Fantome Group, empresa textil ubicada en el barrio porteño de Villa Devoto que llegó a fabricar prendas para marcas como Reebok, Cheeky, Kappa y Kevingston, entró en concurso preventivo ante una “competencia diabólica” proveniente de las importaciones. La firma ingresó en el proceso judicial para reestructurar su deuda, y, así, asegurar su continuidad operativa.
La textil, que solicitó la apertura de esta herramienta en febrero de este año, y que logró la apertura de su concurso a inicios de marzo, enfrenta una situación financiera delicada. Según los registros oficiales del Banco Central, Fantome acumula 33 cheques rechazados por un valor total de $44.978.000, todos ellos sin fondos, consecuencia de la crisis de liquidez y la retracción de la actividad, según figura en los expedientes judiciales.
La empresa fue creada en 2017 y opera, desde 2018, con una planta en la Ciudad de Buenos Aires. Su modelo inicial abarcó desde el diseño hasta la distribución final de indumentaria, que en sus mejores años llegó a tener hasta 120 empleados. Fantome también producía para etiquetas como Billabong, Mimo y Kosiuko, marcas que le aseguraron durante los primeros años un flujo estable de producción.
Sin embargo, el punto crítico se originó en 2020, cuando Kevingston—su cliente de mayor peso—reemplazó la fabricación local por importaciones directas. Según consta en la presentación judicial de la compañía, “al tratarse del cliente que representaba casi la totalidad del flujo de trabajo, su salida significó un quiebre estructural”. Posteriormente, otras marcas replicaron la estrategia de importar, lo que precipitó la caída del volumen de producción nacional y agravó la crisis interna.
Fantome Group logró extender su actividad entre 2022 y 2025 gracias a su relación contractual con Distrinando S.A., licenciataria local de Kappa y Reebok, mediante la provisión de indumentaria deportiva y equipamiento de clubes. No obstante, en 2025 se canceló ese contrato, dejando a la compañía sin fuentes de ingresos significativas y profundizando el desequilibrio.
La empresa detalló en su presentación que “el concurso preventivo constituye la única vía para preservar la actividad y garantizar una reorganización ordenada” tras haber perdido prácticamente todo su volumen original de trabajo y de personal en medio del avance de la competencia importada.
Crisis textil
De acuerdo con la exposición que presentó ante la Justicia, la firma argumenta que la industria textil en la Argentina enfrentó una “competencia diabólica” incentivada por la apertura comercial y la imposibilidad de igualar los precios de los productos importados.
Fantome Group atribuyó parte del deterioro a la existencia de “muchos actores que comercializan por debajo de sus costos con el solo objeto de mantenerse en el mercado”, en un contexto de marcada caída del consumo interno, único destino de su producción.
La firma también señaló la suba sostenida de costos en insumos, energía y salarios, además de la presión tributaria elevada y la falta de políticas para prevenir el dumping como agravantes de la crisis. Sobre la dificultad financiera, la compañía sostuvo: “Una empresa pequeña no soporta ese incremento de tasas ni la exigencia de cancelar líneas de crédito en esas condiciones”.
El 14 de julio del año pasado, la Justicia estableció dos embargos por más de $130 millones en cuentas bancarias de la empresa, montos que no pudieron ser cubiertos y que derivaron en la cesación de pagos reconocida en la presentación judicial ante el pedido de concurso.
En paralelo a la crisis, Fantome Group intentó reconvertirse mediante el lanzamiento de una marca propia, la apertura de un local minorista en Belgrano y la creación de una unidad de bordado y estampado, que representa actualmente la principal fuente de ingresos restante. Estos esfuerzos, no obstante, no lograron compensar el derrumbe del negocio mayorista ni revertir la tendencia descendente del empleo: hoy la compañía sostiene apenas 20 empleados activos, según la documentación judicial.
El caso de Fantome resume la crisis del sector textil. Un relevamiento de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), develó que ocho de cada 10 empresas identifican hoy la falta de demanda como su principal problema, un diagnóstico que se repite por tercer año consecutivo y refleja la fuerte dependencia del consumo interno.
En paralelo, las ventas cayeron 8,4% interanual en el primer bimestre y acumulan retrocesos en 12 de los últimos 13 relevamientos. La caída es generalizada: el 63% de las empresas reportó bajas en su facturación, mientras que solo tres de cada diez lograron mejoras. Con menor ingreso y stock acumulado —que ya afecta a la mitad de las firmas—, la presión financiera se intensificó y hoy ocho de cada 10 compañías del sector enfrentan dificultades para sostener su operatoria.
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