
Aunque es muy temprano para colegir el desenlace que tendrá en Venezuela y en el mundo la operación militar decidida por el gobierno de Donald Trump para capturar a Nicolás Maduro, “extraerlo” de su país, llevarlo a Nueva York y juzgarlo allí por “conspiración narcoterrorista”, un aspecto que los analistas económicos internacionales deben empezar a revisar es qué ocurrirá en el mercado petrolero y energético global y qué consecuencias acarrerará a la economía mundial.
Según el más reciente reporte anual de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con poco más de 303.000 millones de barriles Venezuela detenta las mayores reservas mundiales de crudo. Le siguen Arabia Saudita (267.200 millones de barriles), Irán (208.600 millones), Canadá (163.000) e Irak (145.019). El top 10 lo completan, como muestra el gráfico adjunto, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Rusia, Libia y Estados Unidos.
El dato central es que los primeros cuatro países detentan más de la mitad de las reservas mundiales de petróleo, que pese a todo lo que se dice y proyecta de la llamada “transición energética”, aún abastece casi 70% de la demanda mundial de energía, algo que pesa -y mucho- en el tablero global.
Los países con mayores reservas tienen la capacidad o al menos el potencial de ejercer influencia global. Las reservas certificadas de Venezuela, dice el informe de la OPEP, incluyen tanto los recursos convencionales como no convencionales, pero es obvio que el régimen que hasta ahora lideraba Maduro no convirtió esos recursos en prosperidad para su pueblo, en primer lugar por las políticas insensatas que el chavismo aplicó durante casi veinte años y luego, con la capacidad productiva ya dañada y muy disminuida, por las sanciones que le impuso EEUU, que durante el actual gobierno de Trump llegó incluso a la confiscación de cargamentos de crudo venezolano.
Como puede verse en el gráfico de arriba, de los países occidentales solo Canadá y EEUU figuran entre los primeros diez en materia de reservas petroleras. Los demás son Rusia, Libia, en el norte de África, y naciones del Golfo Pérsico, que no solo tienen abundantes reservas, sino también bajo costo de extracción, lo que les confiere cierta capacidad para actuar como árbitros en el mercado mundial.
Pero reservas no es igual a producción. Los 921.000 barriles diarios que en 2024 (último año para el que se cuenta con información completa) produjo Venezuela, probablemente sean superados en 2026 por la Argentina y están lejísimos de países con real peso productivo. Por caso, muy lejos de los 13,2 millones de barriles diarios que en 2024 produjo EEUU (principal productor y consumidor mundial), de los 9,1 millones de Rusia, de los 8,9 millones de Arabia, los 3,8millones de Irak, los 3,2 millones de Irán, e incluso bien por debajo de los 3,4 millones de Brasil, 1,5 millones de México y 1,2 millones de Canadá.
La descapitalización ocurrida bajo el régimen chavista ha sido mucho más dañina que las disrupciones comerciales que le infligió o puede aún infligirle EEUU. Por caso, el reporte anual de la OPEP precisa que Venezuela disponía en 2024 de apenas 3 rigs (plataformas) de producción petrolera. No solo menos que las 589 de EEUU, de las 162 de Canadá o de las 117 de Irán, sino incluso quince veces menos que las 45 que ese mismo año operaban en la Argentina.
Derrames petroleros
Lo importante, con todo, es en qué medida el resultado final de la acción que inició EEUU puede cambiar el escenario. Al respecto, vale tener en cuenta las previsiones de la Agencia Internacional de Energía (AIE), organización creada a fines de los setenta por iniciativa del entonces secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, para contrarrestar el poder de la OPEP, que en 1973 y 1979 había asestado dos “shocks petroleros” que desestabilizaron la economía mundial y, en particular, a las economías occidentales.
Los coletazos de esos episodios llevaron a EEUU a incurrir a una inflación anual de dos dígitos, jaquearon al entonces gobierno de Jimmy Carter, desembocaron en la presidencia de Ronald Reagan y, en el mundo en desarrollo, a través del reciclado de “petrodólares” por parte de la banca internacional, prohijaron el exceso de endeudamiento de decenas de países, incluidos varios de América Latina, y la crisis de deuda y posterior “década perdida” de la región. Como para recordar que los avatares petroleros tienen consecuencias.
Según el más reciente (noviembre de 2025) World Energy Outlook de la AIE entre 2015 y 2024, EEUU amplió su abastecimiento petrolero en 8 millones de barriles diarios, en exceso del aumento mundial de la demanda en ese período, lo que implicó una presión bajista de precios. Sin embargo, dice la agencia, satisfacer el futuro aumento de la demanda de petróleo —prevista hasta 2050 bajo las actuales políticas- requerirá varias fuentes de oferta, incluyendo productores bajo sanciones, como Rusia, Venezuela e Irán, y una mayor disposición de productores de bajo costo, en referencia a los países Golfo Pérsico.
Según el documento, en el recorrido hasta 2050 se espera que la producción de OPEP+ (agrupación que incluye a Venezuela) crezca desde 50 millones de barriles diarios en 2024 a 63 millones de barriles diarios, volumen que de alcanzarse sería 15 % mayor al máximo registro para ese conjunto de países en toda la historia del mercado petrolero.
En cuanto a países no OPEP, la previsión es que la producción crecerá en unos 4 millones de barriles diarios hasta 2035 —liderada por EEUU, Canadá, Guyana, Brasil y Argentina, cubriendo así el 75% del aumento mundial de la demanda en ese lapso. Pero la AIE prevé que después de 2035 el flujo decaiga otra vez hacia 2050 hasta los niveles actuales.
La producción de EEUU, al límite
EEUU, precisa, alcanzó en 2024 un nivel de producción histórica y sumará solo 0,8 millones de barriles adicionales a su producción hacia 2035, a fuerza de compensar con más y más perforaciones el declino de las formaciones geológicas “no convencionales” de crudo. Y después de 2035, dice, el volumen total disminuirá levemente, aunque EEUU mantendría su posición de primer productor mundial.
Allí es que la AIE describe el aporte de las Américas: Canadá aumentaría su producción de 6,1 a casi 7 millones de barriles diarios, que arrimará por oleoductos a EEUU, Guyana triplicaría su producción, de 600.000 barriles diarios actuales hasta 1,8 millones en 2035, Brasil pasaría de producir 3,5 a 4,5 millones de barriles diarios y la Argentina se haría ver en el escenario hemisférico y mundial llegando a producir 1,4 millones de barriles diarios hacia 2035 “impulsada por el desarrollo del petróleo no convencional en Vaca Muerta”, dice el informe.
En el caso de Rusia, Irán y Venezuela, los llamados “países bajo sanciones”, la proyección es de una “progresiva normalización”. Concretamente, la Agencia Internacional de Energía prevé que el suministro desde estas naciones se mantendrá estable hasta 2035 y después aumentará en 4 millones de barriles hacia 2050, alcanzando los 20 millones de barriles diarios. Es altamente improbable que esa previsión no incluya una revitalización de la producción venezolana.
De todos modos, la AIE aclara: “si las sanciones persisten, será indispensable que otros proveedores —incluyendo EEUU, Canadá, Brasil y productores relevantes de Oriente Medio— incrementen todavía más su aporte, lo que requeriría inversiones adicionales y precios más elevados".
Difícil de prever cómo terminará el nuevo juego, porque recién empieza.
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