
La multinacional Unilever cerró su planta de vegetales deshidratados ubicada en la localidad de Guaymallén, en la provincia de Mendoza, y desvinculó a los 60 trabajadores que allí se desempeñaban. La decisión, comunicó la compañía que tiene más de 100 años de presencia en el país, responde a un fuerte cambio de hábitos de consumo, así como también a la búsqueda de mejoras en la eficiencia de la empresa.
La instalación era la responsable de producir los insumos que abastecían a Knorr, una de las marcas más reconocidas del portafolio de la multinacional. Según comentaron fuentes con conocimiento de las negociaciones a Infobae, el proceso de desvinculación con los trabajadores de la planta se desarrolló de forma ordenada y se abonaron las indemnizaciones. No hubo disputas gremiales ni judiciales.
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La búsqueda de un negocio más rentable
La planta procesaba alrededor de 3.500 toneladas de vegetales que luego se incorporaban a productos como las sopas en sobre, categoría que durante décadas fue uno de los pilares del negocio de Knorr en la Argentina. Pero ese modelo lleva años bajo presión. El resto del insumo se terminaba de procesar en la planta de alimentos que la firma tiene en Pilar, Buenos Aires, donde se producen los caldos en cubo, sopas y paquetes de vegetales deshidratados de la marca. Según pudo saber Infobae, la materia prima que Unilever dejará de procesar en Mendoza será adquirida a proveedores externos, una decisión vinculada con la caída en los volúmenes que otrora justificaban la producción propia en un segmento que viene perdiendo peso dentro del portafolio de la compañía.
Según explicaron fuentes de Unilever, las sopas son un producto con un patrón de consumo marcadamente estacional: su demanda se concentra en los meses de invierno y cae de forma pronunciada el resto del año. Esa dependencia del calendario climático hace que la infraestructura necesaria para producirlas genere costos fijos difíciles de justificar frente al retorno que generan.
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En su comunicado oficial, la empresa describió el cierre como parte de “la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente del modelo operativo para seguir fortaleciendo la competitividad y adaptarse a los cambios que atraviesan los hábitos de consumo y la industria de alimentos a nivel global”. La compañía subrayó que la discontinuación del proceso de deshidratación en Guaymallén no afecta las operaciones de Unilever en Argentina ni la continuidad comercial de Knorr en el país.

El trasfondo de la decisión es un reposicionamiento de la marca hacia categorías de consumo anual. Fuentes de la empresa señalaron que los consumidores priorizan cada vez más la practicidad y la versatilidad en sus elecciones alimentarias: buscan productos que puedan incorporar a su dieta durante todo el año, sin atarse a temporadas ni a preparaciones que demanden tiempo.
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En ese marco, recientemente, Knorr amplió su portafolio con lanzamientos como pastas, risottos y ramen —popular plato de sopa japonesa—, entre otros productos que, a diferencia de las sopas tradicionales, tienen rotación durante los 12 meses del año.
La reorientación del negocio implica también una revisión de la cadena productiva. Mantener una planta dedicada exclusivamente a la deshidratación de vegetales para abastecer una categoría en retroceso dejó de ser viable dentro del esquema de eficiencias que la multinacional busca consolidar. Según las mismas fuentes, la búsqueda de un modelo operativo más ágil fue uno de los factores centrales que llevaron al cierre de la instalación mendocina.
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Unilever opera en Argentina desde hace más de un siglo. En su comunicado, reafirmó su compromiso con el mercado local y señaló que continuará con sus actividades en el país, con foco en construir “un negocio cada vez más ágil, competitivo y preparado para crecer de manera sostenible”. La marca Knorr, aclaró la compañía, seguirá desarrollando y comercializando sus productos en el territorio nacional.
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