Pablo Domenichini, nuevo secretario de políticas universitarias (Santiago Saferstein)
Pablo Domenichini, nuevo secretario de políticas universitarias (Santiago Saferstein)

Son días movidos para Pablo Domenichini. El próximo miércoles asumirá como secretario general de la Unión Cívica Radical bonaerense. Sucederá tan solo dos semanas después de haber sido designado como el nuevo secretario de políticas universitarias, un cargo de especial relevancia. Sobre todo, por el momento: asume después del extenso conflicto salarial que el Gobierno sostuvo este año con los gremios docentes del sector.

—¿Cuáles son los principales desafíos en el nuevo cargo?

—Yo vengo siendo parte de la estructura de la secretaría desde diciembre del 2015. Hay una continuidad de gestión, de las acciones que venimos llevando adelante. Los desafíos más importantes pasan por llevar un diálogo cercano y fructífero con las entidades gremiales, tanto el sector no docente como el sector docente para iniciar el año con las cláusulas de revisión y los cierres de las actas de negociación salarial que pudimos firmar este año. Además de obviamente abrir la discusión paritaria del año siguiente.

—Hay un pedido de los gremios de adelantar la cláusula de revisión. ¿Se analiza esa posibilidad?

—Nosotros tenemos un acta firmada que tiene una cláusula de revisión pautada para cuando conozcamos el índice de inflación de diciembre. Con lo cual, la reunión paritaria se va a dar durante enero, seguramente la segunda quincena. Pero lo que vamos a hacer es convocarlos la semana que viene a una mesa técnica de análisis, que no es un adelantamiento de la cláusula.

— ¿Para el año que viene esperan un año tan conflictivo como lo fue 2018?

—Esperamos poder llegar a un acuerdo con menos conflicto. En el ámbito del gremio de los no docentes este año eso fue posible. Transcurrimos todo el año sin un solo día de paro, pero sí tuvimos un conflicto extenso con la gremial docente. Esperamos el año que viene poder dialogar y resolverlo con anterioridad a que haya medidas de fuerza. Entendemos que están dadas las condiciones. Vuelvo a decir que tenemos un buen presupuesto. También está claro que vamos a tener que trabajar mucho en conjunto con ellos dado que los índices de inflación que se han acumulado son significativos. Pero creemos que va a ser un año menos conflicto que este.

— Va a ser un año electoral, ¿eso no va a influir?

— Sin lugar a dudas. Va a ser un año electoral, eso influye. Nosotros vamos a buscar dar las respuestas necesarias como lo venimos haciendo. En estos tres años hemos construido siempre buenos presupuestos para el sistema universitario. Cuando uno mira los números objetivos estuvimos en términos porcentuales muy cerca de lo que pide el Consejo Interuniversitario Nacional. Es un buen presupuesto que le permite a las universidades desarrollar y llevar adelante todas las acciones que vienen realizando.

-¿Cómo se articulan políticas con un sistema tan heterogéneo?

-Nosotros tenemos dos ejes como conceptos de gestión desde que asumimos que tienen que ver con entender que tenemos un sistema universitario con muchas fortalezas, con cincuenta y siete universidades nacionales muy distintas entre sí. Algunas que tienen más de 400 años como la Universidad de Córdoba, otras que están prontas a cumplir 100 como la Universidad Nacional del Litoral y otras obviamente de reciente creación como muchas de las del Conurbano bonaerense. En esa heterogeneidad está el desafío de una planificación estratégica. Cómo el sistema universitario aporta al desarrollo de las regiones y obviamente al desarrollo necesario del país. El otro concepto es el de la coordinación. Tenemos instituciones fuertes, con capacidades, pero que dialogan muy poco entre sí y mucho menos con los demás niveles de educación en función de generar posibilidades de mayor movilidad y de mayores opciones en términos de titulaciones. Hemos realizado todo un trabajo de diagnóstico de un mapa de cuáles son las titulaciones que existen en el sistema universitario y cuáles son las áreas de vacancia donde se necesitan profesionales.

—¿Las universidades están escuchando los pedidos de readecuar la oferta académica en base a los intereses productivos del país?

—Creemos que hay mucho por hacer, pero sí estamos trabajando en conjunto con el sistema. Cuando las universidades quieren abrir nuevas titulaciones y requiere financiamiento de la secretaria, hoy es condición que esté dentro de las áreas de vacancia.

—¿Ya no están abriendo más carreras que se repitan en otra universidad?

—Exacto. La universidad en el marco de su autonomía lo puede hacer con presupuesto propio, pero lo cierto es que esto es más difícil que suceda.

— ¿Y la matrícula? ¿Los estudiantes responden a esos incentivos?

—Al mapa de áreas de vacancia lo acompañamos con la reformulación de las becas Progresar, poniendo estímulos positivos a aquellos jóvenes que eligen las carreras que son necesarias para el desarrollo estratégico del país. También armamos un esquema de reconocimiento de trayectos formativos que creemos que tiene que profundizarse porque no solo tiene que dar respuesta a la posibilidad de que un joven pueda tener movilidad de una institución a la otra. Es bastante llamativo que un joven que quiera cambiar de universidad para cursar la misma carrera tenga que hacer un sinfín de trámites burocráticos y seguramente le sea más fácil arrancar de cero.

— Hay una idea de que las carreras son demasiado largas y que los chicos no llegan a recibirse a tiempo y a veces ni siquiera fuera de ese período ¿Se apunta a reducir el tiempo teórico de cada carrera?

-Los indicadores de ingreso, avance y egreso no son buenos y hay mucho que trabajar en ellos. Una de las cuestiones es que tenemos carreras rígidas, muy largas que además no cuentan con acreditaciones de saberes intermedios que le permitan al joven obtener una salida laboral anterior o desde esa acreditación del saber terminar y continuar otra carrera. Una respuesta pueden ser los títulos intermedios. Otra respuesta es lo que está realizando la Universidad Nacional de Córdoba que está dando certificados de bachillerato universitario en los dos primeros años de toda la base de titulaciones académicas. Y en la dinámica de generación de conocimiento el mundo está yendo hacia carreras más cortas en las que el saber se actualiza permanentemente, con lo cual el proceso de aprendizaje hoy debe ser una constante.

—¿Cómo se conecta la autonomía universitaria que tiene cada institución con la necesidad de diagramar políticas en el sistema?

—Nosotros venimos teniendo un diálogo muy directo con los rectores y consensuando políticas con ellos. De hecho, en estos días tuve reuniones con la gran mayoría. Nosotros somos defensores de la autonomía. Lo que marcamos es que esa autonomía tiene que ejercerse con responsabilidad en función de que quienes permiten generar el presupuesto universitario son todos los ciudadanos cada vez que pagan sus impuestos. Entonces obviamente debe haber una rendición de cuentas en términos sociales de lo que se genera dentro de cada institución. Pero eso para nada es contrario a la autonomía, sino que es complementario.

—Con su pasado en la política universitaria, ¿cómo observa hoy a la dirigencia estudiantil?

—El movimiento estudiantil argentino es singular en el mundo. Justo hoy vengo a la mañana de estar en la Universidad Nacional de Entre Ríos y en la Universidad Nacional del Litoral y cuando entraba estaban varias agrupaciones militando. Justo había exámenes y alguna elección debería haber porque había grupos nutridos de militantes. Con los rectores que entrábamos comentábamos esto, que esto no pasa en ningún lugar del mundo.

— ¿Eso es bueno o malo?

— Para mí desde ya que es bueno. La participación estudiantil está dada en el marco de la conformación de nuestras instituciones, de los cogobiernos que terminan dándole la razón de ser a ese movimiento estudiantil. Sucede que la dirigencia tiene el desafío de interpretar las reivindicaciones de la época. A mí me tocó ser presidente de la FUA y es evidente que se vienen repitiendo consignas y bregando por algunos valores que están muy bien, pero la generación del conocimiento va a un ritmo vertiginoso que no conocíamos antes. Hay nuevas modalidades de enseñanza, que los estudiantes reclaman y necesitan soluciones. El desafío del movimiento estudiantil es interpretar esos reclamos y defenderlos.

—Teniendo en cuenta que el miércoles asumirá como secretario general de la UCR bonaerense, ¿cómo analizá la última tensión entre el radicalismo y los aliados del PRO en Cambiemos?

—Está claro que Cambiemos es una coalición que fue exitosa en términos electorales a poco tiempo de conformarse. Es sano que podamos debatir, que podamos generar aquellas instancias en las que opinemos distinto para entender cuál es el mejor rumbo que tiene que tomar la gestión de gobierno. Evidentemente hay particularidades que claramente no se manejaron bien, que llevaron al enojo público que se expresó en el comunicado. Pero también hay un montón de situaciones en las que el diálogo entre las distintas fuerzas de la coalición generan resultados positivos, que obviamente no son noticia porque justamente se resuelven con anterioridad. Como lo expresó en estos días el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. Hay una situación particular y hay que seguir trabajando en la consolidación de Cambiemos y en el aporte que el radicalismo hace a la coalición.

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