con pensamiento crítico y reflexivo, permitiéndose desarrollar su autonomía y principalmente, trabajando en forma autónoma. También son grandes obras porque se presentan para que todo se presente a cuantos sentidos sea posible” y aprendamos a aprender juntos y cuidados.
María Laura Videla es profesora en Historia, licenciada en Historia, licenciada en Educación, especialista en Enseñanza de las Ciencias Sociales e Historia (FLACSO) y maestranda en Tecnología educativa.
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